miércoles, 27 de julio de 2022

Aniversario de Las musas



Este mes de agosto, cumplimos siete años juntas, las musas y yo.

Personalmente estoy orgullosa de mi trabajo pero siempre quiero perfeccionarme más para dar aún mejores opciones. Premios, reconocimientos, alegrías y buenos comentarios nutren la actividad que realizo a diario.

Esta semana los invitamos a enviarnos sus trabajos literarios para publicar el  próximo viernes  5 de agosto.

Serán todos publicados y recibirán un diploma de reconocimiento por su aporte.

Como siempre agradecemos que nos visiten y nos dejen sus comentarios halagadores cada semana.

Los trabajos no deben ser muy extensos, solo una carilla máximo, poesía, cuento, relato. Debajo el nombre del autor y la ciudad.

 

Los esperamos

 smv1109@gmail.com

Silvia

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viernes, 22 de julio de 2022

Taller de la memoria

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Escritora invitada: Angie García

 



La tarde me sorprende en un abrazo de cálidos reflejos de un sol adormecido...
Mis ojos buscan el horizonte perdido...

La línea fueguina de amaneceres se desdibuja frente a un ocaso incierto...
Me sostiene la esperanza de encontrarme con tu ojos...
Con la mirada que cobija mis miedos.

Sostiene mi esperanza la inmaculada vasija, destilando gota a gota la bondades del ser, un recipiente ansiado, alquimia divina, conteniendo agua cristalina... Medicina del alma.

Así de simple...

Así...
Busco tus ojos con el deseo de encontrar tu mirada...
El tiempo se detiene en un último suspiro...
Me sostiene sólo, la esperanza del encuentro...
©Angie García
Voces de mi Tierra
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Última parte: "Epitafio para mi bandoneón"



Una tardecita soleada de domingo, Antonio y María salieron a pasear por San Telmo, él quedó fascinado  por el entorno  "porteñísimo " del lugar, y por  la cantidad de turistas que disfrutaban de este singular escenario de Buenos Aires, se le ocurrió que era su oportunidad de volver a tocar el bandoneón para ese público ávido de conocer las entrañas de ésta ciudad, se le antojó un lugar mágico.


María no estaba de acuerdo con esa decisión improvisada, pero él alegó que lo haría en un lugar que hubiera sol, que lo calentara, que era lo que su médico le había recomendado. Contradiciendo la voluntad de María, el domingo siguiente con su querido bandoneón a cuestas se instaló en el  umbral de un concurrido bar frente a la plaza misma. Pronto una importante cantidad de gente estaba aplaudiendo con énfasis al talentoso bandoneonista que  interpretaba desde  sus emociones mas profundas la música ciudadana. No puede disimular su orgullo cuando exhibe el vapuleado bandoneón que conserva la arrogancia de haber pertenecido a las memorables glorias del tango y que suena aún memorioso de los acordes tantas veces repetidos . Las propinas que recibía eran abultadas y los turistas dejaban caer en su sombrero algún billete "verde". Esto le daba para comer adecuadamente toda la semana. Al ver el éxito de Antonio, María y su hermano pronto se incorporaron al espectáculo. Ella con sus vestidos ajustados, que conocieron tiempos mejores, rescatados de alguna vieja representación, las uñas esculpidas, los labios pintados de rojo, las pestañas postizas, los tacones gastados y las medias de mallas que alguna vez fueron nuevas, dejando entrever un corazón que otrora fue volcánico. 


Su hermano, con un traje raído, pañuelo blanco al cuello y sombrero negro que dejan mucho que desear. Alto, sumamente delgado, consecuencia del alcohol y el cigarrillo y las malas noches pasadas. Ambos bailan sobre los adoquines gastados de las callecitas de San Telmo al compas de la música que Antonio brinda con mucho amor y profesionalismo a un público que lo gratifica con sus enfáticos aplausos bien merecidos.  No así a los bailarines, que sin compasión se mofan de ellos, pero su amor por el tango es más grande que la humillación, aunque muchas veces un lagrimón resbala de sus mejillas .


La concurrencia de turistas aumentaba y el dueño del bar les pidió cortésmente que buscaran otro sitio, ya que él colocaría más mesas sobre la vereda para comodidad de su clientela.

El portal de una casona "colonial", por donde asoma una glicina, gastada, casi sin flores, y una vieja reja, sirve de  escenario a los artistas, a pocos metros de la plaza. El cambio no favoreció a Antonio, al almohadón gastado sobre el mármol no lo aislaba del frío y el sol sólo llegaba unos minutos por día.   Un feriante que tenía un puesto de sombreros antiguos y usados, le regaló uno en bastante buenas condiciones, en recompensa por la música hermosa que le regalaba todos los domingos, eso le dijo.


Cada vez que tocaba el tango "Malena", lo hacía en memoria de aquella mujer que lo llevó a la situación que hoy estaba, él seguía enamorado de ella y no le guardaba rencor. 

Su repertorio era variado y tan colosal como su pena.


Un domingo de aquellos, Don Juan visitó la Feria, su oído fino de músico avezado al escuchar los compases del tango "Che bandoneón" creyó que se le paralizaba el corazón, sólo hubo un músico en su larga carrera de director de orquesta que interpretara ese tango de esa forma, tan peculiar y tan sentido, no podía ser otro que Antonio. Se arrimó al grupo de gente que lo rodeaba y lo colmaba de aplausos. Se quedó escondido entre la concurrencia, le dio tristeza  verlo tan envejecido, la huella del infortunio se notaba en toda su persona, un lagrimón se derramó por su cara  cuando el público dejaba su dádiva en el viejo sombrero. Buscó un sobre y puso en él una suma de dinero importante, llamó a un niño que andaba por ahí y le pidió que lo pusiera en el sombrero del músico. Ya la feria no le parecía tan linda como cuando llegó, no podía pensar en otra cosa que ese  hombre con tal talento musical lo hubiera perdido todo, hasta la dignidad por una mujer.

