martes, 18 de octubre de 2016

Relatos y poema, dibujados desde el corazón

Estas semanas atrás , estuve haciéndome algunos controles de salud. Entre ellos cardiológicos. Como mi suegra iba a una cardióloga que le inspiraba confianza, decidí atenderme con ella. Sabía que tenía hijas mellizas, una de ellas es autista. Las pocas veces que charlamos , me comentaba lo bien que estaba avanzando en la escuela. Como hacía tiempo no la veía, esta vez que la consulté, me contó que Bárbara ya estaba cursando al escuela secundaria con su hermana, en el mismo curso. Un enorme avance, dado el problema que ella tiene. Estaba casualmente ese día en el consultorio y la llamó para que la conociera.

Bárbara abrazó a su mamá y luego a mí. Cuando la doctora le dijo que me dibuje, ella le preguntó "es vieja, mamá?" " No, no es vieja, es como yo, Bárbara!". Así que tomó un papel y una birome negra , me miró y en segundos me dibujó.

Me quedé helada, no por el parecido con  mi rostro, que era  una caricatura,  sino que interpretó los rasgos más sobresalientes, como los ojos grandes y el pelo largo.
La felicité y me agradeció cariñosamente.


Su mamá me siguió contando que además de darle el certificado común en la escuela, le van a dar uno por su esfuerzo y por haber cursado a la par de chicos que no tienen su problema.
También me contó que le gusta leer, entonces le mandé por mail unos relatos que yo escribí, para que ella dibuje, ya que le gustaba.
A continuación, van los relatos con los respectivos dibujos. Ustedes mismos piensen ...sepan que con esfuerzo y constancia todo se puede. Si ella puede,¿ por qué no nosotros, muchas veces que nos sentimos abatidos?
Saquen sus propias conclusiones.

Casualidades

El pequeño café de la estación de servicio estaba apenas concurrido. En un par de mesas, turistas de fin de semana conversaban sobre los proyectos a corto plazo y lo que iban  a hacer y dejar de hacer durante los siguientes tres días.
El, sentado al fondo del salón, debajo del televisor que mostraba las noticias, leía el diario. Ella, en la otra punta  escribía , mientras los camiones y autos corrían a lo largo de la autopista, ya un poco despejada.
No habían notado su presencia ninguno de los dos. Cada uno estaba concentrado en su tarea. El primero que levantó la vista fue el. La vio, detrás de sus lentes oscuros, con la lapicera en la mano, borroneando sobre una servilleta.
La miró, la recorrió de pies a cabeza. Algo le había llamado la atención. Sola, escribiendo, parecía estar esperando a alguien.
Dejó el diario a un costado y pretendió mirar el televisor cuando ella levantó la vista. Recorrió el bar con la mirada y volvió a escribir quien sabe qué, sobre su servilleta. Se recostó en el sillón y cerró los ojos.
Algo vino a su memoria y prefirió abrir los ojos antes que recordar. Un par de lágrimas rodaron hasta su cuello. Aun así siguió con su tarea. El la miraba obnubilado con el diario en la mano.
Cuando terminó de escribir y se acomodó, o vio parado a su lado con pañuelos en la mano.
-          ¿Puedo ayudarte? Tal vez los dos estemos pasando por algo parecido.
Ella se levantó y lo abrazó. Los pañuelos cayeron al piso. La brisa desde la puerta voló la servilleta sobre un cantero. En el primer renglón se leía “ el pequeño café de la estación de servicio estaba apenas concurrido…”






El sonido de una voz

David está triste hoy. Sé que está triste. Sus ojitos no tienen el brillo de otros días.
El no puedo expresar su dolor de otra manera.
Lo conozco tanto que se positivamente que está triste. Su mirada no mira, me traspasa como un cuchillo en la carne.
¿Què hago? ¿Cómo resuelvo este rompecabezas que se me desarma en las manos?
David es alegre. Yo se que cuando esboza una sonrisa, me quiere decir algo, pero no lo hace. A pesar de todo lo entiendo, le respondo, le hablo. El camina mirando la nada, busca algo en su cajoncito y me lo trae. Jugamos juntos hasta que cae cansado sobre su cama con olor a flores.
Duerme como si estuviera rodeado de ángeles. La blancura de su cutis  contrasta con lo oscuro de su cabello.
Yo lo miro, y me quedo petrificada pensando en su futuro. El astronauta, el doctor, el artista quedaron atrás. No importa eso, solo interesa que pueda ser él mismo. Solo me importa que me hable, que me indique el camino a seguir. Lo amo tanto, tanto que si me pide una estrella, me quemaría para traérsela, y dejarla apoyada sobre sus manos tibias.
David es el sol, es quien cada mañana me inyecta esa dosis de felicidad para seguir adelante.
Está perfectamente capacitado para hacerme sonreír y sentir que soy lo mejor para él.
Esta tarde, sentado sobre su acolchado mullido, encastró por fin, las dos últimas piezas de su puzzle. Una aventura que no olvidaremos fácilmente.

Un mañana, tal vez, cuando el sol entre por la ventanita de su cuarto, él se levante de la cama, corra a la mía, y me diga “mamá”. Ese mañana si, que seré plenamente feliz.


Inspiración
Con alma de poeta escribo mi canción,
me inspiran las musas que vuelan alrededor.
Mirando el sol cálido, la nube que pasea,
la brisa fresca y tierna, el verdor del pasto
en el campo sembrado.
La dulce golosina pegada  en la sonrisa
de un niño que pasea, sin rumbo ni tiempo.
La risa de un payaso , el soñar de un cantor,
el andar de un viejito, que pasea sin bastón.
Me inspira el brillo de la luna sobre el agua,
el candor del llanto de un bebé,
una flor colmada de rocío, una simple declaración de amor.
Me inspiran las palabras más simples y sencillas,
las opiniones fuertes, una buena conversación.
Me inspira el abrazo de un amigo, de un amor,
de un hermano, de los hijos, de una madre, de un dolor,
de la alegría pura, de la angustia incierta.
Me inspira el pensamiento de un escritor
que vuelca en una hoja su timidez cautiva, su alegría o su dolor.
Me inspira abrir los ojos y sentir nacer el día,

me inspira, el amor.

según Bárbara, quien escribe es una elfo


Gracias Bárbara!
Silvia

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