viernes, 23 de enero de 2026

Escritor invitado: Evans Okan- "La herida de las palabras" (Parte 1)

 

El intento de suicidio.

 

 


El intento de suicidio.

 

 

Cuernavaca, país de México, 15 de enero, bajo un cielo que se desangraba en gris.

 

Hay lugares, incluso muy cerca de casa, donde los suicidios son frecuentes, al igual que hay eventos que pueden ocurrir en cualquier momento y llevar a una persona a quitarse la vida. La tasa mundial de suicidios es alarmante; en promedio, casi 3.000 personas se quitan la vida cada día para escapar de la insoportable carga de su sufrimiento. Según datos de la Organización Mundial de la Salud y diversas organizaciones de salud mental, más de 700.000 personas mueren por suicidio cada año en todo el mundo. Pero ¿qué hace que alguien deje de buscar el mañana?

Según los expertos, estas causas incluyen traumas profundos, diagnóstico de una enfermedad terminal, desesperación y trastornos como el trastorno bipolar, la adicción, la depresión o la esquizofrenia, todos los cuales pueden llevar a un intento de suicidio. Sin embargo, estos no son los únicos factores de riesgo significativos. Hay otros, menos obvios, como el impacto hiriente de ciertas palabras. Y como siempre, detrás de cada estadística se esconde una historia.

 

            Así, en las calles de Cuernavaca, donde el silencio es un peso que duele, una historia se pierde, sin testigos, sin verdades, solo sombras.

Era una tarde de enero, más fría de lo habitual en Morelos debido a la lluvia, mientras la luz del día comenzaba a desvanecerse, creando una atmósfera incierta y melancólica. Al cruzar el paso del Puente Apatlaco, famoso por ser un puente sin fin, también conocido como el Puente Fantasma por haber estado desconectado de una carretera durante mucho tiempo, una joven estudiante de enfermería descubrió a un hombre colgado del puente, a punto de saltar; quería quitarse la vida.

Al principio, la joven no entendía qué estaba pasando. Pensó que era un trabajador municipal de mantenimiento, pero eso le parecía muy inusual a esa hora del día. Al acercarse, vio a un hombre adolorido como si el peso del mundo le oprimiera los hombros. Vestía pantalones cortos de mezclilla, tenía la camisa desabrochada y estaba descalzo. Sin embargo, se dio cuenta de que no era un indigente ni un drogadicto más. Al contrario, parecía un hombre respetable, pero tenía un gran sufrimiento grabado en su rostro. Debía de tener unos treinta y cinco años, parecía inconsolable como un hombre que había luchado durante un tiempo contra sus demonios internos, pero que, en esa tarde lluviosa, parecía haber llegado a su límite. Entonces, la profundidad del río, corriendo furiosa bajo el puente, lo llamó, como un dios católico que prometiera aliviar su dolor.

        ¿Por qué, si había elegido el camino de la rectitud, si anhelaba ser un hombre íntegro… ¿Por qué el mundo parece cegar a la bondad, y nadie cree en el amor y la lealtad?... Prefiero sucumbir a la sombra de mi propia dignidad antes de tragarme esta hiel de la desilusión.

Mientras la lluvia arremetía contra su rostro, recordó momentos de su vida: risas compartidas, sueños destrozados y promesas incumplidas. El retorno de las voces de aquellos que habían importado en su vida todavía resonaba en su memoria. Y de repente, el sonido de unos pasos le hizo volver al presente.

        «¿Qué hacer ante una persona con tendencias suicidas? ¿Debemos decirle que es su vida y que, por lo tanto, tiene derecho a terminarla si así lo desea, o debemos empatizar con su sufrimiento e intentar prevenirlo?»  – Este fue el tema del reciente seminario al que la futura enfermera asistió hace dos semanas sobre habilidades y valores relacionales.

La chica se acercó sin miedo. Su mirada era firme pero compasiva; sus ojos reflejaban una empatía que trascendía las palabras. Se detuvo a una distancia prudente, consciente de la fragilidad del momento. Sin embargo, en su ser había una determinación palpable, como si supiera que un simple gesto podría cambiar el rumbo de la situación.

        ¿Qué tal si hablamos un momento?  Preguntó la joven estudiante.

No era sólo tristeza o angustia, sino una mezcla de resignación y nostalgia lo que impregnaba a este hombre. Él dudó, con el rostro desencajado por el deseo de lanzarse al vacío y la incertidumbre de lo desconocido. Pero a pesar de todo, en ese preciso instante, mientras la lluvia seguía cayendo, algo cambió en el aire.

        "No mames" Dijo. Haciendo uso de una expresión mexicana vulgar y muy común que a veces se usa para expresar sorpresa, incredulidad, enojo o algo similar.

 

        Recuerda que, aunque te sientas solo, siempre has tenido un lugar en el corazón de otros – Contesto la chica.

