viernes, 20 de octubre de 2023

Escritora invitada: Leonor Pires

  LA REUNIÓN

                                                                                        (Relato)



Aún sabiendo que no podríamos hacer nuestro acostumbrado vuelo de "fin de semana", debido a la inclemencia del tiempo, nos dirigimos al Aero Club. La lenta lluvia intermitente nos confirmaba que perduraría el mal tiempo por lo menos dos días más. 


Buscando una excusa para disfrutar del ámbito aeronáutico al que pertenecíamos ,decidimos almorzar en el restaurante que reabriría sus puertas después de cambiar de concesionarios.


En cualquier poca del año nos resultaba el lugar ideal para dejar todas las preocupaciones y problemas que acarreábamos durante la semana y compartir con otras personas los mismos gustos.





La desnudez de las ramas, el suelo cubierto de hojas amarillas y  otras secas, el viento  que barría las nubes sin clemencia y sacudía los àrboles, el cielo "no apto" para despuntar el "vicio de volar", no nos hizo arrepentir de haber ido.


Caminamos bajo la llovizna disfrutando del lugar. Los hangares estaban cerrados, los aviones deseosos de ponerse en marcha y surcar el cielo,  igual que nosotros, estaban condenados al descanso..


El viento comenzó a soplar con más fuerza y corrimos hacia la galería donde se encontraba el bar. Los eucaliptus con su hojas verdes y limpias se zarandeaban en sus ramas y dejaban caer a nuestros pies sus pequeños frutos perfumados, con los que yo acostumbraba a llenar mis bolsillos para después quemarlos y disfrutar de sus propiedades curativas y perfumar los ambientes.Las magnolias estaban tristes y deslucidas con tanta agua que recibieron gratuitamente.


Las puertas del acceso al edificio donde funciona el restaurante estaban  cerradas porque aún no era mediodía,Me preguntaba si se justificaría la reapertura de aquel local tan inmenso, lo habían vestido con nuevos cortinados y aprovechando que unos no habían quedado totalmente juntos me atreví a mirar hacia adentro.


Mi marido opinaba que con ese día tan  desolado no iban a abrir el local           


- Siii- le dije entusiasmada - abrirán porque hay una mesa preparada como para veinte personas!!!!

 

Mientras esperábamos fuimos  ver el recién inaugurado  "Museo Jorge Newbery", pequeño pero interesante . Se respiraba a historia, con algunas pertenencias  del Prócer de la Aviación Argentina, y documentos que lo habían vinculado con la misma en su quehacer aeronáutico, un busto en su homenaje y algunas estatuas alegóricas. 


En la habitación contigua un moderno "Simulador", para entrenamiento de los futuros pilotos, que nos indicaba claramente el adelanto tecnológico, que se había producido desde los tiempos no tan lejanos de Jorge Newbery. Cruzamos el parque corriendo, para  llegar sin mojarnos  demasiado, a las oficinas desde se maneja el funcionamiento del Aeroclub para saludar a los amigos que allí trabajan. Les pregunté a qué se debía la gran reunión  que iba a haber a la hora del almuerzo. Nadie sabía que iba a haber una reunión.


Cuando consideramos que ya era hora de que abriera el restaurant, volvimos y nos sentamos siendo los únicos comensales.


Cuando hubieron pasado unos quince minutos, vimos que por el portón de entrada que da  a la ruta, entraban seis automóviles llenos de personas, muchas de ellas viejos conocidos.  

Los mozos inmediatamente comenzaron a juntar varias mesas y prepararlas para la comida, recién entonces reparé en que no estaban colocándolas como yo las había visto. No pude dejar de preguntarle al mozo:¿Porqué quitaron las mesas que ya estaban preparadas de antemano?.


No señora - respondió amablemente  - No las habíamos preparado porque no nos habían confirmado que vendrían, ahora que están aquí lo hacemos, pero van a estar listas rapidamente, si es que eso la preocupa.


No era eso lo que empezó  a preocuparme...   


Leonor Pires.                                                                                                                             

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