El intento de suicidio.
El intento de suicidio.
Cuernavaca, país de México,
15 de enero, bajo un cielo que se desangraba en gris.
Hay lugares, incluso muy
cerca de casa, donde los suicidios son frecuentes, al igual que hay eventos que
pueden ocurrir en cualquier momento y llevar a una persona a quitarse la vida. La
tasa mundial de suicidios es alarmante; en promedio, casi 3.000 personas se
quitan la vida cada día para escapar de la insoportable carga de su
sufrimiento. Según datos de la Organización Mundial de la Salud y diversas
organizaciones de salud mental, más de 700.000 personas mueren por suicidio
cada año en todo el mundo. Pero ¿qué hace que alguien deje de buscar el mañana?
Según los expertos, estas causas
incluyen traumas profundos, diagnóstico de una enfermedad terminal,
desesperación y trastornos como el trastorno bipolar, la adicción, la depresión
o la esquizofrenia, todos los cuales pueden llevar a un intento de suicidio.
Sin embargo, estos no son los únicos factores de riesgo significativos. Hay
otros, menos obvios, como el impacto hiriente de ciertas palabras. Y como
siempre, detrás de cada estadística se esconde una historia.
Así, en las calles de Cuernavaca,
donde el silencio es un peso que duele, una historia se pierde, sin testigos,
sin verdades, solo sombras.
Era una tarde de enero, más fría de
lo habitual en Morelos debido a la lluvia, mientras la luz del día comenzaba a
desvanecerse, creando una atmósfera incierta y melancólica. Al cruzar el paso del
Puente Apatlaco, famoso por ser un puente sin fin, también conocido como
el Puente Fantasma por haber estado desconectado de una carretera
durante mucho tiempo, una joven estudiante de enfermería descubrió a un hombre
colgado del puente, a punto de saltar; quería quitarse la vida.
Al principio, la joven no entendía
qué estaba pasando. Pensó que era un trabajador municipal de mantenimiento,
pero eso le parecía muy inusual a esa hora del día. Al acercarse, vio a un
hombre adolorido como si el peso del mundo le oprimiera los hombros. Vestía
pantalones cortos de mezclilla, tenía la camisa desabrochada y estaba descalzo.
Sin embargo, se dio cuenta de que no era un indigente ni un drogadicto más. Al
contrario, parecía un hombre respetable, pero tenía un gran sufrimiento grabado
en su rostro. Debía de tener unos treinta y cinco años, parecía inconsolable
como un hombre que había luchado durante un tiempo contra sus demonios
internos, pero que, en esa tarde lluviosa, parecía haber llegado a su límite.
Entonces, la profundidad del río, corriendo furiosa bajo el puente, lo llamó,
como un dios católico que prometiera aliviar su dolor.
–
¿Por qué, si había elegido el camino de la rectitud, si
anhelaba ser un hombre íntegro… ¿Por qué el mundo parece cegar a la bondad, y
nadie cree en el amor y la lealtad?... Prefiero sucumbir a la sombra de mi
propia dignidad antes de tragarme esta hiel de la desilusión.
Mientras la lluvia arremetía contra
su rostro, recordó momentos de su vida: risas compartidas, sueños destrozados y
promesas incumplidas. El retorno de las voces de aquellos que habían importado
en su vida todavía resonaba en su memoria. Y de repente, el sonido de unos
pasos le hizo volver al presente.
–
«¿Qué hacer ante una persona con tendencias suicidas?
¿Debemos decirle que es su vida y que, por lo tanto, tiene derecho a terminarla
si así lo desea, o debemos empatizar con su sufrimiento e intentar prevenirlo?»
– Este fue el tema del reciente
seminario al que la futura enfermera asistió hace dos semanas sobre habilidades
y valores relacionales.
La chica se acercó sin miedo. Su
mirada era firme pero compasiva; sus ojos reflejaban una empatía que trascendía
las palabras. Se detuvo a una distancia prudente, consciente de la fragilidad
del momento. Sin embargo, en su ser había una determinación palpable, como si
supiera que un simple gesto podría cambiar el rumbo de la situación.
–
¿Qué tal si hablamos un momento?
– Preguntó la joven estudiante.
No era sólo tristeza o angustia, sino
una mezcla de resignación y nostalgia lo que impregnaba a este hombre. Él dudó,
con el rostro desencajado por el deseo de lanzarse al vacío y la incertidumbre
de lo desconocido. Pero a pesar de todo, en ese preciso instante, mientras la
lluvia seguía cayendo, algo cambió en el aire.
–
"No mames" – Dijo. Haciendo uso de una expresión
mexicana vulgar y muy común que a veces se usa para expresar sorpresa,
incredulidad, enojo o algo similar.
