viernes, 7 de octubre de 2022

Escritora invitada: Susana Grimberg

 Tatuajes. Rechazo a la desnudez


                     

“El tatuaje tiene un significado profundo: la superficialidad de la existencia del hombre moderno”. Anthony Daniels (actor británico conocido por su actuación en Star Wars).

 

No voy a referirme a las tomas de escuelas, avaladas por padres frustrados, que querrían volver a los años 70, sin tener en cuenta, el horror vivido en aquellos tiempos regados con sangre.

Tampoco sobre si quieren saber qué hizo la vice-presidente en aquellos años nefastos. O, ¿qué tiene que ver que una niña no pueda pasar el trapo de piso para limpiar su casa o la escuela porque, según su madre, tiene las uñas esculpidas?

¿Alguien sabe algo de la noche de los lápices? Sólo algunos. Los que vieron la película del director Héctor Olivera.

La pasión por la ignorancia afecta a muchos de estos padres y a sus hijos.

Escribir en el cuerpo

Hoy, a raíz de la enorme cantidad de gente que se tatúa, decidí acercarme al tema intentando evitar cualquier pre-concepto. De todas maneras, en mi opinión, el tatuaje pone en manifiesto, la dificultad para simbolizar.

Aunque la palabra tatuaje posiblemente provenga del samoano «tátau», que significa marcar o golpear dos veces, se incorpora al español a través del francés: tatouage.

Los tatuajes (siempre son varios) fueron traídos por los marineros que viajaban por el océano Pacífico quienes, al encontrar a los samoanos, quedaron fascinados por sus tatuajes y que, por error, tradujeron la palabra «tatau» como tatuaje.
En japonés, la palabra usada para los diseños tradicionales es “irezumi”, inserción de tinta, que también se usa para diseños de origen no japonés.
En español, los entusiastas se refieren a los tatuajes como “tattoos”, o usan el término castellanizado “tatu” (Diccionario de la RAE).

Muchos suponen que los tatuajes son un hecho reciente cuando, en realidad, empezó hace miles de años y en culturas bastante distintas.

El origen de la palabra “tatuaje” es desconocido, aunque se supone deriva de la palabra “Ta” del Polinesio "golpear". También alude al proceso de crear un tatuaje por medio del golpeteo de un hueso contra otro sobre la piel con el consiguiente sonido "tau-tau".

La palabra latina para tatuaje es estigma, "marca hecha con un instrumento afilado", "marca para reconocimiento hecha en la piel de un esclavo o criminal" y "marca de culpabilidad". Los tatuajes más antiguos fueron las momias tatuadas. En 1991 se encontró en un glaciar, a un cazador de la era neolítica que tenía la espalda y rodilla tatuadas.


Antes de que hubiera sido fuera descubierta la momia del cazador, la persona tatuada más antigua fue la sacerdotisa egipcia Amunet, adoradora de Hathor, diosa del amor y la fertilidad, que había vivido en Tebas alrededor del 2000 antes de la era actual y sus tatuajes eran del estilo de los del cazador: lineales y simples, con diseños de puntos y rayas.
En realidad. el tatuaje fue reintroducido en la sociedad occidental por los expedicionarios ingleses dirigidos por el Capitán Cook en su viaje por Tahiti en 1771. Esto explica la asociación entre los tatuajes y los marineros.

La asociación entre tatuajes y delincuencia provino también de Gran Bretaña. Los marineros, que a menudo se embarcaban durante largos períodos de tiempo para evitar a la justicia, fueron fomentando esta costumbre.


No podía ignorar el tatuaje japonés porque el tatuaje era parte de su cultura en el 1.100 a de la era actual y, a medida que pasaba el tiempo, a los delincuentes se les castigaba más a menudo marcándolos con un círculo tatuado en sus brazos.
También había zonas donde se empleaban los tatuajes para determinar las clases sociales denominadas como los “no humanos”: ex convictos, vagabundos, y miembros de la casta más baja como los aldeanos, dedicados a profesiones como enterradores, verdugos, que encuentran su identidad en su exclusión social.

Es interesante saber que los artistas xilógráficos empezaron a tatuar con herramientas que eran utilizadas para imprimir en planchas de madera, como cinceles, gubias y, el maestro tatuador, llegó a ser ensalzado entre los miembros del gremio.
Ellos usaban una técnica basada en lo llamado “tatuaje hecho a mano”, que consistía en perforar suavemente la piel con unas agujas en varas de bambú, dándole la fuerza necesaria con las manos.

