Todo terminó.
Siempre supe que nuestro final sería doloroso.
Fueron años de
espera, de excusas repetidas , de citas
postergadas. A pesar de todo, seguí adelante. Mi capricho se había convertido
en amor. Amor no correspondido. Y lo sabía.
Eras
inalcanzable, como un semidios sentado en un trono invisible.
Siempre fui
constante. Cuando me propuse alcanzarte, lo logré, cuando decidí conquistarte
,lo hice.
Era como un
juego, al que me vi obligada a jugar.
Todo era pasión,
encuentros ocultos, promesas. Yo lo sabía. Aún así, seguí adelante.
Tú…bueno…tú eras
el que contenía mis lágrimas, el que prestaba su oído, el que saciaba mis
deseos más profundos.
Y éramos solo
eso, saciadores de deseos contenidos.
Es tan dura la
soledad, que atrapé el amor que vagaba en una nube de sueños.
No, fue fue amor!
El verdadero perdura, siente, comprende,
acompaña.
Te llevaré
conmigo a pesar de todo. Imposible olvidarte.
Hoy aquí, sola,
mi mente recorre cada momento. Solo quedan recuerdos y dolor.
No estás, por cierto no estuviste jamás. Tu cuerpo fue m i compañía, pero no tu corazón.
El
mío herido por una astilla filosa y certera.
Lleno mi copa de
amargura, la bebo y espero. Un desenlace previsto, lastimoso, me quitará el
sabor a tí.
Y así, comenzaré
por fin, a ser libre.
©Silvia Vázquez
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