Un mal
día
Si tenés un
mal día
acordate
que
una vez te
caíste y
pudiste
levantarte.
Si tenés un
mal día,
hacé
memoria
de tus
primeros pasos
y de la
primera vez
que
escribiste tu nombre
y no te
salía.
Si tuviste
un mal día,
acordate de
esa cita
que jamás
llegó
y por eso
hoy estás con él
o con ella,
o solo disfrutando
de tantas
cosas.
Si tuviste
un mal día,
donde todo
se te cae de las manos
y se rompe,
donde cada
cosa que emprendés, sale mal;
donde cada
persona que te habla,
te trata
terriblemente.
Donde te
levantás y encontrás
en llanta
la rueda del auto
(y se te
hace tarde).
Donde una
charla se convierte
en
discusión,
cada
palabra en un filo irreparable,
cada mirada
en una daga que duele.
Si tuviste
un mal día,
recordá que
a la mañana
siguiente
todo vuelve
a comenzar,
que cada
cosa puede estar en su lugar,
que sucede
todo por algún motivo,
que todo
pasa y queda el recuerdo
de los
malos momentos,
pero
también de los buenos,
de aquellos
que disfrutaste y que
te llenan
el alma.
Si tuviste
un mal día, calma,
no eres tú,
sino la vida.
©Silvia Vázquez
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