Las huellas del camino
Sin que lo sepamos somos lo que una cadena genética nos formó.
A veces nos preguntamos de quién sacó esos ojos esa criatura. Y ¿por qué le gusta el
arte al niño?
Y es allí dónde uno si empieza a hilvanar descubre que allá lejos en ese bonito árbol que
forma nuestra genealogía hallamos signos o símbolos de una similitud en formas y gestos
de vivir una vida.
¿A que llamo hilvanar? A ponernos a investigar hacia el pasado. Por supuesto que uno
no conoció a todos los parientes. Razones obvias que llegamos y muchos ya no estaban
aquí. Sin embargo, poseemos seguramente en nuestro historial recuerdos, historias que
nos han formado. Y fotos. Que son testigo fiel de la realidad de tiempos que fueron
antecesores de nuestra llegada.
Es tan importante valorar las voces de nuestros mayores. algunos no respetan a ese
abuelo que repite como loro quizá, una y otra vez la historia de su infancia. Y es allí, en
ese relato donde la riqueza fluye.
Si te gustan las historias podés grabar a tu abuelo, anotar datos y tomar fotos. Conservar
esas riquezas servirán para en el futuro poder entender gestos. Miradas. modos de vida y
de pensar. Actitudes que se repiten sin saber descubrirlas a tiempo.
La genealogía es además de hallar la etimología de apellidos y sus cambios al traspasar
poblados y países, es el arte de encontrarte en viejos mapas ancestrales. Es apasionante.
Buscá en viejas maletas aquellos pasaportes abandonados a su suerte. Buscá en
páginas de redes sociales los barcos donde arribaron un día la gente de la que sos parte
en ese gran círculo llamado familia.
Iniciá el camino de tus antepasados. Te vas a sorprender.
©Mirta Serrano
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