viernes, 24 de noviembre de 2023

Escritora invitada: Susana Grimberg

 El acoso (laboral- sexual). Cuando hay que decir no.

Al principio la inclinación al mal es tan frágil como el hilo de una telaraña. Después se vuelve tan fuerte como la soga de un carro. Talmud


El acoso psicológico, que también podemos llamar moral, es una acción que se basa en descalificar, humillar de una manera sostenida en el tiempo, a cualquier persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente. El acoso sexual, tiene por objeto el sometimiento de otro a partir de una posición de superioridad. Ambos, atentan contra la dignidad e integridad de la persona.

El acoso, en las formas mencionadas, es un proceso largo por el cual la persona, sea hombre o mujer y, sin darse cuenta de lo que sucede, va perdiendo su autoestima y la confianza respecto de lo propio. El sujeto, al no ser plenamente consciente de que está siendo humillado y de que se le están vulnerando sus derechos más fundamentales, puede ser conducido al suicidio.

El acosador, apela a técnicas bastante sutiles como insinuaciones, miradas, mentiras y no cede hasta doblegar al más frágil, incluso dando vuelta la situación desde un lugar en el que prima la fuerza y el poder. Si el humillado, se pone en una posición defensiva, puede provocar más violencia verbal y, también, física porque, si bien el agresor no pretende destruir a su víctima de inmediato, su propósito es anular la capacidad de defensa y toda muestra de rebeldía.
Podríamos considerar al acosador como un depredador, sin contemplaciones. Por ejemplo, en el campo laboral, avasalla a su víctima cuando está sola o la desacredita en presencia de otras personas. Siente el mismo placer como cuando le asigna tareas inalcanzables por los plazos para concluirlas además de amenazar con la pérdida del trabajo. Como nadie es imprescindible y muchos, son los afectados por la desocupación, la víctima se somete sin dudar.

El acosador le quita a su víctima las tareas de responsabilidad y le da a cambio tareas rutinarias. También, discriminarlo o ignorarlo, son actos a los que el acosador apela sin ningún prurito. En situaciones extremas, hasta puede retener información y manejarla para inducir al error, difamar a la víctima, extendiendo algún rumor que pueda afectar su profesionalidad.

Innumerables son los casos en los que las víctimas no pudieron acceder, ni siquiera, a seminarios y cursos de capacitación. Más grave aún, es cuando el acoso laboral llega al extremo de bloquear administrativamente a una persona además de invadir la privacidad del acosado interviniéndole tanto el correo como el teléfono.
Atacar las convicciones personales, la ideología o la religión es el arma privilegiada que muchos, a los que no dudo en calificar como mediocres, usan.

Acoso sexual

No hay diferencias entre el acoso sexual y el laboral. Ambos se sostienen en la descalificación y humillación del otro.

Si hacemos un recorrido por los programas de televisión, los mismos pueden funcionar como una pantalla propicia para el goce del acosador, dado que puede maltratar, graciosamente, a algún protagonista independientemente del sexo, aunque la mayoría son mujeres.

Las referencias del conductor Marcelo Tinelli, (“Bailando por un sueño”) a las partes íntimas de las bailarinas y bailarines de su programa y la complacencia que en los mismos parece despertar un discurso que no deja de ser ultrajante y denigratorio, nos lleva a pensar en la imposibilidad de decir no, ante tanto atropello. Efecto de esto, es que los cuerpos, por más bellos que sean, se asemejan a artefactos sin vida propia, incluso sin sentimientos por aquellos a los que representan y, que supuestamente van a ayudar. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el que no se ayuda a sí mismo, no puede ayudar a los demás, tal como dice el dicho yemenita.

Además, con respecto a los conductores y, también conductoras de programas tanto de radio como de televisión, que hacen de la burla su ley motiv, es interesante esta advertencia del Talmud: “Nunca escupas en un pozo. Quizás beberás de él.

Hago esta referencia porque estas mujeres a las que aludí, no sólo no son la excepción sino que muchas ayudan a tender estas redes de las que, muchas veces, no podrán salir. Por otra parte, también hay hombres que, en pos del éxito y la fama, permiten ser tratados de una manera muy cercana a la humillación sin medir las consecuencias.
Cuando se habla de acoso sexual, se piensa a la mujer como víctima y al hombre como victimario, pero no siempre es así, porque los varones también sufren de acoso propiciado por mujeres a las que se suma el acoso por parte de otros hombres, sobre todo en el ámbito laboral, acoso ejercido independiente de la posición que ocupan en las jerarquías. Quiero aclarar que, cuando alguna víctima formula una denuncia, siempre está relacionada con el exceso de presión, el hostigamiento o, más grave: el chantaje.
En esa cuestión, se apoya película “Atracción Fatal”, con los excelentes actores Michael Douglas y Glenn Close. Si bien, algunas opiniones apuntaron a la infidelidad, a mi parecer, el tema pasaría por el hostigamiento, persecución y maltrato que sufre el personaje masculino. Hasta su vida y la de de su mujer, corren peligro en manos de la amante despechada.

Julián Schvdindlerman (Comunidades Periódico Judío Independiente, 25/5/11), en su notable nota sobre el affaire Dominique Strauss Kahn, que sugiero leer, se refirió a lo sucedido como una copia de “una comedia sexual italiana de los años cincuenta o de la época colonial europea en África, más que de una suite de un hotel de lujo en pleno Manhattan en la actualidad”. Sin embargo, así fue la acusación efectuada por la mujer presuntamente acosada. El columnista optó por decir “presuntamente” porque, sencillamente, la justicia aún no se había expedido y porque, según mi opinión, muchas veces por causa de intrigas internacionales gana la sin razón.
En el Talmud, está escrito: “No condenes a ningún hombre y no consideres que nada es posible. Porque no hay hombre que no tenga futuro. Y no hay nada que no tenga su hora”

La posición de Schvdindlerman, su cautela con respecto al tema del acoso sexual, es para reflexionar y me trajo a la memoria el libro de Daniel, en la Biblia, Capítulo 13, la historia de Susana, bella mujer, esposa de Joaquim, rico e influyente judío de Babilonia que, en el momento en que se dirigía a tomar un baño en jardín de su casa, fue acosada por dos ancianos jueces. La historia narra que al NO acceder a las demandas sexuales de los jueces, ellos la denunciaron por haberla descubierto seduciendo a un joven, motivo por el cual debía ser condenada a muerte.

Daniel, que apareció cuando ella era llevada a cumplir la condena, interrogó a los acusadores y al poner en evidencia que había falsedad en los relatos, salvó de ser lapidada a la mujer que prefirió optar por preservar su integridad y cumplir con los Mandamientos.

Para concluir, quiero remarcar la importancia del NO, como defensa fundamental frente a las situaciones extremas de acoso sexual y, también, del acoso laboral.
Los Diez Mandamientos (salvo dos: Honrarás el sábado y Honrarás a tu padre y a tu madre), se sostienen en el No, no matarás, no robarás…, que hacen que la vida sea posible más allá del desconcierto de nuestro tiempo.

Quiero concluir con esta pregunta de Wiston Churchill:

“¿Tienes enemigos? Bien. Eso significa que luchas por algo en algún momento de tu vida”.
Con esta frase de Chris Colfer:

“Cuando la gente te daña una y otra vez, piensa sobre ellos como papel de lijar. Pueden arañarte o dañarte un poco, pero al final, tú terminas pulido y ellos terminan siendo inútiles”.
Y con este pensamiento de Williams James:

“Cree que tu vida merece la pena y tu creencia, ayudará a crear el hecho”.

Susana Grimberg

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