viernes, 27 de mayo de 2022

Periodista invitada: Susana Grimberg

 Negatividad y mala onda

“La guerra es una masacre entre gente que no se conoce para provecho de gente que sí se conoce pero que no se masacra”. Valéry, Paul



Como dijo Adriana Balager en su nota para La Nación (14-05-2022) el desánimo y la bronca caracterizan hoy a los argentinos. También la negatividad y el malhumor.
Es que, la falta de expectativas y el hartazgo confluyen y un alto nivel de pesimismo, marcan el pulso de una sociedad agotada por las promesas incumplidas, la incertidumbre, la desilusión y la falta de respuestas.
La sociedad está saliendo agotada de la etapa dura de la pandemia y ahora soporta el impacto de la inflación. Alfredo Casero, maestro del humor, se convirtió en un comentarista de la realidad nacional. Entonces, un día golpeó la mesa televisiva del programa del periodista Luis Majul y se fue maldiciendo contra todo y todos. Preso del malhumor que genera la Argentina. De la incertidumbre y la frustración. También, de sus emociones. Un hartazgo similar manifestó, de otro modo, Susana Giménez. Tras criticar al oficialismo por la situación del país, hizo un llamado a los argentinos: “Me gustaría que el pueblo se levante y diga ¡basta!”. "Es difícil anticipar en qué derivará este proceso de malestar y angustia", dijo la periodista


Sin embargo, aunque no se traduzca en manifestaciones multitudinarias, la gente no deja de hablar de su malestar. Saturados por la economía y las repetidas mentiras de los políticos, que siguen sin dar respuestas a sus principales problemas: la incertidumbre económica, la inseguridad, la pobreza, el desempleo y el narcotráfico.

“El desánimo social convive con la bronca” La sociedad está de brazos caídos –describió Guillermo Oliveto” “La gente entró al 2022 agotada y agobiada por dos años insoportables. Anhelaba tranquilidad y se encontró con la guerra [la invasión de Rusia a Ucrania] y con un nivel de tensión muy fuerte en el Gobierno. Es decir, la incertidumbre creció, cuando el deseo era tener más previsibilidad y tranquilidad tras haber atravesado la pandemia”.

Personas tóxicas

Entre estas personas, están los que viven en una situación bastante desacomodada, pero como a su vez, militan en la política, buscan líderes que satisfagan sus deseos, líderes populistas.
El mal humor se ha convertido, a nuestro pesar, en el paradigma de la vida cotidiana, sobre todo, en los últimos tiempos. La falta de sosiego o tranquilidad, me recuerda al gran escritor portugués Fernando Pessoa, con su “Libro del desasosiego”, en el que describe la angustia detrás del malhumor, producida por un extrañamiento hacia la vida y a la realidad que rodea. Esto último es lo que produce la mala onda o mala vibra que, muchas veces, es un extrañamiento respecto al mundo, sensación que deviene de una civilización ajena a nuestras necesidades.
Lamentablemente, los seres humanos ya no establecen sus propias reglas de convivencia dado que los gobiernos acaban haciendo las leyes a su gusto.

Las personas "tóxicas" influyen en la salud tanto física como psíquica del otro. A esas personas se las controla quitándoles su poder. Si se debe convivir con ellas, en la familia o en el trabajo, hay que abstraerse mentalmente de su presencia y acciones.
El mal humor se ha convertido, a nuestro pesar, en el paradigma de la vida cotidiana, sobre todo, en los últimos tiempos.

La falta de sosiego o tranquilidad, me recuerda al gran escritor portugués Fernando Pessoa, con su “Libro del desasosiego”, en el que describe la angustia detrás del malhumor, producida por un extrañamiento hacia la vida y a la realidad que rodea. Esto último es lo que produce la mala onda o mala vibra que, muchas veces, es un extrañamiento respecto al mundo, sensación que deviene de una civilización ajena a nuestras necesidades.

La palabra persona, persôna, según el diccionario etimológico de Joan Corominas, deriva del latín: “máscara del actor”, “personaje teatral” (voz de origen etrusco) y pocos como el sujeto afectado por la mala onda, resuenan detrás de la máscara que oculta sus verdaderas intenciones.
El diccionario UTEHA, coincide. Persôna deriva del latín: “individuo de la especie humana. Hombre o mujer cuyo nombre se ignora o se omite. Personaje de una obra literaria. La voz persona fue aplicada en un principio por los romanos a la máscara resonante que usaban los actores en el teatro”.

Antonio Machado se refiere a estas personas nocivas con su "mala gente que camina y va apestando la tierra".




Pero ¿existe realmente la gente "tóxica"? Debo decir que sí. Son los que se molestan por el bienestar ajeno y lo destruyen, descalificándolo. Sin duda alguna, los políticos que sólo buscan ser escuchados y prometen lo que saben que jamás van a cumplir, aunque parezcan tener una buena onda, se suman a los de mala onda por el cúmulo de mentiras que suelen proferir. También muchos jefes, “magistrados de la verdad”, nunca están dispuestos para alabar al otro sino todo lo contrario.
El que mejor ha tratado este tema en la historia de la filosofía es Baruch Spinoza. Ya en sus tiempos, Spinoza habló de encuentros que potencian nuestras energías, además de darnos alegría y de los que las disminuyen y producen tristeza. Cuando dos cuerpos se convienen entre sí multiplican su potencia. Cuando no lo hacen, se produce un mal encuentro, semejante a una especie de envenenamiento.

