Los trastos.-Cuento-
“Banery” era el apodo con el que todos conocían al muchacho. Todos sabían que
había llegado con su familia desde un país que ya a nadie le importaba. Y llevaba
en sí un difícil pronunciamiento. Muchas rr y zz inentendibles.
Era una buena persona que deseaba poder cambiar de trabajo, auqne allí se lo
veía bien integrado. Sus amigos lo querían mucho. Pero había una curiosidad en
su vida.
El asistía a todas las invitaciones pero nunca ponía su casa. A nadie eso le
llamaba la atención salvo a Melody. Su amiga que lo había integrado al grupo.
La empresa “Espasen” dedicada a todo tipo de ropa. Muchas horas de enredos
telefónicos , ventas y intercambio de productos. Lo que así afianzaba la buena
onda entre el grupo formado de compañeros.
Aunque la marca no era famosa, tenía gran cantidad de clientes que
comercializaban para las provincias. Y así tenían mucho trabajo.
Banery se encontró un día con Melody en una estación atestada de gente. A
empujones y griteríos se hicieron amigos.
Melody café por medio, le contó que era provinciana y al verlo tan solo y callado
lo llevó a trabajar con ella.
Banery le narró entre un castellano mal pronunciado que era de muy lejos y sus
padres buscaban un nuevo horizonte.
Al tiempo ya hablaba fluido nuestra voz y era el gran cómico del salón. Y era muy
buen observador. Te podía mirar durante mucho tiempo como volando en vaya a
saber que mundos.
Los fines de semana el grupo programaba espacios de interés: museos, cines,
peñas hasta las casas de casi todo el grupo. Reuniones donde el alcohol y la
buena comida concluían las veladas en grandes encuentros.
Chicho, Cacho,Pamela,Susy y hasta Joaquín invitaban sin parar.
Un día Melody no aguantó más y propuso ir de sorpresa a la casa de Banery.
Hacía poco había sido su cumple y esta era la excusa perfecta.
Todos aceptaron. La dirección la tomó de los archivos del lugar. Ella tocó el
timbre como voz cantante y luego de un rato de espera les abrió un hombre de
mal talante y con ojos soñolientos. Parecía bebido.
Hablaba perfecto el castellano, solo que tenía mal carácter.
A la pregunta de si estaba Banery el hombre enfureció. Qué no quería saber
nada con ese hombre y miles de palabras indefensas para este grupo de
inocentes visitantes.
Al irse supieron que no entendían nada.
El lunes Banery ya no apareció. Su celu no daba señales y durante días temieron
lo peor. Ya no tenían donde ubicarlo. Ella volvió a la casa un día y era otra gente
quienes la atendieron descociendo el destino de la gente anterior.
Apenada quedó ella y pronto los jefes reemplazaron su labor ya que los días
pasaban .Y allí se enteró que toda su vida era un verso.
Una vida de trastos y ausencias. Vivían en una casa tomada, era ese hombre su
padre y ellos no sabían lo que era la buena vida. Dado que solo habían delinquido
toda su existencia.
Banery no existía. El era Juan Tunesti y no era más que de Villa Soldati. El había
topado con ella en el tren no de casualidad. Eligió su presa.
Y por respeto hoy la dejaba ir.
Melody huyó. Ya no lo quiso ver más y tampoco quiso conocer desconocidos en
estaciones atestadas de mugre.
©Mirta Serrano
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