El mancao
Rodolfo
había perdido una mano cuando trabajaba en el aserradero. Ya hacía muchos años,
pero se había acostumbrado no hacía mucho a utilizar su otra mano para hacer
muchas de las cosas que hacía con las dos.
Era un
hombre relativamente joven, con muchas ganas de hacer y necesitaba vivir
dignamente, por lo cual, no se había retirado y necesitaba trabajar.
Por
supuesto, además de las bromas respecto de su discapacidad, no lograba
encontrar trabajo fijo, aunque había intentado varias veces hasta en el pueblo
de al lado del suyo, sin éxito.
Una mañana
de primavera, su vecino Joselino, salió con su camionera hacia la terminal de
micros.
Lo saludó
como siempre, y puso en marcha el vehículo . Cuando pasó nuevamente por el
frente de su casa, vio que en la caja llevaba tres personas con bolsos y cañas
de pescar.
Detuvo la
camioneta en su vereda y bajó. Rodolfo le preguntó quién era esa gente, a lo
que respondió Joselino que había traído visitantes para llevarlos al río a
pescar. A pescar? Pensó.
Se le había
ocurrido hacía una semana y se comunicó con la agencia de viajes que estaba en
el centro, para acomodar el tour de visitas turísticas y agregar ese “extra”
solo para hombres”.
Al parecer
la idea surtió efecto ya que tenía anotados varios grupos de tres personas en los próximos tres meses.
Rodolfo,
pensó, ¿y por qué no?
Le propuso
la idea de acompañarlo y Joselino aceptó. Había sido buen pescador del Paraná,
antes del accidente y seguramente aunque no
podría encarnar, ni tirar con el reel, sería un buen maestro. Después de
todo, de algo había que vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario