viernes, 6 de octubre de 2023

El maestro Borges

 




Nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires a los ocho meses de gestación. Borges consideraba que había heredado de sus antepasados dos tradiciones: una militar y otra literaria. Su árbol genealógico lo relaciona con con familias ilustres de la Argentina de estirpe criolla y anglosajona, así como también española y portuguesa.

 

Desciende de militares que tomaron parte en la independencia Argentina, como Francisco Narciso de Laprida, que presidió el Congreso de Tucumán y firmó el Acta de la Independencia. Francisco Borges Lafinur, su abuelo paterno fue un coronel uruguayo y Edward Young Haslam, su bisabuelo paterno, fue un poeta romántico que editó uno de los primeros periódicos ingleses del Río de Plata, el Southern Cross.

 

Su padre, Jorge Guillermo Borges, pertenecía a una familia de origen portugués.​ Fue un abogado argentino, nacido en Entre Ríos, y se dedicó a dar clases de psicología. Era un ávido lector y tenía aspiraciones literarias que concretó en una novela, "El caudillo". Para 1970, Jorge Luis recordaba con estas palabras a su padre: "Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música".

 

Su madre, Leonor Acevedo Suárez, era porteña, aunque algunas fuentes la consideran uruguaya debido a que era hija de orientales. Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras al español. En su casa se hablaba tanto castellano como inglés,​ por lo que Jorge Luis creció como bilingüe.

 

Su vida en Europa

En 1914, el padre de Borges se vio obligado a dejar su profesión debido a la misma ceguera progresiva y hereditaria que décadas más tarde afectaría también a su hijo. Ante esa situación, toda la familia se dirigió a Europa para que Jorge padre pueda someterse a un tratamiento oftalmológico especial. Para refugiarse de la Primera Guerra Mundial, la familia se instaló en Ginebra, Suiza, donde el joven Borges y su hermana Norah asistirían a la escuela.

 

Gracias al fin de las hostilidades y después del fallecimiento de su abuela materna, la familia Borges marchó a España en 1919. Inicialmente se instalaron en Barcelona y luego se trasladaron a Palma de Mallorca. En esta última ciudad Borges escribió dos libros que no publicó: "Los ritmos rojos", poemas de elogio a la Revolución rusa, y "Los naipes del tahúr", un libro de cuentos.

 

En Madrid y en Sevilla participó del movimiento literario ultraísta, que luego encabezaría en Argentina y que influiría poderosamente en su primera obra lírica. Colaboró con poemas y en la crítica literaria en las revistas Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis. Su primera poesía, Himno al mar, escrita en el estilo de Walt Whitman, fue publicada en la revista Grecia el 31 de diciembre de 1919.25​

 

Vuelta a Buenos Aires

En 1921 la familia de Borges vuelve a la Argentina. Jorge Luis comienza a participar con Macedonio Fernández en la fundación de las revistas Prisma y Prosa y firma el primer manifiesto ultraísta. En 1923 publica su primer libro de poemas, "Fervor de Buenos Aires", y en 1935 "Historia universal de la infamia", compuesto por una serie de relatos breves.

 

Durante los años treinta su fama crece en Argentina y publica diversas obras en colaboración con Bioy Casares, de entre las que se destacan "Antología de la literatura fantástica". Además comienza a trabajar como crítico literario y traducto

 

 

Entre 1937 a 1945, trabaja como bibliotecario en Buenos Aires, conferenciante y profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Además ejerce el cargo de presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Academia Argentina de las Letras, Entre 1955 hasta 1974 fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina desde 1955 hasta 1974. En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor, otorgado por el Congreso Internacional de Editores.

 

Publica libros de poesía como "El otro, el mismo", "Elogio de la sombra", "El oro de los tigres", "La rosa profunda", "La moneda de hierro "y cultiva la prosa en títulos como "El informe de Brodie" y "El libro de arena". En estos años Borges también publica libros en los que se mezclan prosa y verso, libros que aúnan el teatro, la poesía y los cuentos; ejemplos de esta fusión son títulos como La cifra y Los conjurados. La importancia de su obra se ve reconocida con el Premio Miguel de Cervantes en 1979.

 

En 1986, al conocerse enfermo de cáncer, Borges se mudó a Ginebra. Falleció el 14 de junio de 1986 a los 86 años víctima de un cáncer hepático y un enfisema pulmonar.