Cuando el tatuaje comenzó a consolidarse entre las clases sociales criminales del turbio mundo de Japón, aumentó el personal cualificado para ello, haciéndose así profesionales. Los motivos utilizados eran diseños complejos como tigres, flores, dragones…etc. Fue llamativo que, cuando el gobierno japonés prohibió el tatuaje, sólo sirvió para afianzarlo como un signo de lealtad entre el gremio delincuente. Es de considerar que el rey Jorge de Inglaterra, se llegó a tatuar un dragón en un brazo, durante su visita a Japón cuando era príncipe.


Los tatuajes en los campos de exterminio

Durante el Holocausto, a todos los prisioneros de los campos de concentración se los tatuaba en el mismo complejo: en el campo de concentración de Auschwitz, formado por Auschwitz I (campo principal), Auschwitz II (Auschwitz-Birkenau) y Auschwitz III (Monowitz y los subcampos). A los prisioneros que llegaban se les asignaba un número de serie del campo. Se daba un número de serie a los prisioneros seleccionados para trabajar; a los que eran enviados directamente a las cámaras de gas, no se los registraba ni se los tatuaba.
Al principio, a los prisioneros que estaban en el hospital o que iban a ser ejecutados, las autoridades de las SS les marcaban el número de serie del campo con tinta indeleble en la parte del uniforme que cubría el pecho. Cuando los prisioneros eran ejecutados o morían de alguna otra manera, se les quitaba la ropa con el número de serie. Dada la tasa de mortalidad en el campo, era imposible identificar los cuerpos después de que se les quitaba la ropa. A fin de identificar los cadáveres de los prisioneros registrados, las autoridades de las SS iniciaron la práctica del tatuaje.

Al principio, se usaba un sello especial de metal que tenía números intercambiables compuestos de agujas de aproximadamente un centímetro de largo. De este modo era posible marcar el número de serie completo de una sola vez en la parte superior izquierda del pecho del prisionero. Luego se frotaba tinta en la herida sangrante.
Como el método del sello de metal resultó ser poco práctico, se comenzó a usar un dispositivo de una sola aguja, que perforaba en la piel el contorno de los dígitos del número de serie. El lugar del tatuaje se cambió al lado externo del antebrazo izquierdo. Sin embargo, en 1943 los prisioneros de varios transportes tenían el número tatuado en el lado interno superior del antebrazo izquierdo. Generalmente, el número se tatuaba cuando se lo asignaba, en el momento del registro. A los prisioneros enviados directamente a las cámaras de gas nunca se les asignaba ni tatuaba un número.

El sistema de tatuaje comenzó en Auschwitz en el otoño de 1941. Como miles morían rápidamente, las autoridades de las SS comenzaron a tatuarlos con el fin de identificarlos. En Auschwitz II (Birkenau), el personal de las SS inició la práctica del tatuaje en marzo de 1942 para poder identificar los numerosos prisioneros que llegaban, se enfermaban y morían rápidamente. En ese momento, la mayoría de los prisioneros registrados en el complejo de Auschwitz eran judíos.

En la primavera de 1943, las autoridades de las SS de todo el complejo de Auschwitz adoptaron la práctica de tatuar a casi todos los prisioneros anteriormente registrados y recién llegados, incluidas las mujeres. Los números de esta serie se asignaron a aproximadamente 12.000 prisioneros de guerra soviéticos. En marzo de 1942, se introdujo una tercera serie de números para las mujeres prisioneras. Desde ese momento y hasta mayo de 1944, se identificaron aproximadamente 90.000 prisioneras con una serie de números creada para ellas. Cada nueva serie de números introducida en Auschwitz comenzaba con “1”. A algunas prisioneras judías (no a todas), se les tatuaba un triángulo debajo del número de serie.
Unos 15.000 hombres recibieron tatuajes con la serie “B”. Por algún motivo desconocido, la serie “A” para las mujeres siguió hasta 30.000.

A partir de febrero de 1943, las autoridades de las SS emitieron dos series de números diferentes para los prisioneros romaníes (gitanos) registrados en Auschwitz: una para los hombres y otra para las mujeres. En agosto de 1944, se asignaron 10.094 números de la primera serie y 10.888 de la segunda. Además del número de serie, a los prisioneros gitanos se les daba la letra “Z” (“Zigeuner” es “gitano” en alemán).

