viernes, 27 de febrero de 2026

Relato: Nunca se sabe...

 Nunca se sabe…

 


-No le hagas caso a esa, que es una tonta, le dijo Mariana, la de pelo largo y rubio que siempre llamaba la atención.

- Esa está siempre con la otra tonta, la que apenas habla, son tal para cual

- ¿Ah si? No sabía que eran amigas

- No sé si amigas pero están siempre juntas, no viste?

-SI, se sientan juntas, pero la verdad no las conozco mucho a ninguna de las dos. Algunas vez les preguntaste por qué son tan calladas?

-No, ni me interesa molestarme. Cuchichean entre sí, apenas responden cuando una profesora pregunta algo, o sale a los recreos y se asilan. No les hagas caso, sé lo que te digo.

A pesar de eso, Mariana se acercó a las dos chicas que no “se juntaban” con el resto del grupo y les habló. Al principio apenas le respondieron pero de a poco llegaron a  entenderse.


- No son raras, ni tontas, le dijo a Susana, apenas tímidas y si nosotras no les hablamos ellas tampoco lo hacen, ¿no te diste cuenta?

-No me interesa hablarles. No van a llegar a nada, vas a ver, que se quedan solas, ni creo que hayan salido alguna vez con alguien, ya a esta edad…

-Estás equivocada, Susana, Silvina tiene novio hace un año y Betina hace dos. Apenas sabés de ellas, o diría casi nada, ¿por qué las etiquetás de tontas entonces?

- Te dije que no me interesa hablarles.

Años más tarde, en una reunión de egresados, volvieron a encontrarse. Mariana las vio entrar y fue a su encuentro. Susana las miró de arriba abajo y se dio vuelta. Las chicas, seguían siendo amigas. Ambas lucían hermosas y sonrientes. Tanto Susana como Mariana habían sumado varios kilos y se las veía tristes. Silvina era actriz y Betina una escritora que comenzaba a ser conocida en los medios. Casualmente su libro más exitoso se llamaba “Como ignorar a tus enemigos”.

Susana escuchó la conversación de las chicas con Mariana y se les acercó sonriendo falsamente.

-          Hola, ah si, ahora las recuerdo. ¿Cómo están?

Ambas se miraron y la saludaron cordialmente. Pocos minutos más tarde  Betina estaba firmando un ejemplar de su libro a Marcelo, que lo había llevado especialmente para ese fin, y Silvina sacó de su bolso diez entradas para el teatro, el estreno que era el siguiente sábado.

La única que no llegó a obtenerlas fue Susana. La noche del sábado estuvo el teatro colmado, sus ex compañeras de escuela, le entregaron un enorme ramo de flores. Detrás de la taquilla, estaba Susana, esperando a que terminaran los aplausos del público ovacionando su actuación.

Sola, se retiró del lugar, detuvo al colectivo que paraba en la puerta y volvió a su casa. Las chicas festejaron en Puerto Madero el gran éxito.

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