miércoles, 20 de enero de 2016

MUSICOS: Recital de Cieloinfierno

El sábado 16 de enero, fuimos invitados a ver el recital de "Cieloinfierno" en La Cigale, Buenos Aires. Aquí algunas de las fotos del evento. Gracias a sus integrantes por permitirnos disfrutar de la música y de la primicia de "Lobo hombre en París", de la charla post show y de la buena onda.




Fity


Charly


CIELOINFIERNO es una banda de rock pop, de Buenos Aires - Argentina, con 3 discos editados: CIELOINFIERNO, SALTAR y el nuevo que se presentará en febrero, en el Hard Rock Café  Buenos Aires.
Cristian


Es artista del sello discográfico BMV y Sony Music Publishing Argentina.Componentes: Fity: guitarra / voz ,Charly Pecorelli: batería ,Leandro Rosello: bajo y Cristian Lafont: guitarra

Leandro


La Cigale




Temas



Silvia

CUENTO: RESCATE

Comparto con ustedes uno de mis cuentos publicados en "ABRAXAS", editado en 2013
Los lugares son ciertos, actualmente hay un edificio allí,pero en ese momento había una escuela abandonada.El personaje de Edu, no existió, pero hubo otro "personaje " con ese nombre que solía meterse en problemas por estar todo el día en la calle. Para él. mi homenaje.
Me encantaría que dejen sus comentarios. Gracias!
Silvia


Rescate



Todas las tardes salía con su bici. Nunca decía donde iba. Su mamá se preocupaba cuando atardecía y no regresaba. Pero siempre volvía con una sonrisa y alguna anécdota que contar. Ella lo escuchaba y suponía que mucho de lo que contaba no era cierto. “Demasiada imaginación“, le decía a su marido cuando trataba de hacerle entender que hablara con él para que no anduviera callejeando todo el día.
En el cole todo bien, estaba de vacaciones, pero tampoco era motivo para desaparecer la tarde completa.
El conocía a la perfección las calles de Ciudad Jardín. Mucha gente se perdía, hasta su papá, cuando iba a buscarlo a la casa de algún compañero en época de colegio. Doblaba en una calle y terminaba en el mismo lugar de donde había salido.
Edu se reía a carcajadas y le decía:

- Papá, no entiendo cómo te podés perder acá, si es re fácil. Por ejemplo, si entrás por Wernicke, salís derechito a la plaza del avión. Si entrás por Matienzo, vas derecho al Colegio Militar.

La cosa era internarse por las callecitas de adentro, donde las curvas y contracurvas, desviaban la atención de su papá. Ahí era cuando se perdía.
Edu entraba y salía tan rápido que no  se podía creer. Claro, era su camino habitual. Había recorrido las calles arboladas cientos de veces. Nunca podría perderse.
El verano estaba pesado, y la pileta de lona de casa ya no estaba en condiciones de soportar los saltos  desde los banquitos esquineros. Por eso, ni bien terminaba de almorzar, se ponía la gorra y montaba su bici para disfrutar de la sombrita de la avenida que llevaba al centro de Ciudad Jardín.
Aunque cruzaba varias calles donde circulaban camiones enormes que llevaban los autos a la fábrica , jamás había tenido ninguna caída ni siquiera algún contratiempo en su ajetreado tour por esa zona.
Llegaba a la vía muerta de Coronado, a veces esperaba que el tren de carga hiciera sus miles de maniobras para poder cruzar, y ahí decidía por donde ir. Si entraba por Matienzo, terminaba en el paredón del Colegio, y la estación de trenes al frente. Se quedaba mirando los aviones que salían de la Base Militar hasta que tremendas moles desaparecían en el cielo.
Si elegía Wernicke, descansaba un rato en la Plaza y después seguía hasta el arco que llevaba al barrio que estaba a la izquierda .
Ese viernes, cuando estaba comprando una botella de agua fría, escuchó la sirena de los bomberos.
Sonaba muy cerca. Se subió a la bici y siguió al camión que pasó a su lado como una tromba.