El invierno se venía anunciando, el sol iba perdiendo su vigor, sus manos empezaban a temblar y su viejo "fuelle desinflado" ya no respondía igual, los bailarines estaban en franca decadencia. Esa tarde fue la última en San Telmo, que los espectadores vieron recrear ese espectáculo tanguero.

La ciudad se oscurecía minuto a minuto y un viento helado levantaba los toldos de los puestos, los tenderos se apresuraban a guardar la mercadería. Hojas muertas, papeles y tierra volaban por las aceras y calzadas de San Telmo. Pronto los nubarrones negros se convirtieron en una feroz tormenta, que en pocos minutos anegaron las calles y veredas de agua.


Antonio sólo tuvo tiempo para guardar su bandoneón y emprendieron la retirada. A penas habían caminado media cuadra cuando cayó al suelo. Un anticuario comedido lo resguardó en su comercio y llamó a una ambulancia. Empapado y con una fiebre  que lo estaba devorando llegó al hospital acompañado de sus queridos amigos, lo único que le preocupaba era no perder de vista su bandoneón. La noticia del médico que lo atendió es que estaba buscando una cama para dejarlo internado porque le quedaba poco tiempo de vida.

María estuvo a su lado todo el tiempo que le permitieron, él, consciente de que su fin pronto llegaría le dijo: " debajo de mi colchón hay un sobre con dinero que alcanzará para mi funeral y para hacer una placa de bronce y algo quedará para vos, no lo malgastes en flores , pero quiero que cumplas a rajatabla lo que te voy a pedir. Quiero mi bandoneón en el féretro, a mi lado. Cueste lo que cueste. En el sobre encontrarás el texto que quiero en la placa. Cuidate y gracias por tu amor".

En complicidad con los señores de la funeraria, María introdujo el bandoneón en el cajón, tal cual lo quería el hombre que más había amado en su vida.


La tormenta sólo era un recuerdo maldito, las calles estaban aún mojadas, el sol que él hubiera necesitado brillaba en el cielo sin pudor. Un ligero responso fue la despedida.

María se abrazaba a su hermano que era lo único que le quedaba.

Con tan escueto cortejo un par de hombres vestidos de negro, trasladaron los restos mortales hasta la necrópolis.

El paseo de María los días domingos era la visita al cementerio de la Chacarita, caminaba triste y vencida por los largos pasillos de esa ciudadela de tumbas y mausoleos, llenas de lápidas que nadie leía, ángeles de mármol y de piedras enmohecidas por el paso del tiempo la custodiaban hasta llegar a la galería donde descansaba su amado.


Llevaba la placa de bronce abrazada contra su pecho. Buscó a un guardián para que la colocara l en el frente del nicho. La placa rezaba simplemente así: 


"JUNTOS ANDUVIMOS EN LA VIDA, JUNTOS TAMBIÉN EN LA MUERTE, "CHE BANDONEÓN".


©Leonor Pires

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Poema: Actuar

 


Actuar

 

Pensaba, sentada en mi sillón

por qué tanta gente discute

por tonterías

sin tener razones tan importantes.

Pensaba por qué solo se saludan

los que más se conocen

y a veces ni siquiera eso.

Pensaba por qué las caras bajas,

los oídos distraídos

por músicas extrañas

y las manos apretadas, fruncidas de arrugas.

Por qué los ojos tristes

las miradas aún más,

los labios partidos

de no saber besar.

Pensaba cómo podría

levantarme una mañana

e intentar arreglar

al menos algo de lo que veo.

Hasta que de una vez,

levanté la cabeza, dejé de pensar

y comencé a actuar.

Fue en ese momento

en que miré a la gente

y ya no tenía los labios tan partidos,

los oídos tan cerrados

y los ojos tan tristes.

Hacer, actuar, realizar.

Por esa paz que debería unirnos

a todos en un abrazo.

Para pensar simplemente

que la vida sigue

a pesar de  todo y

que cada mañana significa

un nuevo milagro.


©Silvia Vázquez

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Poeta invitado:Alberto Kloster


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Embajadores y Embajadas de paz

 Estimada Silvia Mabel Vazquez

 

 

De  nuestra  mayor consideración:

 

Mil Milenios de Paz lleva adelante la campaña/ proyecto Mil Banderas para Mil Escuelas, Instituciones, Organizaciones  y Personalidades a fin de Despertar y legar Conciencia de Paz en el Planeta en el marco del proyecto Transdisciplinario “Construyendo un Mundo Mejo, bajo la bandera de la Paz”

 

Cada año, en distintas fechas del año, se designan nuevas   Embajadas, Embajadores y Embajadoras de Paz. Son  Escuelas, Instituciones, Organizaciones  y Personas  destacadas del arte, cultura, ciencia, política y la  educación   que desean comprometerse aun mas con la Cultura de Paz,  tienen   gran vocación de “servicio” y son fuente de inspiración y amor en distintos puntos del planeta





No sé cómo expresar mi emoción, han sido muchos años de trabajo y seguiré trabajando cada vez más. Para mi no es solo un nombramiento sino también un premio. Agradezco a Angie por ser mi madrina y a Mil Milenios por tener en cuenta mi trabajo.

Gracias a quienes siguen mis publicaciones y a aquellos que no me conocen aún, los invito a visitar mis redes y mi página/blog.


Los esperamos el 26 de agosto

Silvia

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