viernes, 3 de agosto de 2018

Un número


Un número o el poder de una sonrisa y la palabra.



El número diez es el campeón. Siempre es el que mejor juega al fútbol, el que mejor patea. El número diez en el colegio es el mejor, el mejor alumno. El diez en limpieza es el más pulcro, el que más blanca tiene la ropa.

Siempre el diez. Siempre el mejor.

¿Por qué ese número es sinónimo de perfección? ¿Quién determinó esa escala?  ¿Por qué, por ejemplo el mejor no puede ser el número… cincuenta… ó el cien?
¿Quiénes están capacitados para decidir si alguien es diez o no? ¿Por qué hay que estar dentro de una escala siempre?

El número uno del mundo no es el diez, es el uno, el número uno en tenis, no es el diez, tampoco lo es el número uno en millones, ni el número uno en asesinatos.
¿Cuándo vamos a dejar de darle valores a la gente? Si sos bueno, sos un amigo “diez puntos”. Si sos atento, te dicen “me atendió diez puntos”, si sos el primero en llegar a destino en una carrera, sos el “uno”.

Siempre odié los números. Será porque me fastidia que me califiquen con una cifra. Tal vez, sería preferible que me califiquen con adjetivos. Suenan más amistosos, más sinceros, más delicados.
Para mi no es igual que me digan ¡sos diez puntos en…” que si escucho,” la verdad tu obra es fantástica”. ¿O no?

Lamentablemente los números no solo nos están arruinando como personas sino que nos acompañan cada vez más en las descripciones personales. Indices de precios, valor del dólar, mercados mundiales, cantidad de accidentes anuales, víctimas de asesinatos, robos, sumas de dinero invertidas en….

Ojalá pudiéramos obviar los números en muchas situaciones. ¿No sería mejor , como dijo El principito, que …”Y para qué te sirve poseer las estrellas ?

- Me sirve para ser rico.
- Y para qué te sirve ser rico ?


- Para comprar más estrellas, si alguien encuentra.”

Podrás poseer miles de estrellas, millones, pero es mejor tener una y poder contemplarla, disfrutarla, ver su brillo, su luz.

Cuando conozcas a alguien, no le preguntes la edad, el teléfono, qué talle tiene… preguntale su nombre, qué le gusta, qué lee. Les aseguro que se sentirá mucho mejor . Esa persona sabrá que realmente estás interesado en ella. Lo demás lo irás sabiendo con el tiempo, si es que siguen contactados. Sonreile, el valor de una sonrisa es impagable, aunque piensen que estás loco.
Los números son fríos. Sirven, no digo que no, pero…no me llevo bien con ellos.

Son el poder de las empresas, de los países, pero no de las personas. Tal vez deberíamos hacer lo que aconseja Dale Carnegie: “Hablo de una verdadera sonrisa, que alegre el corazón, que venga de adentro, que valga buen precio en el mercado. Tiene usted que disfrutar cuando se encuentra con la gente, si espera que los demás lo pasen bien cuando se encuentran con usted. Si está solo, silbe o tararee o cante. Proceda como si fuera feliz y eso contribuirá a hacerlo feliz. Todo el mundo busca la felicidad, y hay un medio seguro para encontrarla.”

Utilicemos los números para lo que fueron hechos. Utilicemos las palabras para decir, para expresar, para sembrar. La palabra tiene el poder de transformar vidas.

Seremos “diez” , o seremos “uno”. Yo prefiero ser “yo”.

©Silvia Vázquez
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