Dobló en el arco, y paró ahí nomás, a una cuadra. El frente del edificio de la esquina , estaba en llamas. Humo negro y los gritos de la gente, espantaban los pájaros que horas atrás estaban descansando en los altos jacarandá de la calle.
La vereda estaba repleta de gente, la comisaría enfrente, demasiado concurrida para ser sábado a la tarde.
Los bomberos entraban y salían. En apenas un rato habían apagado el fuego, y todo volvió a la normalidad.
Cuando llegó a casa, le contó a su mamá lo que había pasado. Esta vez le creyó porque había escuchado la sirena un rato antes, pero le volvió a recordar que no se alejara demasiado.
El lunes, cuando estaba comprando el pan en el almacén, escuchó que la gente comentaba acerca del incendio. Algunos decían que en ese edificio abandonado, había estado la escuela secundaria y que años atrás la habían cerrado por posibles derrumbes. Que nadie se animaba a entrar porque las ratas y las cucarachas andaban deambulando por los pasillos entre las carpetas viejas y alguna que otra manta abandonada de un linyera que la había usado para dormir en alguna oportunidad.
La señora mayor detrás del mostrador, dijo que los vecinos habían escuchado ruidos  que venían de ahí .Algunos los atribuían a fantasmas que habitaban aún las aulas de la escuela. Eso le hizo prestar más atención y paró la oreja un rato más. Siguieron hablando entre ellos, pero nada que pudiera interesarle.
Cuando llegó su turno, pagó el pan y  lo llevó a su casa. Al terminar el almuerzo, metió  en una bolsa una linterna y algo de comida para la merienda y salió.
Por San Martín llegó más rápido a la esquina de la escuela. Aún se olía el humo del incendio. Se paró frente al edificio y lo miró. Era alto, con ventanales grandes, los vidrios estaban totalmente rotos y los pasillos además de mugre, tenían agua.
Ató la bici a un poste y cuando estaba entrando, un policía le advirtió :

-         Nene, ojo ahí, que todavía puede haber peligro. No entres, que tienen que venir a sacar los escombros.

El asintió con la cabeza, pero cuando el policía entró al destacamento se filtró por una puerta de rejas que había quedado abierta en la parte de atrás. Como era reflaco, pudo meterse sin problemas. Subió hacia el primer piso. Encendió la linterna. Solo se escuchaba el ruido de las hojas quemadas que volaban  y unos pajaritos que se habían metido por la ventana a curiosear como  él.

- A ver qué hay de cierto con eso de las voces  . Yo no les tengo miedo…

Siguió hacia el fondo. Cuando dio vuelta para regresar a la escalera, escuchó un grito.
Ahí si, sintió un poco de chucho. Que le dijeran, era una cosa, que escuchara era otra…
Apuntó la linterna hacia la escalera y bajó. El grito se repitió, esta vez lo escuchó más cerca.
Miró para todos lados. Nadie.
Siguió hasta encontrar otra escalera que bajaba a un nivel inferior a la calle.

- A lo mejor hay un sótano , voy a ver.

Apartó unas puertas quemadas y se coló por el costado.
Ahí se animó a preguntar

-¿Hay alguien ahí?

Y volvió a escuchar esta vez, una voz ronca que respondió

- Sí, por favor, ¡ayúdenme! ¡Acá abajo!  ¡Ayúdenme, ya no soporto más!

Caminó despacito, hasta llegar a una habitación más oscura todavía.
Ya olía feo, pero tenía que seguir. Quien estuviera ahí necesitaba de su ayuda y no se podía volver atrás. La voz seguía pidiendo por favor, y él, tanteando las paredes, siguió caminando.
Pensaba  que si le pasaba algo, nadie lo iba a encontrar. Su mamá no sabía por donde andaba, su papá se perdía por las calles de Ciudad Jardín y el policía no lo había visto entrar. Se complicaba la cosa. A medida que caminaba y pensaba, tenía un poco más de miedo…
Igual siguió adelante.
Ya no escuchaba la voz, pero sabía que ahí había alguien.
Cuando se metió en lo que alguna vez habría sido un aula, lo vio.
Acurrucado en un rinconcito, mojado y tiritando, un pibe de su edad. Asustado, le extendió la mano y se levantó.