Las autoridades del campo asignaron más de 400.000 números de serie de prisioneros (sin contar aproximadamente 3.000 números dados a prisioneros policiales recluidos en Auschwitz debido al hacinamiento en las prisiones, a quienes no se incluyó en el conteo diario de prisioneros).
La sociedad del espectáculo

Es aquella que rechaza toda cultura, palabra que proviene de culto, tomada del latín “cultivar, cuidar, practicar, honrar”.

Mientras que la imagen, por su poder cautivante, produce una cierta parálisis como la que sufre un hipnotizado, simultáneamente, le permite al espectador intervenir espiando con la ventaja de que la televisión es eterna, continua, siempre está. Quiero recordarles que años atrás los niños podían ver los dibujitos animados en las horas apropiadas para hacerlo. Hoy es más difícil (aunque no imposible), poner límites, dado que los dibujitos son “eternos”. Los tatuajes, también. Como la imagen tiene el poder de fascinar, el cuerpo tatuado atrapa la mirada. Cautivos de la imagen, no pueden apartarse de lo que ofrece.

El tatuaje, específicamente, da cuenta de la primacía de lo imaginario en desmedro de lo simbólico. ¿Por qué digo esto? Porque es por la no puesta en juego de la función paterna, que un joven o un adulto, en lugar de poner en palabras lo que siente o lo que le sucede, de poder simbolizar, de tener un rasgo que lo caracterice y diferencie de otros, intenta hacerlo por la vía del cuerpo mortificándolo, traza ese rasgo en la propia piel en lugar de que una obra de su creación o de su invención, lo distinga.

La piel, asiento básico de caricias, también puede serlo de maltratos y diversas torturas. Sádicamente ejercidas por otro, pueden ser pedidas desde algún goce masoquista
Es importante considerar que el tatuaje, también el piercing, desde el valor imaginario, aparecen, para algunas personas, como un elemento importante en la vida erótica, como una forma distinta de atraer, de seducir. Lo interesante es que no se trata del cuerpo desnudo que, de alguna manera, los que se imprimen tatuajes, rechazan. Sostengo esto, porque el tatuaje viste el cuerpo, motivo por el cual va al lugar que ocupa la ropa: lo cubre, lo oculta. En el mundo de las apariencias, lo que parecen ser mangas de una camisa, en verdad, es el mismo cuerpo mortificado, vistoso y rechazado al mismo tiempo.

Insisto: al funcionar el mismo tatuaje como una camisa o un vestido, da cuenta del rechazo por el propio cuerpo e incluso, por la diferencia sexual. La particularidad de esta práctica en la sociedad contemporánea, a diferencia de otras épocas y culturas, es que se presenta cada vez más disociada de todo ritual simbólico.

A mí parecer, tanto el tatuaje como el piercing, revelan, la extraña relación que el sujeto tiene, en nuestro tiempo, con su cuerpo: tiene un cuerpo, pero no lo es y recurre a estos artificios, para poder hacerse de un cuerpo.

Pese a que en los grupos de adolescentes parece favorecer la identificación entre sí, a través de una piel ilustrada, además de sentirse unidos por la dimensión del dolor, el tatuaje obstaculiza una diferencia real, liga a los tatuados por haber agredido el propio cuerpo.
Cabe aclarar, que el goce del dolor está presente tanto en aquel que se hace tatuar como en el tatuador.

En su función de mascarada, el maquillaje, ha estado presente a lo largo de la historia. Pero el tatuaje se distingue de la mascarada por constituir una marca inalterable.
La práctica del tatuaje resurgió con el movimiento hippie, durante los años 60 y 70, motivo por el cual, los hippies lo adoptaron elevándolo a la categoría de arte. Fue ese el motivo por el cual el tatuaje sale de los puertos y se popularizó en otros medios.

Quiero concluir con esta afirmación de Charles Darwin:

"No se puede nombrar ni un solo gran país, desde las regiones polares del norte hasta Nueva Zelanda en el sur, en el que los aborígenes no se hicieran tatuajes".

Con esta frase del Levítico 19:28.
“No haréis incisiones en vuestra carne por los muertos; ni os haréis tatuaje”. (De la segunda parte de este versículo deriva la prohibición general a este acto.

Y, con este pensamiento del explorador y cartógrafo británico James Cook (1779):
"La universalidad de los tatuajes es un curioso tema para especular".

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora, ensayista y columnista.

(imagenes tomadas de google)


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