martes, 22 de diciembre de 2015

UN CICLO MAS...y MUY IMPORTANTE

Cuando era muy chica, decía que iba a ser maestra. En aquellas épocas ser maestra era el pensamiento de la mayoría de las “nenas” . Ya entrada a la adolescencia, comencé a escribir mis primeros poemas, que para mí eran geniales, y supe que esa era uno de mis sueños: algún día poder tener un libro donde apareciera mi nombre. Aquel libro que releí tantas veces, "Mujercitas", me llevaba a querer parecerme a Josephine March.  Un sueño. Sueño que, parecía tan imposible como el de ser la cara visible de un noticiero o de un programa de tele un poco más adelante. Mis estudios de inglés empezaron a los ocho años, Siempre supe que eran el “adicional” de otra cosa importante que iba a ser. Recibida en la escuela secundaria como Perito Mercantil, jamás trabajé de eso, sino como secretaria y terminé mi labor en oficinas cuando nació mi hijo mayor, como secretaria bilingüe. No había dejado de lado la escritura, pero guardadita en un cajón, ahí, esperando que alguien la descubra.




Pasaron los años, di clases durante más de veinte y aún lo hago. Escribí mi primer libro y lo edité en 2012, el segundo en 2013 y el tercero este año 2015. Editamos con mi amigo Alfredo, una revista digital en 2013, y seguimos en  marcha,con pocos conocimientos  del periodismo pero con muchas ganas, de hacer, sobre todo, y de dar a conocer nuestro trabajo y  el de muchos valores desconocidos. No  me conformé con eso y logré entrevistas a algunos  famosos. Para mi fue una hermosa experiencia,.pero sigo engrosando mi lista de personas a quienes quiero tener entre mis “entrevistados”. Nunca se sabe si lo lograré, al menos la lista existe y tal vez algún día lo logre.

Recuerdos fin de curso
Pero aún así,no sentía que había cumplido alguno  de mis múltiples sueños de adolescencia. En el mes de marzo me anoté para cursar la Tecnicatura en Periodismo y Locución. Jamás pensé que me sería tan difícil, retornar a la época de sentarme a estudiar, de memorizar definiciones, y hacer trabajos prácticos. Aún así, no bajé los brazos. Mis notas fueron muy buenas, la dedicación mucha y la responsabilidad mayor. No podía pasar un papelón sacando notas bajas a esta altura…





El pasado 19 de diciembre, luego de haber aprobado los parciales con muy buenas calificaciones, rendí el final, aprobé el final y terminé con una sonrisa.
Ahora, solamente queda esperar la entrega del tan ansiado Diploma y las credenciales que me acreditan como Prensa.

No sé qué me deparará el destino el próximo año. No soy una mujer de abandonar facilmente. Además de haber hecho siempre algún que otro curso de inglés, de jardinería, de  pintura artística, de muñecos de tela y de fotografía, quien sabe en qué otro emprendimiento educativo terminaré el año.

Por ahora, festejo mis logros, que no son pocos. 
Por ahora, digo que a pesar de mi edad me quedan fuerzas para seguir haciendo cosas. Muchos más jóvenes que yo, ya no tienen ganas de seguir estudiando, de seguir emprendiendo. Yo n o. Tengo muchos defectos, pero la virtud más grande es la constancia. Voy por más, y como soy agradecida, abrazo a quienes apostaron por mí, ellos saben quienes son.




¡Gracias!

Silvia

sábado, 19 de diciembre de 2015

INSPIRACION

A ver, seguidores, ¿qué les inspiran estas fotos?
Manden su  mensaje a smv1109@gmail.com


FOTO 1

FOTO 2

FOTO 3


















Silvia

viernes, 18 de diciembre de 2015

RELATO: Mi lejano corcel




¿Qué pensarás de mi?
Estabas escapando,porque me temìas. Entiendo tu miedo, no me conocés. 
Pero ¿sabés una cosa? Jamás te haría daño.
Si bien no soy pueblerina, ni campesina, sé y valoro tu trabajo.
Madrugadas de corridas, entre el agua, al frío y al calor...

Me encanta acariciarte, ver que tus ojos grandes me miran, aún con desconfianza.
Pero no voy a hacerte daño.
Sos fiel, y así seré yo, si me dejás.
No me animo a cabalgar con vos, sos muy alto para mí. Aunque lo he hecho alguna vez antes.

Solo me conformo con acercarme, y decirte que no me temas.
Acariciar tu pelo suavecito y que me mires de reojo.
Sabés que no te haré daño.

