viernes, 14 de agosto de 2026

Escritor invitado: Jorge Ayoroa: " La narrativa fue una asignatura pendiente"

Jorge Alberto Ayoroa, nació en Bolívar, provincia de Buenos Aires, un 6 de febrero de 1950. 

Ya de pequeño tuvo una fuerte inclinación por las letras, destacándose en un ambiente doméstico, tanto en prosa como en poesía. Sin embargo su vida estudiantil y profesional, se orientó a las ciencias económicas, obteniendo tras sus carreras de grado, una maestría en Estrategia y Geopolítica.

Además de sus actividades profesionales, tanto en cargos gerenciales, como también siendo consultor de pequeñas y medianas empresas, tuvo un importante actividad en el área de formación de recursos humanos, tanto en aulas universitarias como profesor de grado y posgrado, como así también haciéndose cargo de la capacitación empresaria en  organizaciones públicas y privadas, por un lapso de más de cuatro décadas.

Escribió varios artículos, ponencias, tesis y ensayos sobre temas de su especialidad, los que fueron integradas en diversas publicaciones de plaza. Es autor de tres libros técnicos, orientados a la problemática del Liderazgo, y en los últimos años, reorientó sus trabajos a la narrativa, tema este que consideró “Una asignatura pendiente”.

JORGE obtuvo el tercer premio en los juegos de literatura bonaerenses, en el partido de San Martín,  sigue compitiendo por el premio regional.

Compartimos un relato y un poema



LUNA DE HIEL


Las ramas me golpeaban sin piedad en todo el cuerpo. El rostro, el pecho, las

piernas. Sentía la furia de su impiadosa resistencia, mientras corría con

desesperación por ese bosque que parecía no tener fin.

No había dolor, salvo cuando algo chocaba con la herida del brazo. Era

entonces cuando una ardiente sensación me recorría el cuerpo aunque la

tortura del desgarro, apenas afectaba al terror que me impulsaba.

Hacia un rato ya que nada me perseguía. Los rumores de sordas pisadas ya se

habían apagado. Solo me impulsaba el empuje del pánico que sentí cuando

aquella sombra se precipitó sobre mí, lastimándome.

Un claro en el bosque se presentó bruscamente. Me detuve, respirando

agitado, y noté que una fuerza interior me forzaba a observar el cielo nocturno.

Y entonces la ví.

Dominante y soberbia, la luna llena resplandecía sobre un aterciopelado fondo

salpicado de chispas. Solo con verla se comprendía porqué fue, en la historia

de la humanidad, la mayor fuente de inspiración para poetas y locos.

Era ella la reina consorte del cielo, condenada a no poder jamás consumar su

imposible amor. Cuando su rey la esperaba, luminoso y ardiente, ella corría

hacia él, más al llegar ya había partido. Así la misma escena, año tras año,

siglo tras siglo, era tras era…

Por ello con ardiente y resentida frialdad, descargaba su frustración

subyugando el corazón de los románticos.

Así es como miles de almas nostálgicas, habían entrado en una desesperación

que muchas veces las arrastraría a la demencia o al suicidio.

La cruel venganza rendía sus atroces frutos, hiriendo sin piedad los espíritus

sensibles que caían en su contemplación. Y ello sucedió, hasta que, en esa

tibia noche de primavera, casi llega a someter el mío. Puedo recordarlo con

certeza.

Ejerciendo una deslumbrante fascinación, su blancura se adueñó de mis

sentidos impidiendo que pudiera apartar la mirada. Mis pulsaciones se

aceleraron tanto, que llegué a pensar que ella podría escucharlas.

Lágrimas sin pena ni propósito, enturbiaron mi vista, y la respiración, agitada,

no lograba profundidad para satisfacer la sed de mis pulmones.

Amores que sentí alguna vez, y otros que precisé sentir y me fueron negados,

volvían del ayer en una atropellada estampida, que hacía vibrar el espacio con

un sordo rumor de nostalgia.

Todo mi ser temblaba extasiado y herido frente a ella


2


Todo mi ser parecía a punto de caer en su despiadada trampa…

Pero en el último momento, justo cuando la tristeza y la desesperación

comenzaban a tomar el control de mi mente, todo comenzó a cambiar.

Pude percibir olores y sonidos que antes no sentía.

Una corriente de energía se deslizaba por mis huesos.

La herida del brazo quedó reducida a un sordo recuerdo.

La añoranza, el recuerdo y las lágrimas desaparecieron. Una neblina gris y fría,

reemplazó de repente la tibieza circundante. Sentí que mi corazón frenaba su

vertiginoso ritmo, para hacerse más lento y poderoso.

De a poco, el blanco deslumbrante de esa luna llena, comenzó a adquirir un

suave tinte rosado frente a mis ojos terminando por transformarse en un

oscurecido rojo sin brillo, poco después.

Ya no corría amor ni ansia por mis venas. Todo sentimiento había sido

reemplazado por un torrente de sangre salvaje que anhelaba apropiarse de

más sangre.

Sin pensarlo dirigí con brusquedad el rostro al cielo, y de mi boca, que ya no

era tal sino una cosa distinta, surgió un aullido feroz y amenazante que apagó

los sonidos del bosque como un furioso vendaval.

Los roles habían cambiado. Los espíritus sensibles ya no sufrirían más las

penas de amor que los esclavizaban. Desde ese instante, la novia despechada

ya no podría dañar a nadie más.

Ahora comenzaría a ser yo quien lo haría.


Jorge A. Ayoroa

..........

RENUNCIA


Frente a un jardín atiborrado de aromas,

el hombre sostiene en su mano una goma.

Acaricia con ella un rosal robusto,

la pasa con gracia sobre un tierno arbusto,

y borra las flores,

y mil brotes tiernos,

y suaves capullos que no han visto inviernos.


Frota con rudeza la goma azulada

por las plantas todas,

por la verde trama,

por un caminito de pequeñas lajas

que lleva a otras calles también arboladas.


Sólo quedó tierra,

no hay aves ni nada.

Silencio y pesar en la clara mañana.

…………………………………………………………………………………………….


Suspira cansado,

de su goma azul

una migajita tan solo ha quedado.


Gira las dos ruedas de su silla fría,

y entra en su refugio, sin sol ni ventanas

dejando detrás con pena y tristeza

una vida entera, de pronto borrada.


Jorge Alberto Ayoroa

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