viernes, 28 de diciembre de 2018

Osvaldo Bayer, el escribiente rebelde








En 1984 se le otorgó el Premio Konex - Diploma al Mérito en la disciplina Testimonial referidas a las Letras de Argentina, otorgado por la Fundación Konex.
El 20 de abril de 2003 la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, le otorga el grado de Doctor honoris causa por su trayectoria en el campo de los derechos humanos, la literatura y el periodismo.

En 2007 fue distinguido en la Feria del Libro de Buenos Aires.​

Ha recibido además el título de Doctor honoris causa por las universidades nacionales de Córdoba (2009),14​ de Quilmes (2009),15​ de San Luis (2006),16​ del Sur (2007),17​ del Comahue (1999),18​19​ y de San Juan (2011)
El 7 de julio de 2004 fue declarado Huésped de Honor por la Universidad Nacional del Litoral.

Tan solo 15 días después de que fuera declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires por la administración de Aníbal Ibarra,22​ fue declarado Persona non grata por el Senado de la Nación Argentina, bajo una iniciativa de Eduardo Menem, por haber presentado un proyecto, como ciudadano, de unir las dos Patagonias, la argentina y la chilena, como primer paso para el Mercado Común Latinoamericano.23​En esto, el Senado se retractó en el año 2008.24​ Finalmente, por iniciativa del senador Daniel Filmus, el Senado declaró su reconocimiento como luchador por los derechos humanos.25​ En 2008 recibió también el Gran Premio de Honor de la SADE.

Osvaldo Bayer nació en Santa Fe,​ Argentina, el 18 de febrero de 1927 y falleció en  Buenos Aires, este pasado 24 de diciembre .

Además de grandes libros que han llegado al cine, fue autor y uno de los guionistas de La Patagonia rebelde, film basado en  Los vengadores de la Patagonia trágica y ha estado permanentemente involucrado en la lucha por las reivindicaciones de los Pueblos Originarios argentinos, y el desenmascaramiento de figuras históricas consideradas por él como genocidas. Durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón, Bayer fue amenazado y perseguido debido a sus obras, sobre todo por su libro Los vengadores de la Patagonia trágica por la Alianza Anticomunista Argentina, dirigida por José López Rega. Esto motivó su exilio en Berlín Oeste desde 1975, el cual mantuvo hasta la caída de la posterior dictadura militar en 1983.

Se negó a hacer el servicio militar y a modo de castigo lo destinaron a barrer y encerar pisos de los despachos de los oficiales durante dieciocho meses.
Ha escrito innumerables obras: Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia. Ensayo. Editorial Galerna, Buenos Aires, (1970).

*La Patagonia rebelde (tomos I y II). Ensayo. Editorial Galerna, Buenos Aires, (1972).
*La Patagonia rebelde (tomo III). Ensayo. Editorial Galerna, Buenos Aires, (1974).
*Los anarquistas expropiadores y otros ensayos. Ensayo. Editorial Galerna, Buenos Aires, (1975).
*La Patagonia rebelde (tomo IV). Ensayo. 1975, Berlín (Alemania).
*Exilio. Ensayo. Con Juan Gelman, editorial Legasa, Buenos Aires, (1984).
*Fútbol argentino. Ensayo. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, (1990).
*Rebeldía y esperanza. Ensayo. Grupo Editorial Zeta, Buenos Aires, (1993).
*Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia (reedición). Ensayo. Editorial Planeta, Buenos Aires, (1998). ISBN 987-580-092-9
*A contrapelo. Conversaciones con Osvaldo Bayer. Ulises Gorini. Editorial Desde la gente. Buenos Aires, (1999).
*En camino al paraíso. Ensayo. Editorial Vergara, Buenos Aires, (1999).
*Rainer y Minou. Novela. Editorial Planeta, Buenos Aires, (2001).
*Obras completas, Página 12, Buenos Aires, (2009).
*¿Qué debemos hacer los anarquistas?. Ensayo. Editorial Quadrata.Buenos Aires, (2014).