-         ¿Qué hacés acá? ¿Quién sos?
-         Ayudame porfis, me duele mucho la pierna. Yo les grité a los que vinieran pero nadie me oyó.
-         ¿Cuánto hace que estás acá?
-         Desde el viernes. Un rato antes del fuego. Soy un tonto, soy un tonto.
-         No entiendo nada, dijo Edu. ¿Por qué te escondiste acá abajo?
-         Había discutido con mi papá, y me vine en bici. Nadie sabía donde estaba, y cuando llegó la noche me quedé acostado acá. El calor me despertó y cuando quise salir no pude. Les grité, pero no me escucharon. Por favor, ayudame a salir.
-         Si, te voy a ayudar, pero tengo que avisarle a alguien. Solo no puedo. Sos muy pesado para llevarte en andas. Aguantame un rato que subo y les aviso a los policías.
-         - ¡No! Ellos van a llamar a casa y se me arma…mejor no les avises, ya nos arreglaremos para salir los dos.

No había terminado de decir eso que Edu ya estaba corriendo a la calle. Entró a la comisaría y les contó. Un par de agentes que estaban en la oficina, lo acompañaron y lo ayudaron a sacar al pibito.
Ya afuera, llamaron y avisaron a sus padres, que habían hecho la denuncia de su desaparición el viernes.
Al llegar a casa contó lo que había pasado. Prometió no volver a salir sin decir donde iba.
El visitó a su nuevo amigo hasta que se curó de la fractura de su pierna. Un par de meses más tarde, los dos salieron en bici por las calles de Ciudad Jardín. Esta vez, dejó sobre la mesa una notita que decía. “Ma, fui a la placita del avión. Vuelvo a las seis”.

Silvia Vázquez


martes, 19 de enero de 2016

EL CORAZON DELATOR

EN EL DIA DEL NATALICIO DEL GENIAL ESCRITOR EDGAR ALAN POE, COMPARTO CON USTEDES LA NARRACION DE UNO DE SUS MEJORES CUENTOS "CORAZON DELATOR" NARRADO POR EL ESCRITOR ALBERTO LAISECA.




https://youtu.be/qWGKr2D9K1E
Copien el enlace asi lo escuchan directamente


Espero que les impacte tanto como a mí


Silvia

martes, 12 de enero de 2016

VISITA AL INSTITUTO RABINO JOSE CARO




En el mes de Agosto de 2015, tuve la alegría de poder visitar el Instituto Rabino José Caro, del barrio de Belgrano, por un contacto de mi amiga la  prof. Patricia Golan, docente de otro Instituto, conocida de Solange (esas cadenas invisibles que nos unen a docentes y escritores, y nos hacen sentir unidos en la tarea no solo de enseñar sino de comunicar).




Me dio la bienvenida el Sr. Rector del Instituto y las docentes Carla, y Solange Bartos. Me esperaron con un desayuno de café y galletitas kosher de arroz,de chocolate y vainilla.






Me sentí sumamente emocionada, al ver el interés de las chicas de tercero y quinto año por el tema de las mujeres en la historia.


La profesora de literatura,Carla, les había leído mi cuento "Guadalupe" y ellas deberán trabajar junto con la profesora de Historia, Solange, sobre una historia en la que esté involucrada una mujer que haya sido parte de la historia argentina. Las chicas preguntaron no solamente acerca de mi persona, sino de lo que escribo, cuál es mi género preferido, mis autores, cómo logré convertir en una ficción la historia verdadera, si solamente escribía ese tipo de narrativa, etc. 


Me pidieron que leyera un cuento que está en mi libro "Rocío de palabras", "Cielo turquesa", y les encantó.
Prometieron enviarme los trabajos una vez corregidos por la profesora y me solicitaron que les haga una devolución de los mismos. ¡Claro que si! Me alegró que pregunten, superó mis expectativas, ya que estaba preocupada en realidad, por no defraudarlas en lo que estaban esperando.

