CUENTO “ OFELIA”
de Amalia Fuino
Los asistentes ingresaron en silencio al recinto. Cabizbajos y compungidos, se acercaban
al féretro para dar su último adiós. Algunos dejaron una flor sobre las manos entrelazadas
de aquel hombre.
-¡ Quien lo hubiera dicho, pobre Ramón! Tan joven¿verdad? Ahora, ¿quién se hará
cargo de esas dos diablas que tiene por hijas?- susurró una mujer.
Las vecinas comentaban la historia, formando pequeños grupos en aquella habitación
en penumbras.
El lugar se fue poblando de gente y el cielo se oscureció de golpe. Hubo que encender
las luces. Las damas servían café y algunas galletas a los presentes.
Las niñas corrían por la casa, entrando y saliendo de las habitaciones. Ofelia, la
mayorcita, parecía ajena al momento.
Un jovenzuelo apreció en el vano de una de las puertas de la casa, y miró en derredor.
Ofelia lo descubrió.
Él clavó sus pupilas en la jovencita y fue acercándose poco a poco. Como espada
victoriosa, su mirada penetraba sin piedad, empujándola hacia una de las paredes.
Cuando sus labios casi se tocaron, sintió que las manos de la muchacha se aferraban a
sus brazos. De pronto, se convirtieron en garras y lo sujetaron con fuerza, mucha fuerza.
Los ojos de él la dominaban, y ella consintió en dejarse dominar. Con un movimiento
rápido, cambió de posición y lo empujó contra la pared. Sus manos lo sujetaban con
seguridad y ella acercó aún más sus labios.
Ahora, inmóvil, él cerró los ojos y esperó. Ella lo besó con furia. Con toda la furia de que
es capaz una guerrera.
-¡Hija, niña! Pero, Ofelia , ¿qué haces besando la pared? ¿Es que te has vuelto loca,
niña?- increpó el cura párroco del pueblo, al encontrarla sola en la cocina.
©Amalia Fuino
El texto pertenece al libro “ Intensidades” Ediciones Artilugios y Eppursimuove
Ediciones. Buenos Aires 2019.

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