Le decimos adiós en un día especial, tan especial como fue su vida.

La Patagonia rebelde (fragmento)

"Es evidente que Wilckens para llevar a la práctica su atentado tomó contacto con los grupos expropiadores que actuaban dentro del anarquismo. Él no tenía conocimientos de cómo se fabricaba una bomba ni tampoco de cómo se manejaba un arma ni jamás había portado un revólver o pistola. La idea que lo guiaba por sobre todos los principios libertarios era la del antimilitarismo. Sostenía que todos los militares, sin excepción, eran conscientes de la inutilidad de su profesión pero que cuando se daban cuenta ya era tarde y por eso obraban con odio hacia el hombre común, por puro complejo, al verse traicionados por sus propios padres o profesores que los impulsaron siendo jóvenes a tomar esa carrera. Los que conocieron a Wilckens señalan que cuando veía a un uniformado se detenía a mirarlo con profunda lástima y pena y lo consideraba, en el fondo, la principal víctima de la humanidad, pero una víctima que se convertía, llegado el momento, en el peor verdugo del ser humano, de sus hermanos.
Wilckens tuvo siempre respeto por las dos tendencias del anarquismo, la pacifista y la expropiadora. En ningún momento despreció a los expropiadores ni se escandalizó por sus acciones. Aunque era pacifista, comprendía a los violentos que no podían soportar la violencia de la sociedad. Sabemos por testigos irreprochables que Wilckens mantuvo amistad con Miguel Arcángel Roscigna; seguramente, de él o de su grupo tienen que haber salido la bomba y el arma. Roscigna era el hombre silencioso que movilizaba las “acciones directas”. Emilio Uriondo, uno de los pocos sobrevivientes del grupo Roscigna, nos ha relatado que fue Andrés Vázquez Paredes —compañero inseparable de Roscigna— quien le dio el explosivo al matador de Varela. Emilio Uriondo acompañó a Wilckens y a Vázquez Paredes a un lugar cercano a Puente Barracas donde hicieron una experiencia con una bomba. El anarquista alemán desarrolló en esa oportunidad la teoría de que en los atentados contra una persona debía intervenir siempre un solo hombre por ser esto más eficaz y no comprometer a otros. Pero no adelantó nada acerca de lo que iba a hacer.
Respecto a los expropiadores, la actitud de Wilckens venía a ser la misma de Bartolomeo Vanzetti: los trataba de igual a igual, los consideraba compañeros y llegado el caso los ayudaba en todo lo que podía.
Ahora estaba allí, en la comisaría, en lo peor. Allí, indefenso, frente a los que querían saber todo, exigían saber todo. Frente al manoseo de los captores. El imperativo y confianzudo “¿cómo te llamas?”, el tuteo repentino que es preanuncio del cachetazo, la trompada, el revés, el puntapié dado con maestría y con fruición.
Todos los bienes que le han encontrado en una prolija revisación son apenas un monedero ordinario con un peso y cincuenta centavos, una receta del hospital alemán, dos agujas con hilo negro, un pañuelo negro, un boleto de tranvía, un reloj de níquel, una llave grande y otra pequeña, un cortaplumas, un diccionario alemán-castellano, un ejemplar del Deutsche La Plata Zeitung, una caja de fósforos, un piolín, un pañuelo para cuello y un libro titulado Das Anarchistische Manifest.


                                    


Desde hace tres horas lo tienen parado en la comisaría. Pese a que los huesos astillados pugnan por abrirse paso entre músculos, tejidos y horadar la piel y pese a que el pie izquierdo es una masa sanguinolenta, no le dan ni una silla ni lo dejan tenerse de la pared. Pero el alemán es duro. Contesta en su mal castellano todos sus datos personales. Cuando lo empiezan a interrogar sobre el atentado parece olvidar repentinamente ese idioma y sólo sabe decir: “Fui yo solo. Único autor. Yo fabriqué la bomba sin ayuda. Acto individual". " Osvaldo Bayer

©Silvia Vázquez
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