Se ocuparon de hacerme sentir tan bien que me dejaron una frase escrita y mi nombre, en hebreo.
Muchísimas gracias a todas y al Sr Rector por haberme permitido participar de esta experiencia.


Gracias, sobre todo, a Patricia,  quien le dio mi cuento a la profesora Solange. Las cadenas se siguen uniendo y seguramente con el tiempo se harán aún más fuertes.
Me llevo las sonrisas, las miradas y los aplausos de tan hermoso grupo humano.
Por supuesto me permitieron tomar unas fotos que comparto con ustedes.






Hace unos días, recibí de la prof Solange, algunos trabajos de las chicas, que publico aquí, espero que les gusten:











Carola Lorenzini
Un día de recuerdos
Eran las siete de la mañana del día miércoles 23 de noviembre de 1943; yo me encontraba muy ocupada con los quehaceres del hogar, cocinando en mi estufa a gas, cuando de pronto me acordé de que ese día era el aniversario  del fallecimiento de mi mejor amiga Carola Lorenzini. Se cumplían dos años del trágico accidente de avión. Varios recuerdos pasaron por mi mente, entre ellos el día en que la conocí.
Con facilidad recordé que todo había comenzado cuando ella se cambió de escuela e ingresó  en la mía. Los rumores no tardaron en llegar; rápidamente todos los chicos nos enteramos de que Carola era una niña extraña y fuera de lo común y que tenía un sueño muy peculiar para aquella época: anhelaba llegar a ser aviadora. Con el tiempo, pudimos comprobar cómo sus comportamientos y pensamientos eran muy distintos a las demás niñas.  Una semana más tarde de su ingreso, observé que unos niños del curso la estaban discriminando y vi como de a poco todo el curso se iba uniendo a pelear contra la pobre e inocente Carola.  Yo, en cambio me quedé a un costado del aula mirando la situación.
Yo no estaba de acuerdo en insultarla, en lo más mínimo. Al contrario, respetaba sus pensamientos y opiniones, y además la admiraba por su valentía de proponerse algo que a ella le hiciera feliz, pese a que no eran los sueños usuales de una niña.
Cuando vi que alguien le lanzó un pastel manchando su vestido, sentí que era mi momento de reaccionar, por eso fui rápido y me senté a su lado, le di mi mano y le dije: " yo estoy con vos". La defendí y en consecuencia, la pelea finalizó. Carola y yo nos quedamos un rato en silencio. Luego, sin palabras, me abrazó, en forma de gratitud, y vi cómo le lagrimeaban los ojos. Comprendí que había hecho  un gran acto de bondad y que tal vez al apoyarla, luego de los insultos que había recibido, le habían vuelto las esperanzas de logar su tan ansiado deseo.
Ella se transformó en mi mejor amiga. Tenía hermosas cualidades, era única y especial. Pasé varios momentos con ella, entre ellos el día en que le obsequié un auto para que aprendiera a manejar, y luego de mucha práctica logró ser la primera mujer que manejaba en nuestro pueblo.
Tiempo después yo contraje matrimonio, tal como acostumbraban las jóvenes, comencé a dedicarme a las tareas del hogar y tuve muchos hijos; ¡y Carola logró ser la primera aviadora de América del Sur! Estoy muy orgullosa de mi mejor amiga. Además, me dejó un magnífico mensaje:"el que realmente quiere, lo puede conseguir." Aunque ella sufrió muchas situaciones de desprecio y discriminación para llegar a ser aviadora, en las que fácilmente podía rendirse, ella las pudo atravesar con paciencia y segura de sí misma, sin importar las opiniones de los demás.


