viernes, 26 de diciembre de 2025

Escritora invitada: Nélida Bertolone

Tesoros escondidos


De eso se trata, de desarmar la casa, que es casi, casi como desarmar la vida…

A eso lleva una ausencia, a descubrir tesoros escondidos. Y entre la tristeza y la sonrisa que

añora, abro el cajón del bajo mesada. Allí están: Siete bolsitas de diferentes yuyos, abiertas,

doblada su esquina y asegurada cada una de ellas con un clip de diferente color. Porque

seguramente por el color los reconocía cuando seleccionaba cual usar, recién levantada, sin 

los anteojos. A esa hora, sin los lentes salvadores, las letras se transformaban en garabatos

ilegibles para los ojos añejos que nunca habían funcionado del todo bien.

Comienzo a leer sus nombres: Yerba de la piedra, fucus vesiculoso, estigma de maíz, cola de

quirquincho. Me detengo en ese con una sonrisa. ¿alguna vez habré tomado eso camuflado

en el mate? Y mi mano tantea mis nalgas casi para comprobar que ninguna protuberancia

ajena a lo humano esté creciendo allí. Porque no suelo mirar en un espejo esa parte de mi

cuerpo. Mi ocurrencia me ha cambiado el humor. Sigo leyendo: Rompe piedras, melisa y

toronjil, pasionaria. El burucuyá asalta mis recuerdos: Hermosa flor, y mi mamá contándonos

el origen de su nombre. La pared del patio donde crecía irreverente, y en el verano cientos de

bolitas naranjas nos invitaban a jugar a la comidita, siempre y cuando no lo comiéramos,

porque era peligroso. En realidad era dulce, pero eso mamá no lo sabía.




Tengo ganas de imaginar. Tengo ganas de convertirme por un rato en quirquincho y correr

libre por los humedales, quiero que el rompe piedras me dé fuerzas para derribar esa pared

que nos separa. Que el maíz y su estigma devuelva a quienes sufren la dignidad que 

merecen, que la pasionaria les recuerde las ganas de luchar y de saber que algo se logra 

detrás de todo eso.

Entonces, rodeada de tesoros que no esperaba descubrir, pienso: tal vez de eso se trate 

recibir la mejor herencia…


Nélida E. Bertolone

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