Sin embargo, para este hombre, esos recuerdos ahora parecían lejanos, como sombras que se desvanecían en la niebla. Entonces, como inspirada por una voz misteriosa, la joven enfermera, decidida a no rendirse, comenzó a recitar unos versos.

 

«RESPIRA para que el humo se desvanezca hacia la luna del Oeste,

como si una constelación anhelada, sobre las copas de los pinos,

resurgiera más allá de las calvas colinas heladas y comprimidas…»

 

El hombre colgado del puente era Vicardo Larisa, reconocido poeta morelense, autor de cuatro libros. Había aparecido en varias antologías de poesía y cuentos, tanto a nivel nacional como latinoamericano; también había recopilado muchas otras. Y fueron algunos de sus versos los que recitó la joven.

 

        ¿Qué mamadas son estas? –  Otra palabra mexicana para “Tonterías”, lanzo el poeta.

 

        He leído tus poemas. Empezamos a leer poesía como parte de nuestra formación de enfermería porque, durante la última visita de poetas a nuestra escuela, afirmaron que la poesía y la medicina comparten el mismo objetivo de curar los males de la humanidad, excepto que los médicos y las enfermeras tratan el cuerpo mientras que los poetas tratan el alma.

 

        ¿De qué sirve la poesía si la gente no compra libros?

 

        Las cosas más esenciales de la vida no tienen precio, señor; no todo se vende, ni todo se puede comprar.

 

        Sólo porque seas enfermera no significa que lo sepas todo; sigues siendo una estudiante, ¡no mames!

 

        ¿Sabía usted, señor, que el sector médico tiene la tasa de suicidio más alta? Los poetas decían ese día que un poema puede invitarnos a ver el mundo con nuevos ojos, animarnos a encontrarle sentido a la simplicidad y reconocer que incluso en la adversidad, existe la belleza. Así que, dígame, ¿qué le pasa?

 

El poeta, profundamente conmovido por las palabras de la joven estudiante de enfermería, no pudo evitar abrirle su corazón. No fue exactamente una respuesta, sino un rayo de esperanza, un instante fugaz en el que la vida se presentaba de nuevo como una opción. Con los primeros rayos del crepúsculo iluminando tenuemente el paisaje, El puente de Apatlaco ya no era sólo un lugar de desesperación, sino que en ese momento también se convirtió en un escenario donde, al son de la lluvia y la brisa húmeda, la vida podía continuar.

 

 

La decepción amorosa

 

Se suele decir que "las palabras hieren más que una espada", y esta afirmación resuena con una dolorosa verdad en la cabeza del poeta. Por otro lado, dentro de las complejidades de las relaciones, surgen frecuentes debates sobre la importancia del apoyo financiero y su influencia en la dinámica entre hombres y mujeres. Algunos argumentan que una mujer que espera que un hombre la mantenga económicamente carece de autonomía, lo que debilita la relación. Sin embargo, más allá de las consideraciones financieras, existen valores profundos y esenciales que constituyen la verdadera base de cualquier relación.

 

Así la noche anterior, llegando de un viaje literario a Veracruz, el poeta visitó la casa de su pareja, quien había celebrado su cuadragésimo segundo cumpleaños dos días antes. Divorciada y viviendo sola, llevaba poco más de dos años compartiendo varias noches de orgasmos potentes con el poeta en ese mismo lugar. Pero en esa ocasión, casi a medianoche, la novia seguía en el jardín bebiendo cerveza y fumando cannabis con su "amigo, chamán y danzante prehispánico" que apestaba a alcohol. Hablaban cara a cara, a menos de un metro de distancia, mientras la mujer le tocaba la pierna, el brazo y el hombro. Al notar la presencia de su novio, entonces, le dijo a su amigo prehispánico, tocándolo de nuevo:

         –  Hermano, tienes un ego enorme.

        –  Ego mis huevos –   declaró el poeta mexicano.

Según él, en esta “Era de Acuario”, como la llaman los místicos y que representa el regreso de la luz y la sabiduría al planeta, muchos gurús, maestros espirituales, chamanes, instructores de “Un curso de Milagros” en línea y guardianes de la transmisión de conocimientos ancestrales se aprovechan principalmente de mujeres divorciadas que buscan un remedio para su vacío emocional. Pero al final son estos charlatanes del “mundo luciferiano”, como lo llama la escuela esenia, quienes terminan llenando sus propios vacíos carnales y energéticos con estas mujeres ingenuas.

Para su gran sorpresa, su novia, por el contrario, no abordó la conversación desde una perspectiva esencialmente metafísica. En cambio, defendió su derecho a tener amigos, incluyendo el derecho a invitarlos a cualquier hora de la noche a beber y fumar, sobre todo si era ella quien pagaba el alquiler.

El poeta por su lado, tenía una lectura completamente diferente sobre los hechos.

Si todo esto es correcto, ¿por qué le temblaba la mano al bailarín prehispánico cuando lo saludé? ¿Estaba nervioso por algo?

