Compartimos algunas fotos del encuentro literario y una obra leída por el Sr Presidente de SADE, Ernesto Rogines y una del Sr Daniel Frini
LECTURASQue
lo parió, qué linda es.
Es
nuestra bandera y es un pedazo de tela. Pero también es nuestra Patria.
Es mi abuelo italiano llevándonos, en la
moto con sidecar que armó él solito en su taller, a don Riquetta y a mí, a
pescar en un arroyito de morondanga en medio del monte, dándome uno de los
mejores días de mi infancia.
Es mi abuela poniéndome una botella de
ginebra, de aquellas de barro, con agua caliente, en la cama que me armaba en
su habitación, para pasar otra noche fría en las vacaciones de invierno.
Es mi vieja llevándome en brazos, en el
sulky, para pasar otra semana dando clases en la escuelita del campo de los
Moreno, allá donde los últimos cerros de las Sierras Chicas se hunden en la
llanura.
Es mi viejo buscando su Ciudad de los
Césares en el Impenetrable.
Es el Marito Kempes con los brazos
abiertos, como queriéndonos abrazar a todos después del tercero a Holanda y el
Diego dejándome afónico de tanto gol y con los ojos rojos de tanto llanto, en
los diez segundos que duró la barrileteada contra los ingleses y es la pelota
entrando al arco, allá abajo, a la izquierda, en el penal de Montiel, que nos
dio, a mi hijo y a mí, un abrazo teñido de lágrimas mientras la Pulga nos
abrazaba a nosotros y al cielo desde el televisor.
Es Favaloro, y Cortázar y Borges y Leloir,
y Atahualpa y la Negra y el Indio y los huevos que ponen los Pumas. Y los
huevos que ponen las Leonas. Y los huevos que ponen Benito y Rogelio y Enrique
manejando las máquinas en la fábrica y sabiendo que cada golpe de balancín es
un bocado para los críos.
Es nuestro ejército, pero no el de Roca;
sino el del San Martín enfermo en algún peñón de los Andes, soñando la epopeya
que nos daría la libertad; el de Cosme Maciel izándola, por primera vez, en la
Isla del Espinillo, mientras Belgrano la saludaba con su sable; el de la Flor
del Alto Perú al frente de treinta mujeres, en el Villar, cargando contra La
Hera, y quitándole su estandarte; el de los indios y los negros cuyos huesos
anónimos andan secándose en los montes del norte o en los pastizales de la pampa.
Y es también, mal que me pesa, vergüenzas como la de la Triple Alianza.
Es mis hermanos que duermen en las Islas.
Y los muertos mal muertos de la Patagonia.
Y los pobrecitos masacrados de Napalpí y Rincón Bomba. Y la viejita que llora
sus míseras monedas cuando sale del banco.
Y soy yo, y otros mil como yo, vestidos en
ropa de fajina, con un frio padre, a las seis y media de la mañana; cantándole
el inentendible «azulunala / del color del cielo», en posición de firmes,
saludo uno —la mano derecha sube, siguiendo la línea de botones de la
garibaldina, con el pulgar pegado a la palma, los demás dedos y la mano
siguiendo una línea con el brazo; el codo hacia atrás—; y el Maic pegándole un
tincazo al Sordo, en su oreja con sabañones; y nosotros con los ojos llenos de
lágrimas, aguantando la carcajada.
Nadie me saca el orgullo de haberla
portado allá por los setenta y antes que se nos viniese la noche; y de que mi
hijo la haya llevado hace unos años, cuando andábamos despertando de la más
terrible debacle de nuestra historia.
Y ella allá arriba, en el centro del Patio
de Armas, hermosa, inmaculada, brillante aún con la noche y las estrellas de
fondo; o con el primer rayo de sol de la mañana intentando hacerle competencia.
Y es hermosa.
Y no hay ni habrá hijo de puta que la
manche. Por nada del mundo.
Que lo parió. Qué linda es.
Feliz día bandera.
©Daniel Frini


Fracasé como padre
Los días más luminosos de mi vida son aquellos en que voy con mi hijo Ramiro a la cancha a
ver a Racing
Aún me emociona hasta las lágrimas verlo con su camiseta, con su gorrito o vincha, con la
bandera, gritando conmigo y toda la tribuna “ Acadè Acadè Acadè “
Entonces comprenderán el porqué de mi derrumbe emocional cuando, al pasar por la puerta
de lahabitación de Rami, lo oigo decirle a un amiguito, --Yo soy de Boca-- Bueno, las piernas
me fallaron y fui derivando lentamente hacia el suelo, me dio una puntada en la base de la
nuca, se me durmió el brazo izquierdo y creo que un infarto masivo hubiera sido un alivio.
Fui a la sala, me serví un whisky, me tapé la cara con ambas manos y me puse a llorar. –
Porqué, en qué fallé ???. Notaba que era el fracaso más grande de mi vida y no podía enfrentarlo.
Le pregunté a mi mujer – Vos sabías algo? Decime por favor, fue culpa mía? No,no…no
digas nada, seguro que fue mi culpa—Le hablaba y hablaba a mi mujer que estaba tan
desconcertada como yo.
Caminé después, por las calles mirando el suelo—Fracasé como padre, fracasé como padre—
Me crucé con Luis, mi viejo y querido amigo Luis – Pero che, que te pasa, porqué andas con
esa cara?--
--La fregué Luis—y mi mirada divagaba perdida –La fregué, fracasé como padre….Ramirito
me salió de Boca.--
--Estás seguro che, capaz que es una broma… o le dio algo, no? que se yo…--
Lo dejé a Luis con su expresión consoladora pero yo sé bien que él también me culpaba por
mi fracaso como padre.
Mis pasos me llevaron sin rumbo fijo y en un momento veo que estoy frente a la iglesia. Algo
incómodo y dudoso entre y me senté en un banco. Me costaba levantar la cabeza y capaz
que era por vergüenza, hacía 17 años que no pisaba una iglesia, desde mi casamiento. Pero
estaba ahí y El tendría que escucharme – Oh dios, tú que eres el mas perfecto, el mas
eterno… bueno vos sabès que…no, no. Perdón….. tu sabes que soy un buen cristiano…
pero… que pasó?… porqué me habéis.. birlado la sangre de mi hijo? Mira, mira dios, si me
devolvéis el corazón celeste y blanco de mi hijo, yo te banco que, en unos años me mandéis
una nuera gallina. Y?… que os parece dios divino, hermoso y… y divino?---
Al volver a casa decidí tomar al toro por las astas. Enfrentaré a Ramiro y le preguntaré en que
fallé, porqué fracasé con él?.
---Ramirito, Ramirito, hijito …ah…hola Rami.. Sabès qué?.... o sea….te quería
preguntar….ehhh…porqué… porqué sos de Boca?--- ( los ojos se me inundaron y un lanzazo
atravesó mis tripas)
--Que qué??? Que decís, pà? --.
– Bueno, el otro día escuché que se lo decías a un amiguito-
--No, pà, estábamos jugando a la play y me tocó Boca—
La vida volvió a tener sentido, los pájaros cantaban, la primavera estalló con sus fragancias y
mi corazón cicatrizó con pinceladas de miel.
Pero esa sensación de fracaso…. Bueno… espero no volverla a sentir.
©Ernesto Rogines
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