La próxima vez que nos veamos, seguramente me recordarás.
Espero que no pase mucho tiempo.
Espero que me reconozcas.
Espero que recuerdes que no te hago daño, solo comparto el sol y el verde tan lejanos para mí.

Nos veremos, de eso estoy segura.
Portate bien, y recordame con cariño.

Silvia

Recuerdo




Me traje una rama de caldén. Uds dirán...para qué si se va a secar? 

Hachita en mano, mi amigo César la cortó para mí al salir del campo. 

Patricia decía que lleve una más grande. Así está bien. 

Es un pedacito de esa tierra que aprendí a querer hacer 25 años. Se secará. No importa. 

Quedará así hasta que cada hojita que, según se quejan, no da mucha sombra, desaparezca. Pero cuando salga al patio vendrán a la memoria recuerdos hermosos. Un regalo para el alma.

Silvia

POESIA: Un día de estos



Cuando la juventud era nuestro tesoro
y el tiempo no contaba aquellas tardes,
bajo un sol de invierno cálido
prometimos crecer juntos.

Apenas adolescentes y felices,
jurábamos amor eterno,
que jamás envejeceríamos
en medio de la tristeza
y que nuestros corazones permanecerían
unidos para siempre.

Pasaron años, pasaron hijos y viajes,
pasaron nubes y soles resplandecientes,
pasaron cantos y llantos,
pasaron grietas en los rostros
y nieves en el cabello.
Aún así, seguimos prometiendo
en un invierno cálido de sol,
envejecer juntos.

Aún nos tomamos de las manos al caminar,
y nos besamos como jóvenes:
todavía recordamos aquella música

que adoraban nuestros oídos
y la bailamos apretados aunque ya no se use.

Aún así, despacio por la vida, amanecemos
mirándonos a los ojos,
contándonos los sueños,
ansiando el futuro.
Aún hoy, siento el calor de tu piel
cuando me abrazas
y el brillo de tu mirada me ilumina.
Un día de estos, nos bendecirá una estrella

y seremos todavía, más felices.

Silvia

NARRATIVA: La carta



Cerró el postigo de la puerta de calle y miró el sobre. Le dio la vuelta una y otra vez. El destinatario estaba escrito en letras de computadora, así que no reconoció de quien era la carta.
En el remitente solamente aparecía una dirección.
Lo dejó sobre la mesa. No se animaba a abrirlo.

Le asustaban un poco las noticias que llegaban por carta. Aún hoy, que manejaba la notebook bastante bien, prefería comunicarse con su familia como antes, sentada frente al anotador y con letra clara y firme escribir una carta que doblaba prolijamente y colocaba en un sobre para llevar al correo.

Miró de reojo el sobre varias veces. Apagó la cocina y se sentó.
Lo tomó en sus manos,  temblorosas y cortó el borde con la tijera.
Extrajo el  papel y con él, una serie de fotografías en blanco y negro, otras sepia y unas pocas en color. 

El primer rostro que vio, la sorprendió. Era igual a ella. Desdobló la carta y comenzó a leerla sin perder un segundo.

Cuando en el primer renglón leyó: “Hola hija”, supo que su búsqueda no había sido en vano.



En unos segundos sabría por qué su madre la había dejado en aquel convento veintitrés años atrás.

Silvia

jueves, 3 de diciembre de 2015

POEMA: Red de serpientes

de "Rocío de palabras"

MICROFICCION:Escapada de fin de semana



-       Piedad, por favor, fíjese adentro si está todo en orden antes de irnos. Recuerde que hasta el verano no volvemos y no quiero dejar nada fuera de lugar.


Ya había recorrido el enorme jardín de la quinta y revisado todos los rincones. El portón del galponcito estaba con candado y las ventanas del quincho cerradas.
Volvió a pasar por el garage. El auto gris ya estaba en marcha con el tanque lleno, para no perder tiempo en el viaje. Controló las cubiertas y el agua. Pasó un trapo al parabrisas y lo secó. Vencido por el cansancio, se frotó los ojos y se puso los lentes.

-       Vamos, no se quede ahí, suba al auto que ya es tarde. Quiero llegar antes del amanecer.



La barrera de la salida  se abrió y salieron a la calle. Dobló por la colectora. El sonido del teléfono lo sobresaltó. Unas cuadras más adelante, tuvo que bajarse del auto para secar la sangre que chorreaba del baúl. Seguramente, Piedad, no había envuelto y atado como corresponde los dos cuerpos.



