Los pibes
Estaban jugando al lado de
los autos, en la playa de la estación de servicio de la autopista.
Tenían alrededor de 12
años. Los ojos tristes de uno de ellos y la sonrisa del otro, llamaron su
atención.
- ¿Le cuido el auto? Le preguntó el más alto, de sonrisa
amplia.
- Bueno- les dijo- pero te doy después.
Tironeó de la manga de la remera gastada al compañero
y lo llevó hasta debajo del sauce.
Cuando se sentó a tomar el
café, ella vio que entraron a pedir. El de ojos tristes se acercó y el otro
volvió a tironearlo:
- La señora dijo que después. Le cuido ,¿no?
Pasaron por el pasillo y
les dieron unas medialunas. Tal vez esa sería la única comida que recibirían
ese día.
Se sentaron frente al
televisor y comieron prolijamente bajo la mirada atenta del vigilador, que
estaba parado del otro lado del vidrio.
Se asombraron al ver en
las noticias, la reconstrucción de un hecho violento ocurrido en 2010, salidera
bancaria con el saldo de una mujer embarazada
baleada que perdió a su bebé días más tarde.
Comentaron como adultos:
-Estos pibes estaban
relocos, ¡cómo le van a tirar a una mujer embarazada!
Repartieron las medialunas
y comieron lentamente.
El de ojos tristes jugaba
con la bolsa de papel, aspirando el vacío. Al de sonrisa no le gustó y se la
sacó de las manos.
Limpió las migas de la
mesa y llevó la bolsa de papel al cesto.
Ella pensaba, de donde
serían y por qué no estaban en el colegio. Ya era casi mediodía. No le dieron
oportunidad de preguntarle.
La camarera les entregó una
bolsa , llena de empanadas, que recogieron del mostrador de atrás,
Se perdieron entre los
autos y cruzaron el baldío hacia el
norte, entre las cortaderas que bordeaban la colectora.
Cuando ella subió al auto
y llegó al puente, estaban ahí, repartiendo el botín con dos nenas de unos 4
años.
La miraron, y con un “Chau
señora, gracias” siguieron caminando hacia el norte.
Esa tarde, ella se sintió un poco mejor. Después de todo, era
madre.

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