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                                                                                        Sucre, Bolivia, 23 de mayo de 1862
Querido diario:
Hoy tengo 81 años y me encuentro muy sola y abandonada, siento que mis últimos días se aproximan y por lo tanto decido traer a mi memoria los momentos más difíciles por los que tuve que pasar en esta vida.
Recuerdo aquella vez, cuando mi esposo y yo triunfamos en Pomabamba y éramos perseguidos por los realistas, entonces, me vi obligada a separarme de Manuel y me dirigí junto con mis cuatro amados hijos hacia una zona de pantanos donde enfermaron y fueron muriendo uno por uno. Luego, junté fuerzas para seguir adelante, pero pronto una nueva desgracia me tocaría vivir: la muerte de mi marido.
A pesar de todo, nada ni nadie me impidió dejar de luchar por eso que tanto deseaba, la independencia de mi país. Moriré feliz y orgullosa por la valentía que tuve en aquellos momentos. Y ¿quién diría que a lo mejor, en un futuro, me reconocerán como la heroína boliviana?
                                                                                                                                        Juana.

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Tamar G.
Margarita Barrientos
Mi niñez y adolescencia fueron difíciles. Cuando apenas tenía doce años, mi mamá murió dejándonos a mis once hermanos y a mí solos.
Por las vueltas de la vida terminé viviendo en Buenos Aires, porque el destino había decidido que me debía encontrar con Isidro, con quien me casé y logré formar mi hermosa familia, con nuestros nueve hijos biológicos y tres del corazón.
Algunos años después, recibimos otro duro golpe: mi marido quedó discapacitado en un accidente mientras trabajaba y, por eso, yo no tuve otra opción que la de salir a cirujear, recorría las calles de la ciudad y recolectaba las cosas que los demás tiraban para poder mantener a mi familia, además de a otros tres chiquillos que no tenían quien les diera de comer.
Pasó un tiempo, y volviendo a casa luego de un  día muy cansador  con  mi carro lleno,  descubrí a unos niños que vivían en la vivienda vecina, que llevaban días sin comer, por lo que los invité a que compartieran con nosotros unos pocos pedazos de pan que había conseguido en una panadería.
Esta situación, fue la gota que rebalsó el vaso y me llevó a tomar la decisión más importante de mi vida, porque en la vida siempre hay que dar, por poco que se tenga, hay que tener compasión por los demás. Y como estos chicos que estaban solos y hambrientos, había muchísimos más que se iban a la cama con la panza vacía.
Por eso, fundé “Los Piletones”, un comedor popular en Villa Soldati para alimentar a  los más chiquitos. No me importaba tener que mantenerlo a partir del cirujeo, sin obtener ganancia alguna, ellos lo merecían todo.


Gracias a todas!
Silvia


sábado, 9 de enero de 2016

FIN DE UNA ETAPA...COMIENZO DE OTRA

Ya terminado el año 2015 y con examenes rendidos y aprobados, esperé la entrega de mi Diploma que me acredita para el desempeño del periodismo y la locución periodística.




Finalmente llegó el día. Reunidos en el Café Jardín , de Ciudad Jardín Lomas del Palomar, nuestro profesor Walter, nos entregó a cada uno nuestro premio. 






Junto con las credenciales que nos permitirán acceder a muchos lugares para ejercer nuestra profesión, tanto en el país como en los del Mercosur,vino el ansiado Diploma.




Luego de haber compartido algunas bebidas frescas y una charla informal respecto del año "escolar" y de nuestro desempeño, cada uno llevó consigo la alegría de haber logrado una meta más en la vida. 








Algunos,  los más jovenes, recién empiezan a transitar el camino de los logros, otros, como los "adultos" a seguir emprendiendo nuevos caminos. 









Me siento feliz. Yo sé del esfuerzo que significó para mi volver a sentarme a estudiar, disponer del tiempo y las ganas, pero sabía que podía lograrlo y así fue.





Ahora me esperan nuevos proyectos, aún no definidos, seguiré editando y escribiendo la revista www.lalupacultural.com.ar, 
seguiré escribiendo cuentos y poemas, y quien sabe un nuevo libro. 





Siempre activa, hasta que mis manos y mi cabeza digan ¡basta!




Gracias a mi familia que siempre me acompaña.




Silvia

lunes, 4 de enero de 2016

CUENTO: Estrella y los fantasmas




Ya habían desocupado la última oficina en el primer piso y todavía quedaba una pila de papeles que volaban de un lado a otro del enorme salón, donde días atrás el sonido de las impresoras y los teléfonos cortaba el silencio de las siestas.
La química estaba ahí desde 1928 y ya mostraba, hace tiempo signos de vejez, que se acentuaron aún más cuando vino la administración que funcionaba en el sur, a ocupar los rincones que quedaban en la planta baja.