                                           


Seis datos pocos conocidos de Borges

Fue traductor desde niño y dejó obra en inglés: A los 9 años tradujo al español "El príncipe feliz", de Oscar Wilde. Además, Borges escribió obras en inglés. Ejemplo de ello son los poemas On His Blindness y Two English Poems.

Odiaba el fútbol: Borges tuvo diversas expresiones en contra del Fútbol. "El fútbol es feo estéticamente. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos", opinó una vez. "Es popular porque la estupidez es popular", dijo en otra oportunidad.

Se reunió con Pinochet el mismo día que asesinaron a Letelier: El 21 de septiembre de 1976, el mismo día en que asesinaron al excanciller chileno Orlando Letelier en Washington, Borges recibió de manos del gobernante de facto Augusto Pinochet el doctorado honoris causa de la Universidad de Chile. Luego calificó a Pinochet como un "excelente persona".

 Fue una gran inspiración para "El nombre de la rosa": Umberto Eco, autor de El nombre de la rosa, admiraba la obra de Borges. De hecho, Eco reconoció públicamente que el asesino de su novela más famosa, "El nombre de la rosa", es un guiño al escritor argentino.


(fuente página 12)

Un poema del maestro Borges:

El golem es, a juicio de Bioy Casares, el mejor poema de Borges. Un golem es una criatura concebida a través de la pronunciación de una palabra mágica.

Borges enfatiza la religión y la filosofía, principalmente aspectos del platonismo, cristianismo y judaísmo. A lo largo del poema, Borges se refiere a sus principios fundamentales y amalgama aspectos de las tres filosofías para sacar a la luz la imperfección de la creación.

Si (como afirma el griego en el Cratilo)

el nombre es arquetipo de la cosa

en las letras de 'rosa' está la rosa

y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

 

Y, hecho de consonantes y vocales,

habrá un terrible Nombre, que la esencia

cifre de Dios y que la Omnipotencia

guarde en letras y sílabas cabales.

 

Adán y las estrellas lo supieron

en el Jardín. La herrumbre del pecado

(dicen los cabalistas) lo ha borrado

y las generaciones lo perdieron.

 

Los artificios y el candor del hombre

no tienen fin. Sabemos que hubo un día

en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre

en las vigilias de la judería.

 

No a la manera de otras que una vaga

sombra insinúan en la vaga historia,

aún está verde y viva la memoria

de Judá León, que era rabino en Praga.

 

Sediento de saber lo que Dios sabe,

Judá León se dio a permutaciones

de letras y a complejas variaciones

y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

 

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,

sobre un muñeco que con torpes manos

labró, para enseñarle los arcanos

de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

 

El simulacro alzó los soñolientos

párpados y vio formas y colores

que no entendió, perdidos en rumores

y ensayó temerosos movimientos.

 

Gradualmente se vio (como nosotros)

aprisionado en esta red sonora

de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,

Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

 

(El cabalista que ofició de numen

a la vasta criatura apodó Golem;

estas verdades las refiere Scholem

en un docto lugar de su volumen.)

 

El rabí le explicaba el universo

"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."

y logró, al cabo de años, que el perverso

barriera bien o mal la sinagoga.

 

Tal vez hubo un error en la grafía

o en la articulación del Sacro Nombre;

a pesar de tan alta hechicería,

no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

 

Sus ojos, menos de hombre que de perro

y harto menos de perro que de cosa,

seguían al rabí por la dudosa

penumbra de las piezas del encierro.

 

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,

ya que a su paso el gato del rabino

se escondía. (Ese gato no está en Scholem

pero, a través del tiempo, lo adivino.)

 

Elevando a su Dios manos filiales,

las devociones de su Dios copiaba

o, estúpido y sonriente, se ahuecaba

en cóncavas zalemas orientales.

 

El rabí lo miraba con ternura

y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)

'pude engendrar este penoso hijo

y la inacción dejé, que es la cordura?'

 

'¿Por qué di en agregar a la infinita

serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana

madeja que en lo eterno se devana,

di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

 

En la hora de angustia y de luz vaga,

en su Golem los ojos detenía.

¿Quién nos dirá las cosas que sentía

Dios, al mirar a su rabino en Praga?


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