La cultura actual y la prevalencia del mal humor.

Freud plantea que la cultura está atravesada por un malestar que deviene de la condición pulsional del ser humano. Se manifiesta en los límites para alcanzar plenamente la felicidad del individuo dentro de la cultura. Por ello, señala que desde tres lados amenaza el sufrimiento: 1) El cuerpo propio, cuyo organismo está destinado a morir. 2) El mundo exterior que puede destruir al sujeto. 3) La relación de éste con los otros seres humanos en la familia, el estado y la sociedad. Si las dos primeras fuentes del sufrimiento las considera inevitables, la última es inadmisible, ya que no se puede entender por qué las normas que nosotros hemos creado no pueden protegernos y beneficiarnos a todos.

Frente a un entramado social dañado, la degradación de los valores e ideales y la importancia del éxito, los analistas debemos dar cuenta de las transformaciones en la subjetividad. Me refiero a patologías en las que aparece un agujero, el vacío, la nada, un destino trágico del funcionamiento psíquico y el pasaje al acto.

Las pasiones del ser humano no son ni puras ni simples. Es Spinoza quien nos revela que están compuestas de amores y odios, de alegrías y tristezas, aunque siempre un sentimiento es más fuerte que otro.

Freud, da cuenta de estos fenómenos a través del estudio del chiste, lo cómico y el humor. El chiste, y la risa consecuente, establecen que la subjetividad se realiza en la intersubjetividad. Es la más social de todas las funciones psíquicas que producen placer y se comparten. Compartirlo, posibilita la comprensión de que somos seres finitos, además de crear una esperanza sostenida en una razón apasionada. Una política de las pasiones alegres que enfrente a las pasiones tristes: el miedo, el odio, la resignación y la apatía. En este sentido el humor puede ser uno de los instrumentos para que el dolor se ilumine en esperanza ya que, como decía Nietzsche “el animal de la tierra que sufre más fue el que inventó la risa”.

Freud planteó que la cultura está atravesada por un malestar que deviene de la condición pulsional del ser humano. Se manifiesta en los límites para alcanzar plenamente la felicidad del individuo dentro de la cultura. Por ello, señala que desde tres lados amenaza el sufrimiento: 1) El cuerpo propio, cuyo organismo está destinado a morir. 2) El mundo exterior que puede destruir al sujeto. 3) La relación de éste con los otros seres humanos en la familia, el estado y la sociedad. Si las dos primeras fuentes del sufrimiento las considera inevitables, la última es inadmisible, ya que no se puede entender por qué las normas que nosotros hemos creado no pueden protegernos y beneficiarnos a todos.

Frente a un entramado social dañado, la degradación de los valores e ideales y la importancia del éxito, los psicoanalistas debemos dar cuenta de las transformaciones en la subjetividad. Me refiero a patologías en las que aparece un agujero, el vacío, la nada, un destino trágico del funcionamiento psíquico y el pasaje al acto.

Las pasiones del ser humano no son ni puras ni simples. Es Spinoza quien nos revela que están compuestas de amores y odios, de alegrías y tristezas, aunque siempre un sentimiento es más fuerte que otro.

Freud, dio cuenta de estos fenómenos a través del estudio del chiste, lo cómico y el humor. El chiste, y la risa consecuente, establecen que la subjetividad se realiza en la intersubjetividad. Es la más social de todas las funciones psíquicas que producen placer y se comparten. Compartirlo, posibilita la comprensión de que somos seres finitos, además de crear una esperanza sostenida en una razón apasionada. Una política de las pasiones alegres que enfrente a las pasiones tristes: el miedo, el odio, la resignación y la apatía. En este sentido el humor puede ser uno de los instrumentos para que el dolor se ilumine en esperanza ya que, como decía Nietzsche “el animal de la tierra que sufre más fue el que inventó la risa”.

Voy a concluir con esta reflexión de Ernest Hemingway,
“La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre”.

También con ese pensamiento de Mahatma Gandhi:
“Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.

Y con esta consideración del escritor judío italiano Primo Levi (1919-1987), autor de memorias, relatos, poemas y novelas. Resistente antifascista, superviviente del Holocausto, conocido sobre todo por las obras que dedicó a dar testimonio sobre el Holocausto, particularmente de los diez meses que estuvo prisionero en el campo de concentración de Monowice, subalterno del de Auschwitz. Su obra “Si esto es un hombre” es considerada como una de las más importantes del siglo xx.

“Los monstruos existen, pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos; más peligrosos son los hombres comunes, los funcionarios dispuestos a creer y obedecer sin discutir”.

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora, columnista y ensayista.

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