 

Desde la perspectiva del hombre, aquí se despliega otro debate significativo: la posibilidad de una amistad auténtica entre mujeres y hombres, al margen de los territorios del amor y las expectativas veladas.

Las mujeres propugnan la posibilidad de un vínculo platónico, mientras los hombres argumentan que la tensión sexual es un componente inherente. ¿Quién ostenta la verdad? Quizás ninguno, pues la respuesta yace en la singularidad de cada individuo y su historia personal. Sin embargo, esto nos lleva a cuestionar los límites que deben establecerse sin comprometer el respeto y la integridad personal. ¿Y de qué tipo de integridad estamos hablando, por supuesto, cuando sabemos que los hombres siempre han sido percibidos como seres guiados por instintos primarios, donde la atracción física juega un papel dominante? Por lo tanto, al descubrir a su novia bebiendo y fumando con el chamán bailarín, la imaginación del poeta se incendió: percibió alcohol y fuego, una mezcla presta a estallar en cualquier instante.

Claro que esto no significa que todos los hombres sean exclusivamente sexuales. Muchos valoran la amistad y son capaces de apreciar una conexión emocional sin añadir una dimensión sexual. ¿Pero son tan fáciles de encontrar? En cualquier caso, según nuestro amigo, no será un encuentro casual con unas cervezas en casa de una mujer que ya ha bebido. ¿Acaso no es verdad, confesada por el amante desdeñado, que en muchos hombres late un deseo oculto, aunque permanezca silenciado?

 

     Una mujer debe ser dueña de su valor, trazando límites que resguarden no solo su equilibrio emocional, sino también su estima propia y la percepción que otros tienen de ella —Exclamó finalmente el poeta, justo cuando su compañera lo empujaba.

 

     Hablas como mi padre, eres un hombre aburrido. — Gritó enojada la mujer, antes de cerrar la puerta de un portazo para salir y despedirse de su “amigo, chamán y bailarín prehispánico”.

 

Sumando el tiempo que duró la discusión detrás la puerta de la habitación con su novio indignado, eran exactamente las 00:50.

Después de pasar otra media hora afuera, la mujer abrazó al bailarín chamánico por un largo rato en el jardín, luego otro en el portón metálico para “la caminata” como dicen en México, y regresó a su casa para pedirle a su novio que también se fuera, no sin antes revelarle algunas verdades que había mantenido ocultas en su vientre por mucho tiempo.

 

     No eres nadie. Tu nombre no significa nada; Es como pronunciar el nombre de cualquier otro individuo de la zona de ceramistas de la Colonia 3 de Mayo. En cualquier caso, la poesía no te llevará a ninguna parte". Es más, una semana antes, esta misma mujer le había aconsejado al poeta que dejara de escribir un tiempo y se dedicara exclusivamente a vender azúcar y huevos en un barrio obrero del municipio de Temixco.

 

Ella le escupió en la cara, recordándole que varias veces le había ofrecido un plato de comida o había tenido que dividir la cuenta en el restaurante. Para justificar su enojo, presentó su teoría 70/30 que había aprendido en TikTok, según la cual, en una relación, el hombre, para ser considerado como tal, debe cubrir todos los gastos: casa, coche, negocio, ropa, zapatos, joyas, viajes, matrícula escolar, comida, agua, vacaciones, etc. Por lo tanto, si, y solo si, en el improbable caso de una crisis grave, la mujer contribuyera, sería en un treinta por ciento. Finalmente, después de someter al poeta a tres horas de palabras hirientes, gritos y reproches, lo echó a las tres de la mañana.

     Vete, no quiero verte más, mejor vete a coger con tu puta madre.

 

     Hay más mujeres para el sexo que para la vida. — dijo el poeta al despedirse.

 

Al recordar esas crueles palabras, sintió que se le partía el corazón en dos y estuvo a punto de lanzarse al vacío. La joven logró agarrarlo del brazo y le pronunció palabras de consuelo, impregnadas también de profunda sabiduría.

En cierto modo, cuando alguien decide no elegir sus palabras con cuidado, puede tener consecuencias devastadoras. Una crítica maliciosa, un insulto disfrazado de broma o incluso un comentario despectivo pueden calar hondo en la psique de una persona y dejar cicatrices invisibles que nunca sanan del todo. Peor aún, las heridas emocionales que infligen tales palabras pueden llevar a un estado de desesperación y tristeza tan profundo que, en algunos casos extremos, la persona afectada se siente empujada al borde del suicidio.

     Espera, dame tiempo para interpretar la historia a mi manera. Y recuerda esto: cada persona se define por sus palabras y es igual a ellas; por lo tanto, no tienes por qué sentirte afectado, ya que tu voz es diferente. La futura enfermera le dijo al poeta, recordando que una enfermera, como un poeta, hace el mismo trabajo: salvar vidas.

 ©Evans Okan

(editada a pedido del autor)

CONTINUA EL PROXIMO VIERNES

 

 

 

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