Silvia
de "Abraxas"



Cuento:ES NUESTRO TRABAJO



Jessica caminaba con su mochila repleta de libros. Recién había salido de la escuela. Era un  buen lunes. Aprobó historia después de haberse pasado el fin de semana estudiando mientras las chicas se preparaban para ir  a bailar. No quería pasarse el verano en casa encerrada. Era demasiada penitencia para ella, sin baile, sin reuniones en la casa de los amigos.
Festejaban a su manera, riéndose y  sacándose fotos en cada esquina con el celular. Posaban indiferentes a quienes pasaban a su alrededor. Sus diecisiete años florecían en su cara  tostada por el sol de la tarde. Tenía las piernas largas y torneadas, que asomaban  por debajo de la minifalda prohibida tapada por el delantal que llevaba  al colegio.


Era la tercera vez que la camioneta pasaba por al lado de ellas. Las miraban, les decían cosas . Ellas sonreían, y seguían caminando para el lado de la Márquez. Todavía era de día. Muchos autos y camiones venían del lado del norte, era la hora del regreso a casa. Todos pasaban apurados.
Cruzaron la avenida. En la estación de servicio, estaba parada la camioneta. Los muchachos se bajaron  y entraron al local. Ellas siguieron su marcha.  Melina entró a su casa a mitad de cuadra y Lorena siguió con ella hasta la siguiente esquina.
Se hizo de noche. Francisco llegó a casa temprano. Lo esperaba Nora, para abrirle el portón. Entro el auto y preguntó por Jessi.
-          No llegó todavía, me extraña que se retrase, pensé que la traías vos de paso.
-          No, no pasé por la escuela, vine directo. ¿No se habrá quedado en a casa de Melina?
-          No creo, si se queda me avisa. Ya me está preocupando.
-          Esperá que la llamo a Meli…No, ahí no está, dice que ella siguió para casa. Qué raro, ya tendría que haber llegado hace media hora.

El sol se ocultaba detrás de los eucaliptos de la autopista. Ninguna noticia de Jessi. Francisco había salido a recorrer el barrio, pero no la encontró. La lista de los teléfonos de los compañeros de curso se había terminado. En la estación de servicio, le dijeron que las habían visto pasar, pero que nada les había resultado extraño.
Ya noche cerrada, decidieron ir hasta la comisaría. Por suerte no había mucha gente esperando y el oficial los atendió rápido. Le tomó un rato explicarles que “todavía” no podían hacer la denuncia, porque aún no había pasado el tiempo legal .
Los gritos se escuchaban desde la calle. Intentaron calmarlos. Les pidieron que esperaran, que el móvil de la zona estaba dando su última vuelta del turno y que iban a ver si la veían por ahí, extraoficialmente, claro.

Pasaron unas horas. La angustia era cada vez mayor. Jessi no aparecía, y las chicas ya habían ido con sus padres hasta la comisaría a explicarles cuál fue su recorrido hasta llegar a las casas. Aparentemente nada estaba fuera de lo normal. Melina se acordó que una camioneta las había seguido antes de cruzar Márquez. Los oficiales corrieron al móvil y salieron hacia la zona de las lagunas del fondo.

La gente en las casillas de madera, salió a ver qué pasaba. Los perros ladraban al escuchar la sirena. Los policías bajaron del auto, armas en una mano y  reflector en la otra. Buscaron en medio de los eucaliptos  que rodeaban la laguna. La noche nublada les complicaba la tarea, pero no se amilanaron. Se dividieron en dos grupos. Uno fue hacia la autopista, el otro siguió buscando por el lado del relleno.
Francisco y Nora, esperaban en la comisaría las novedades. Tomados de la mano, rezaban por su hija, no era fácil contenerles el llanto, a pesar que 


la oficial les insistía con un té caliente para calmarlos un poco.
Nora sintió un fuerte dolor en el pecho.
-          La encontraron, se que la encontraron, le dijo a Francisco. Por favor  llamen al móvil.
-          Tranquila señora, ellos nos avisan si hay novedad.



Detrás de la fila de árboles que dividían la autopista del relleno, encontraron el cuerpo de una mujer. Estaba boca abajo, semidesnuda, morada . La 
dieron vuelta. Dentro de su vientre  abierto y vacío , envuelto en una bolsa del super, había un paquete 
con dinero y una nota que decía
 “ Perdonen, es nuestro trabajo”.




Silvia



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de "Rocío de palabras"