Nunca se sabe…
-No le
hagas caso a esa, que es una tonta, le dijo Mariana, la de pelo largo y rubio
que siempre llamaba la atención.
- Esa está
siempre con la otra tonta, la que apenas habla, son tal para cual
- ¿Ah si?
No sabía que eran amigas
- No sé si
amigas pero están siempre juntas, no viste?
-SI, se
sientan juntas, pero la verdad no las conozco mucho a ninguna de las dos. Algunas
vez les preguntaste por qué son tan calladas?
-No, ni me interesa
molestarme. Cuchichean entre sí, apenas responden cuando una profesora pregunta
algo, o sale a los recreos y se asilan. No les hagas caso, sé lo que te digo.
A pesar de eso, Mariana se acercó a las dos chicas que no “se juntaban” con el resto del grupo y les habló. Al principio apenas le respondieron pero de a poco llegaron a entenderse.
- No son raras, ni tontas, le dijo a Susana, apenas tímidas y si nosotras no
les hablamos ellas tampoco lo hacen, ¿no te diste cuenta?
-No me
interesa hablarles. No van a llegar a nada, vas a ver, que se quedan solas, ni
creo que hayan salido alguna vez con alguien, ya a esta edad…
-Estás
equivocada, Susana, Silvina tiene novio hace un año y Betina hace dos. Apenas
sabés de ellas, o diría casi nada, ¿por qué las etiquetás de tontas entonces?
- Te dije
que no me interesa hablarles.
Años más
tarde, en una reunión de egresados, volvieron a encontrarse. Mariana las vio
entrar y fue a su encuentro. Susana las miró de arriba abajo y se dio vuelta.
Las chicas, seguían siendo amigas. Ambas lucían hermosas y sonrientes. Tanto
Susana como Mariana habían sumado varios kilos y se las veía tristes. Silvina
era actriz y Betina una escritora que comenzaba a ser conocida en los medios.
Casualmente su libro más exitoso se llamaba “Como ignorar a tus enemigos”.
Susana
escuchó la conversación de las chicas con Mariana y se les acercó sonriendo
falsamente.
-
Hola,
ah si, ahora las recuerdo. ¿Cómo están?
Ambas se
miraron y la saludaron cordialmente. Pocos minutos más tarde Betina estaba firmando un ejemplar de su
libro a Marcelo, que lo había llevado especialmente para ese fin, y Silvina
sacó de su bolso diez entradas para el teatro, el estreno que era el siguiente
sábado.
La única
que no llegó a obtenerlas fue Susana. La noche del sábado estuvo el teatro
colmado, sus ex compañeras de escuela, le entregaron un enorme ramo de flores.
Detrás de la taquilla, estaba Susana, esperando a que terminaran los aplausos
del público ovacionando su actuación.
Sola, se
retiró del lugar, detuvo al colectivo que paraba en la puerta y volvió a su
casa. Las chicas festejaron en Puerto Madero el gran éxito.

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