A la cuenta de 1,2 y 3
Todos conocemos a un mago sin galera que anda por la vida recolectando cosas.
Unos no juntan nada. Otros juntan todo. Dicen por ahí que la basura de unos es la riqueza de
otros. Habría que preguntar a las maestras de jardín de infantes. O a los cartoneros. Que
hallan tesoros ocultos. Ay esos container ubicados en calles benditas donde revolver hasta
quedar chiquitos!!!!
Los coleccionistas son artífices de grandes rastros y secretos.
¿Qué te puede dejar un plato garabateado en su borde en hilo de oro.? Sí, uno solo. Y te
puede dejar mucho para investigar. Detrás de ese plato hay una historia que podemos
imaginar.
Para eso estamos también los escritores. Inventando circuitos y destinos de donde llegó ese
plato solitario. Esa sería otra historia. Para escribir mucho seguramente.
En el mundo de los secretos bajo los áticos, podemos encontrar coleccionistas de
estampillas.
Figuritas. retazos de telas. Lapiceras. Juguetes de otras épocas. Revistas. Botones.
Películas.
Autitos. Muñecas y ajuares. Bajilla de épocas pasadas. Y así la lista sería de infinidad de
objetos.
También se pueden conservar cartas y fotos de amores que ya no están.
Hay personas que se dedican a comprar en remates pack de fotos anónimas que van de
descarte.
Sitios estratégicos del gran Buenos Aires, un montón de curiosos se encargan de intercambiar
recuerdos. Además hay ventas on line. En plazas, y galerías se pueden unir a salvar un
retazo de lo que otra persona desecha.
Total, al final de cuentas el acto de coleccionar es un acto de amor.
©Mirta Serrano
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