–
Recuerda que, aunque te sientas solo, siempre has tenido un
lugar en el corazón de otros – Contesto la chica.
Sin embargo, para este hombre, esos
recuerdos ahora parecían lejanos, como sombras que se desvanecían en la niebla.
Entonces, como inspirada por una voz misteriosa, la joven enfermera, decidida a
no rendirse, comenzó a recitar unos versos.
«RESPIRA para que el humo
se desvanezca hacia la luna del Oeste,
como si una constelación
anhelada, sobre las copas de los pinos,
resurgiera más allá de las
calvas colinas heladas y comprimidas…»
El hombre colgado del
puente era Vicardo Larisa, reconocido poeta morelense, autor de cuatro
libros. Había aparecido en varias antologías de poesía y cuentos, tanto a nivel
nacional como latinoamericano; también había recopilado muchas otras. Y fueron
algunos de sus versos los que recitó la joven.
–
¿Qué mamadas son estas? – Otra palabra mexicana para
“Tonterías”, lanzo el poeta.
–
He leído tus poemas. Empezamos a leer poesía como parte de
nuestra formación de enfermería porque, durante la última visita de poetas a
nuestra escuela, afirmaron que la poesía y la medicina comparten el mismo
objetivo de curar los males de la humanidad, excepto que los médicos y las
enfermeras tratan el cuerpo mientras que los poetas tratan el alma.
–
¿De qué sirve la poesía si la gente no compra libros?
–
Las cosas más esenciales de la vida no tienen precio, señor;
no todo se vende, ni todo se puede comprar.
–
Sólo porque seas enfermera no significa que lo sepas todo;
sigues siendo una estudiante, ¡no mames!
–
¿Sabía usted, señor, que el sector médico tiene la tasa de
suicidio más alta? Los poetas decían ese día que un poema puede invitarnos a
ver el mundo con nuevos ojos, animarnos a encontrarle sentido a la simplicidad
y reconocer que incluso en la adversidad, existe la belleza. Así que, dígame,
¿qué le pasa?
El poeta, profundamente conmovido por
las palabras de la joven estudiante de enfermería, no pudo evitar abrirle su
corazón. No fue exactamente una respuesta, sino un rayo de esperanza, un
instante fugaz en el que la vida se presentaba de nuevo como una opción. Con
los primeros rayos del crepúsculo iluminando tenuemente el paisaje, El puente
de Apatlaco ya no era sólo un lugar de desesperación, sino que en ese momento
también se convirtió en un escenario donde, al son de la lluvia y la brisa
húmeda, la vida podía continuar.
La decepción amorosa
Se suele decir que "las palabras
hieren más que una espada", y esta afirmación resuena con una dolorosa
verdad en la cabeza del poeta. Por otro lado, dentro de las complejidades de
las relaciones, surgen frecuentes debates sobre la importancia del apoyo
financiero y su influencia en la dinámica entre hombres y mujeres. Algunos
argumentan que una mujer que espera que un hombre la mantenga económicamente
carece de autonomía, lo que debilita la relación. Sin embargo, más allá de las
consideraciones financieras, existen valores profundos y esenciales que
constituyen la verdadera base de cualquier relación.
Así la noche anterior, llegando de un
viaje literario a Veracruz, el poeta visitó la casa de su pareja,
quien había celebrado su cuadragésimo segundo cumpleaños dos días antes. Divorciada
y viviendo sola, llevaba poco más de dos años compartiendo varias noches de
orgasmos potentes con el poeta en ese mismo lugar. Pero en esa ocasión, casi a
medianoche, la novia seguía en el jardín bebiendo cerveza y fumando cannabis
con su "amigo, chamán y danzante prehispánico" que apestaba a
alcohol. Hablaban cara a cara, a menos de un metro de distancia, mientras la
mujer le tocaba la pierna, el brazo y el hombro. Al notar la presencia de su
novio, entonces, le dijo a su amigo prehispánico, tocándolo de nuevo:
– Hermano, tienes un ego enorme.
–
Ego mis huevos – declaró el poeta mexicano.
Según él, en esta “Era
de Acuario”, como la llaman los místicos y que representa el regreso de la luz
y la sabiduría al planeta, muchos gurús, maestros espirituales, chamanes,
instructores de “Un curso de Milagros” en línea y guardianes
de la transmisión de conocimientos ancestrales se aprovechan principalmente de
mujeres divorciadas que buscan un remedio para su vacío emocional. Pero al
final son estos charlatanes del “mundo luciferiano”, como lo llama la escuela
esenia, quienes terminan llenando sus propios vacíos carnales y energéticos con
estas mujeres ingenuas.
