Navidades
de antes
Texto: Silvia Vázquez
Ilustración Emiliano Dugo (Ig @dugdibujante)
Recuerdo Navidades de primos y tíos, de mesas enormes, con manteles bordados por las manos de mamá. Un arbolito modesto, con luces que destellaban desde la tarde.
Recuerdo
reuniones en el patio, bajo la parra
verde, de racimos gotas de miel, hasta que salía el sol, juegos de cartas de
Florindo, Miguel , Enrique y Julio, ¡a ver quien era mejor!
Recuerdo
los varones esperando para correr bajo el árbol y buscar sus paquetes. Cuando
daban las doce, pendientes de la tele, brindábamos juntos y nos sentábamos
cerca del ventilador, esperando que sosiegue el calor .
Las chicas
con vestido nuevo, estrenadito recién, hecho por la tía Encarna o madrina Sara
y sandalias blancas, por el calor.
La sidra,
el pan dulce, el turrón y la coca que para eso era Fiesta!. Recuerdo acampe en
el pasto del jardín, mirando las estrellas ya más de adolescentes.
Recuerdo
los tíos y tías hablando de su pueblo, compartiendo el vino y llorando y
riendo…
Estrellitas
dando vueltas, pocos cohetes, por el miedo a quemarnos…
Salir a la
calle a saludar a los vecinos, desearles cosas lindas.
La familia
completa, que se fue desarmando, porque más adelante, era con los padres de la
novia, una fiesta y con los del novio, la otra. Ya no había esa mesa tan
extensa, ni acampe en el pasto, ni corridas bajo el árbol.
Cada año
era uno menos en la lista, pero si en el recuerdo uno más.
Pero el
mejor recuerdo fue haberlo logrado. Haber sentido que para eso fueron ocho
hermanos, sobrinos, y primos. Para estar cuando hacía falta y cuando había
fiesta, o alguno necesitaba una mano.
Hoy años
más tarde, en casa queda el verde pasto, muchas menos personas brindando a las
doce, pero la tele encendida para esperar las doce, una sidra, un champagne, un
turrón pegoteado y una cajita de maníes.
Los regalos
debajo del árbol, esperando que cada uno se lleve el que tiene su nombre.
Agradecidos
por la vida, por el amor, por la familia. Recuerdo Navidades, que seguirán
siéndolo y que renovarán los personajes cada tanto sentados a la mesa larga o
no mucho. Lo mejor de todo es que
seguirá existiendo la fiesta, a pesar del tiempo, y del lugar.
Lo mejor de
todo es estar juntos, ser felices y cumplir esos deseos que pensamos en voz
baja a las doce, cuando estaba encendida la tele y las estrellas brillaban en
una pantalla blanco y negro.
Hoy con
internet, tele color y muchas más comodidades, seguimos pensando deseos, reunidos
con quienes están en presencia y en nuestros corazones.
©Silvia Vázquez

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