Al verla preocupada el médico la invitó para almorzar juntos . Magda aceptó un poco
avergonzada, pero su corazón latía acelerado y para frenar un poco su ansiedad, le pidió
al jefe de la estación que le enviara un mensaje a su padre para decirle a donde se encon-
traba, ya que con su emoción a flor de piel se había olvidado de la preocupación que les
pudo haber causado al no saber nada de ella en tantas horas después de sus ocupaciones
habituales.
Conversaron amigablemente, ella le contó de sus ambiciones y proyectos, de cuanto le gus-
taban los niños y que por eso había elegido ser maestra.El sólo se refirió a su profesión, soñaba con tener un consultorio en un lugar tranquilo, silencioso, tranquilo como Palma,elogió sus bonitos ojos,Son verdes y húmedos como los bosques- le dijo- y el corazón de Magda dejó de latir por unos instantes.
No sabía como contarle a sus padres su inapropiada conducta, cómo decirles que sólo quería ver y estar con ese hombre que le quitaba el sueño y que ella había interpretado , según su conveniencia e ilusiones que quería instalarse en Palma para estar con ella.
Todos los martes y jueves, ella esperaba en el andén a que pasara el tren con su pasajero favorito y él repetía día por día el saludo sacándose el sombrero , y alzar apenas un poco la mano para saludarla ,no hubo otra cosa.
En el pueblo se comentaba el cambio que había hecho Magda con respeto a su conducta, se la veía muy liberal, muy entusiasmada, a tal punto que un día viajó al pueblito mas adelantado de la zona y compró una hermosa tela blanca y unos metros de tul para confeccionar su vestido de novia. A su madre le preocupaba la conducta de su hija, ya que el joven nunca le había propuesto ni siquiera conocer a su familia y pedir la mano formalmente a su padre, como era la costumbre de esa época -
Con su mente sólo ocupada en sus pensamientos, imaginándose un futuro venturoso junto a ese hombre del que se había enamorado ,pasó ese invierno.
Hasta la próxima entrega del 5to. y último capítulo del cuento.
©Leonor Pires
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