Para su gran sorpresa, su novia, por
el contrario, no abordó la conversación desde una perspectiva esencialmente
metafísica. En cambio, defendió su derecho a tener amigos, incluyendo el
derecho a invitarlos a cualquier hora de la noche a beber y fumar, sobre todo
si era ella quien pagaba el alquiler.
El poeta por su lado, tenía una
lectura completamente diferente sobre los hechos.
Desde la perspectiva del hombre, aquí
se despliega otro debate significativo: la posibilidad de una amistad auténtica
entre mujeres y hombres, al margen de los territorios del amor y las
expectativas veladas.
Claro que esto no
significa que todos los hombres sean exclusivamente sexuales. Muchos valoran la
amistad y son capaces de apreciar una conexión emocional sin añadir una
dimensión sexual. ¿Pero son tan fáciles de encontrar? En cualquier caso, según
nuestro amigo, no será un encuentro casual con unas cervezas en casa de una
mujer que ya ha bebido. ¿Acaso no es verdad, confesada por el amante desdeñado,
que en muchos hombres late un deseo oculto, aunque permanezca silenciado?
—
Una mujer debe ser dueña de su valor, trazando límites que
resguarden no solo su equilibrio emocional, sino también su estima propia y la
percepción que otros tienen de ella —Exclamó finalmente el poeta, justo cuando
su compañera lo empujaba.
—
Hablas como mi padre, eres un hombre aburrido. — Gritó
enojada la mujer, antes de cerrar la puerta de un portazo para salir y
despedirse de su “amigo, chamán y bailarín prehispánico”.
Sumando el tiempo que duró la
discusión detrás la puerta de la habitación con su novio indignado, eran
exactamente las 00:50.
Después de pasar otra media hora
afuera, la mujer abrazó al bailarín chamánico por un largo rato en el jardín,
luego otro en el portón metálico para “la caminata” como dicen en
México, y regresó a su casa para pedirle a su novio que también se fuera, no
sin antes revelarle algunas verdades que había mantenido ocultas en su vientre
por mucho tiempo.
—
No eres nadie. Tu nombre no significa nada; Es como pronunciar el nombre de cualquier otro individuo de la zona de
ceramistas de la Colonia 3 de Mayo. En cualquier caso, la poesía no te llevará
a ninguna parte". — Es más, una semana antes,
esta misma mujer le había aconsejado al poeta que dejara de escribir un tiempo y
se dedicara exclusivamente a vender azúcar y huevos en un barrio obrero del
municipio de Temixco.
Ella le escupió en la cara,
recordándole que varias veces le había ofrecido un plato de comida o había
tenido que dividir la cuenta en el restaurante. Para justificar su enojo,
presentó su teoría 70/30 que había aprendido en TikTok, según la cual, en una
relación, el hombre, para ser considerado como tal, debe cubrir todos los
gastos: casa, coche, negocio, ropa, zapatos, joyas, viajes, matrícula escolar,
comida, agua, vacaciones, etc. Por lo tanto, si, y solo si, en el improbable
caso de una crisis grave, la mujer contribuyera, sería en un treinta por
ciento. Finalmente, después de someter al poeta a tres horas de palabras
hirientes, gritos y reproches, lo echó a las tres de la mañana.
— Vete, no quiero verte más,
mejor vete a coger con tu puta madre.
— Hay más mujeres para el
sexo que para la vida. — dijo el poeta al despedirse.
Al recordar esas crueles palabras,
sintió que se le partía el corazón en dos y estuvo a punto de lanzarse al
vacío. La joven logró agarrarlo del brazo y le pronunció palabras de consuelo,
impregnadas también de profunda sabiduría.
En cierto modo, cuando alguien decide
no elegir sus palabras con cuidado, puede tener consecuencias devastadoras. Una
crítica maliciosa, un insulto disfrazado de broma o incluso un comentario
despectivo pueden calar hondo en la psique de una persona y dejar cicatrices
invisibles que nunca sanan del todo. Peor aún, las heridas emocionales que
infligen tales palabras pueden llevar a un estado de desesperación y tristeza
tan profundo que, en algunos casos extremos, la persona afectada se siente
empujada al borde del suicidio.
—
Espera, dame tiempo para interpretar la historia a mi manera.
Y recuerda esto: cada persona se define por sus palabras y es igual a ellas;
por lo tanto, no tienes por qué sentirte afectado, ya que tu voz es diferente. — La futura enfermera le
dijo al poeta, recordando que una enfermera, como un poeta, hace el mismo
trabajo: salvar vidas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario