domingo, 9 de septiembre de 2018

11 de septiembre, día del maestro


¿Qué vas a ser cuando seas grande? Esa era la pregunta del millón cuando comenzabas el colegio, allá en el primer grado, (ni inferior, ni superior,  primer grado). El jardín no era obligatorio así que apenas fui unos meses. 

Segundo grado
Mi respuesta era siempre la misma: maestra. Torcí el destino, o lo torcieron, cuando ingresé en el secundario y me recibí de “Perito mercantil”. Jamás me gustó, por lo cual tampoco trabajé de eso, esquivé cualquier posibilidad. Fui secretaria bilingüe, empleada administrativa, pero jamás hice un  balance ni un ajuste ni nada de eso.
Como estudié inglés desde los 8 años, me ayudó mucho a seguir torciendo el destino. Daba clases en casa, apenas con 4to año de estudio aprobado. Seguía al mismo tiempo trabajando afuera, pero la vocación se mantenía intacta.
Nací un 11 de septiembre, ¿estaba escrito?

Y así fue como, al nacer mi primer hijo, decidí seguir con mi vocación y dejar de lado los aburridos papeles administrativos. Desde hace más de 25 años enseño inglés, trabajo con los chicos y me siento muy bien, como pez en el agua, sumado a mi “tarea” de escritora. Publiqué 4 libros y sigo enseñando con mi  mayor dedicación. Pasé por varios colegios, muchos alumnos me traen a sus hijos (ahí es cuando noto el paso del tiempo…) y sigo escribiendo. 


Esta tarde, a punto de festejar en estos días el “Día del maestro” , recordé a mis maestras , aquellas que tuvieron la paciencia suficiente para saber enseñarme lo que no me gustaba (matemática) o lo que me gustaba mucho (escribir). En primer grado, Mercedes, sumamente estricta, quien me ubicó por Facebook hace poco y me dijo que se sentía orgullosa de lo que estaba logrando. Cristina, a quien vi hace un par de años cuando visité mi escuela primaria, mi seño Alicia, que vive todavía a la vuelta de casa, y con quien charlo animadamente cada vez que nos cruzamos haciendo compras sobre aquella “penitencia” que me hizo hacer de un día para el otro, escribiendo 600 veces (¡600 veces!) “No debo hablar en clase”-recuerdo que mamá fue a hablar con ella para que me lo pase para el día siguiente, y le dijo que si, que no tenía problema, pero que me agregaba 100 más…-¡ Esas eran penitencias!  Pero además de eso, nos hizo estudiar de memoria el poema de María Elena Walsh, que todavía recuerdo: "La vaca estudiosa". Hermoso fue verlo dibujado hace un año en la Casa de la cultura de Vicente López, en homenaje a la escritora,¡ se me cayeron las lágrimas!Hoy en día, creo que si pasara algo así, la denuncia de la madre sería inminente y pobre “seño” la que le espera. A mí me dolió la mano por días, pero no sirvió de mucho, ya que el tema de charlar no se compuso hasta el día de hoy, que hablo “hasta con las piedras” como me dicen muchos. Si bien en épocas adolescentes era extremadamente tímida, por ese lado, lo de la charla no se perdió.

A las que me hicieron sufrir con los números, las tengo presente, pero la verdad, no me han llegado tanto al corazón. Si, a las profesoras a quienes me une la  pasión de la escritura, una de ellas María de Lourdes, a quien le dediqué mi tercer libro y se emocionó muchísimo, como se hubiera emocionado Fanny, que ya no pudo verlo. María de Lourdes nos llevó por primera vez al teatro, nada menos que al San Martín, donde mis ojos no podían creer lo que veían, asombrados, llenos de magia con “Cirano de Berjerac” o “La historia de  la danza”; Liliana, que acompañaba mis estudios de inglés, sumando esa parte de “conversación” que me faltaba, quien nos  llevó por primera vez a la Feria del libro, ese mundo que jamás pensé conocer desde el otro lado del mostrador y que fue uno de mis sueños cumplidos.

Seño Alicia

A todas esas maestras, que me dieron lo mejor de ellas y a quienes llevo en el corazón, a todas las que cada día ponen lo que tienen y lo que no: lápices, hojas, y hasta un sandwichito para llenar pancitas ruidosas, un alfajor, un pañuelo para los mocos, una pastilla para el dolor de garganta, son una improvisada peluquera de trenzas desarmadas , atadora de cordones flojos y muchas cosas más. Esas que se llevan todo encima para armar una clase hermosa, repleta de sorpresas y de imágenes, sin pedirle a los padres un centavo. La que saca miles de fotocopias con plata de su bolsillo, la que trabaja las cuatro horas de clase y sigue corrigiendo en su casa, y el fin de semana planifica y sigue corrigiendo y en verano, no se toma los tres meses de vacaciones, sino con suerte unos días cerca de casa, para no gastar mucho  y el resto del verano tiene que ir al colegio y no como muchos piensan que termina de trabajar  el 5 de diciembre y vuelve el  5 de  marzo.



Uno de esos años de primaria, una de las maestras nos hizo escuchar esto, que jamás olvidé: 



Todas esas “mamás postizas” que se brindan a chicos especiales, que son psicólogas, mamás, hermanas, tías y que arreglan corazones rotos también.


A todas ellas ( incluyo a ellos) que eligieron esa profesión tan digna como tantas otras, quienes se levantan con fiebre y van a la escuela para que los chicos no extrañen a la “seño” y que son tan mal pagas en muchos casos y maltratadas psicologicamente , les deseo un día de alegrías, de regalos, aunque sea una cartita y un dibujo, ya que eso es valorado como una joya y se guarda por años dentro de una cajita “especial” que tenemos en casa.

Seños, profes, mujeres y hombres que enseñan, que brindan, que aman, que recuerdan después de años “esas caritas que nunca más cambiaron”: disfruten de lo que hacen, esa labor tan noble que todos y cada uno de nosotros necesitó y necesita. La cultura y la educación es la base de toda nación, sin ella, seríamos absolutamente pobres, no por no tener dinero en el bolsillo, pobres de cerebro y de alma. 

Perdón por lo extenso,pero son tantas cosas que recuerdo, que quiero dejarlas escritas para no olvidármelas jamás


¡Feliz día del maestro!

Silvia

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