viernes, 26 de diciembre de 2025

Narrativa: El mancao

 El mancao



 

Rodolfo había perdido una mano cuando trabajaba en el aserradero. Ya hacía muchos años, pero se había acostumbrado no hacía mucho a utilizar su otra mano para hacer muchas de las cosas que hacía con las dos.

Era un hombre relativamente joven, con muchas ganas de hacer y necesitaba vivir dignamente, por lo cual, no se había retirado y necesitaba trabajar.

Por supuesto, además de las bromas respecto de su discapacidad, no lograba encontrar trabajo fijo, aunque había intentado varias veces hasta en el pueblo de al lado del suyo, sin éxito.

Una mañana de primavera, su vecino Joselino, salió con su camionera hacia la terminal de micros.

Lo saludó como siempre, y puso en marcha el vehículo . Cuando pasó nuevamente por el frente de su casa, vio que en la caja llevaba tres personas con bolsos y cañas de pescar.

Detuvo la camioneta en su vereda y bajó. Rodolfo le preguntó quién era esa gente, a lo que respondió Joselino que había traído visitantes para llevarlos al río a pescar. A pescar? Pensó.

Se le había ocurrido hacía una semana y se comunicó con la agencia de viajes que estaba en el centro, para acomodar el tour de visitas turísticas y agregar ese “extra” solo para hombres”.

Al parecer la idea surtió efecto ya que tenía anotados varios grupos de tres  personas en los próximos tres meses.

Rodolfo, pensó, ¿y por qué no?

Le propuso la idea de acompañarlo y Joselino aceptó. Había sido buen pescador del Paraná, antes del accidente y seguramente aunque no  podría encarnar, ni tirar con el reel, sería un buen maestro. Después de todo, de algo había que vivir.

 ©Silvia Vázquez


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