La obra de desarme estaba prevista para comenzar ese fin de semana. Un grupo de obreros descargaba herramientas de una camioneta y las llevaba adentro.
El primer día había sido agotador. Algunas cucarachas acompañaban en el traslado de caños y maderas de arriba abajo. Cuando atardeció, se sentaron a tomar unos mates, algo cansados ya. De repente, se filtró una brisa helada por uno de los vidrios rotos del frente.

-         Che escuchaste eso?
-         No, que
-         No escuchaste ese ruido? Cuando sopló ese vientito me pareció oir a alguien arrastrando algo en el pasillo.
-         Uy no, no me digas que tenés miedo. Si estamos acá, no se quien va a estar en el pasillo
-         No se, pero yo solo no salgo. Acompañame al baño
-         Te digo, ni se te ocurra comentar eso con los que entran a las seis. Te van a volver loco.

Salieron a la calle, tomaron el trencito en Arata y cuando llegaron a Lemos, se cruzaron con el otro grupo que hacía el otro turno. Ni una palabra.
El día siguiente estuvieron pendientes de cada sonido, más allá de los hierros que se retorcían a manos de las amoladoras que no paraban de hacer destrozos.
Ya se estaban cambiando para salir, cuando uno de ellos volvió de la ducha má pálido que la toalla que lo envolvía.

-         Yo me voy,  escuché el ruido ese, che, y el viento o lo que sea me rozó la cabeza. Acá hay algo raro. Mirá que en el campo cuando pasan estas cosas, no es bueno…
-         - Vamos a ver, dijo el otro. Cambiate y vamos a revisar.

Salieron con una linterna cada uno y por las dudas una barreta en la mano. Recorrieron pasillos oscuros, donde la llovizna se colaba por los pedazos de vidrios que quedaron en pie.
Bajaron una escalera y ahí, en un descanso, una máquina de escribir repiqueteaba sin parar.
Se quedaron duros, parados sin creer lo que veían. Reaccionaron cuando una  mano helada les tocó el hombro a uno de ellos

-         Buenas noches, no se asusten- dijo. Sé quienes son, así que tranquilos. No tengo nada contra ustedes. Señorita, siga escribiendo! Dijo, mirando la máquina. No había nadie sentado ahí, pero cada tecla se movía de una manera increíble.Vengan, les voy a explicar.

Los muchachos lo siguieron, sin miedo, a pesar del primer susto. El tipo, con un traje a rayas negro y blanco, zapatos muy bien lustrados y una corbata de moño, iba delante de ellos, tranquilamente, como si estuviera en su propia casa.
-Esta empresa la fundó mi padre, Demetrio, hae más de un siglo. La decisión de demolerla se tomó inesperadamente y soy el único de la familia que no  lo acepta. Por eso, estamos escribiendo nuestra queja a un Juez.
- Estamos? Dijo uno de los pibes. Usted dice que acá hay alguien más que ud y nosotros? Habla como si si secretaria estuviera sentada en su escritorio copiando lo que ud le dicta.


El no respondió. Solo firmó una carta, se la dio al más bajo y le pidió reserva.
Ellos entendieron sus explicaciones. Tomaron el tren, levaron el sobre a la oficina de correos. A pesar del asombro del primero momento, estaban cumpliendo su pedido a rajatablas.
A la mañana siguiente, los titulares de los diarios decían

“Estrella no se va”- Carta misteriosa de un heredero fallecido hace 10 años aparece en la oficina de un Juez.

Si hoy va a Lacroze, mire hacia la izquierda cuando llegue a Arata. Un edificio viejo y abandonado aún sigue en pie. Ruedan en sus pasillos ramas secas, y unas pocas hojas de lo que en una época fueron frondosos plátanos.
El portón cerrado con candado y un sonido tenue de risas y festejos se escucha desde  una de las ventanas del primer piso…

Silvia

de "Rocío de palabras", 2012