viernes, 18 de enero de 2019

Editorial: Respeto por la identidad y tolerancia hacen una buena convivencia

                              


El pasado 9 de enero un grupo de militantes de Bandera Vecinal se adjudicó el hecho de haber tapado con pintura blanca, uno de los murales realizados en el año 2017 en las paredes del Liceo Militar, exactamente sobre Ruta 8 en San Martín.

Este mural ya había sido pintado parcialmente. Tanto los artistas plásticos que lo hicieron como algunas organizaciones sociales y feministas, dijeron que se va a restituir.
A la imagen se le había escrito una leyenda (luego de la primera pintada) que decía “nunca más taparán nuestros besos”. Hoy, solamente una pared en blanco es el espacio donde antes estaban los dos gauchos besándose.

Si bien a mucha gente le incomoda ese tipo de expresiones, desde lo personal creo que a esta altura del siglo y cuando las diferentes identidades sexuales han logrado en muchos casos ser aceptadas socialmente, este tipo de violencia, no suma, sino por el contrario, resta.

Nadie tomar una decisión de borrar un mural , porque si a eso vamos, si yo paso por una calle y pinto con blanco los murales que no me gustan , y otro vecino hace lo mismo, no quedaría nada de lo que se ha volcado en los muros como expresión de arte.

La creencia personal no debería interferir de ninguna manera en este tipo de demostraciones artísticas.

“Si no saben respetar una institución, como el Liceo Militar de San Martín, los Nacionalistas se lo haremos respetar”. Esa fue la frase de quien finalmente terminó demorado en la Comisaría 9na.
Hubiera sido mejor presentar una queja ante el Municipio, quien fue el encargado de convocar y traer a los artistas de diferentes partes del país y del exterior, en algunos de los casos, y ver entre todos la posibilidad de charlar sobre el tema. No es el público y menos los políticos, quienes deben tomar ese tipo de decisiones arbitrariamente. Nunca se pusieron en lugar del artista a quien le estropearon el trabajo de varios días, ni tampoco preguntaron si a la gente le molestaba o no.

En el mundo en que vivimos, la tolerancia tendría que existir en mayor manera. El gay , la lesbiana, el transexual, no debería molestarle a nadie. Aunque aún molesta.Cada uno es dueño de expresarse dentro de las posibilidades, así como lo hacen los partidos políticos.

Hay  paredes escritas con mensajes de “VOTE A…” o “MEJOR ES…” , papeles pegados sobre publicidades, puertas, portones,etc. Trabajos que hacen de noche y a un ritmo desopilante, a tal punto que unos tapan los carteles de otros cuando se aproximan las elecciones.

¿Eso no molesta?

No soy gay, ni lesbiana, ni transexual, ni bisexual, tampoco importa.Si algo no me gusta en la calle, no decido taparlo o borrarlo, a menos que sea una incitación a la violencia, que en este caso no es. No tengo autoridad para hacerlo. Nadie la tiene, excepto que sea tremendamente irreproducible y para eso hay que dirigirse a quien corresponda y no actuar por mano propia.

Luego se dice que hubo “coacción y privación ilegítima de la libertad”. La misma privación de libertad tuvo la imagen sobre la pared.No pensemos en que Cruz besa en la boca a Martín Fierro, solo tomémoslo como expresión de arte. 

Si hemos leído un poco sobre el tema, por ejemplo,en el libro” Historia de la homosexualidad en la Argentina”, de Osvaldo Bazán, el autor se pregunta:” ¿existieron gauchos gay?”.Esto se basa en la inexistencia de documentos históricos y es una prueba más de que en el pasado la represión era tan brutal que sus protagonistas estaban obligados a borrar cualquier rastro de sus actos. Dos hombres haciendo el amor bajo la sombra de un ombú en medio de la pampa quedan resguardados por el aislamiento geográfico. Sus propios prejuicios machistas completan el tácito pacto de silencio. "Primero se persiguió cualquier signo con tortura y muerte de carácter ejemplar. Siglos después, al no encontrar huellas, se concluye que no existieron"Otro texto dice. En los ámbitos urbanos, los registros policiales y las crónicas periodísticas sirven de documentos. En el campo, no. La invisibilidad es la cruz con la que debe cargar el homosexual de pueblo chico.”
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Otro texto dice: “En el Martín Fierro de José Hernández, la llegada salvadora de Cruz a la vida de Fierro significa, además, una transgresión a los estereotipos viriles de la época. Cruz le relata a Fierro los padecimientos de su vida de gaucho desgraciado y ambos sellan una amistad eterna. Ese lazo ("un amigo es como la sangre, acude primero a la herida") es de una tradición literaria tan antigua como la Ilíada. Fierro y Cruz, Juan Moreira y Julián, Santos Vega y Carmona. Estas amistades son el gran legado de la tradición gauchesca”.


Nadie dice que Fierro y Cruz hayan sido personajes homosexuales, la imagen del mural es solamente un beso, no una escena sexual.
Los tiempos cambiaron, gente y hay que aceptar lo nuevo.

                                          
Teresa Pérez y Adrián Medina (autores del mural) no deben estar felices, porque su obra fue destruida.

Este clima de odio lleva a producir más ataques de este tipo. Eso no es un buen camino para la construcción de una sociedad diferente.  Eso se llama censura, la misma censura de la que tanto se quejaban en los años de dictadura militar cuando se quemaban libros, o películas. No volvamos a esos tiempos, por favor. Los mismos artistas  u otros compañeros suyos, harán otro mural, tal vez reproducirán el mismo, o no, pero espero que a nadie se le ocurra volver a taparlo. 

Sería una pena.

El respeto hacia la institución como el Liceo no pasa por una pared pintada . El Patrimonio Histórico es un legado que permite establecer vínculos y de esta forma los vínculos se rompen.

El respeto es un componente muy importante tanto de la identidad personal como de las relaciones interpersonales. Entonces, respetemos todo, no solamente lo que nos gusta. Y si algo no nos gusta, vayamos donde corresponde y dejemos de actuar por nuestros propios medios.

El arte, el respeto, la identidad y los vínculos, agradecidos.

©Silvia Vázquez
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