viernes, 22 de mayo de 2020

Publicación en Miami

Tengo el agrado de contarles que han publicado un trabajo de mi autoría en una Antología en Miami.



                  



"Miami mi rincón querido, es un libro singular que busca unir y abrir espacios. La presente muestra agolpa pulsaciones auténticas, que pretenden con un diálogo abierto y sugeridor, reconocer la libertad del hecho creativo en cualquier circunstancia. Ha sido fraguado como un intento imposible que busca la única seguridad del lugar donde tienes que estar ahora, certeza que engendra lo que nos rebasa. Por consiguiente, esta selección, llena de ligerezas, no erudita o profesional, aspira aislarse de la ubicuidad y la potencia de otros intentos en las inflexiones de la helénica luz del arte para cantarle a una ciudad enhiesta, sobre cuyo lomo crecen palmeras y viejos árboles, un sol que succiona la sangre de los vivos y el recuerdo de los que intentaron llegar hasta sus costas. Como acto de justeza: al ser un libro escalón a las cosas queridas y a los actos saludables que preceden a su justificación, bajo la piel de Miami mi rincón querido, yace un gran hombre, fragua de otra raíz de unión meritoria que inspiró a toda una generación de hombres para el acto más sublime de liberar a la patria ¡Como no se ha intentado nunca más en la historia de Cuba! José Martí y su expresión simbólica y cromática ha sido el molde para el estudio y fondo de las formulaciones de este libro. Es por ello su inclusión en varias de las imágenes que acompañan los textos, sin que conste la vinculación del más grande de todos los cubanos a la ciudad en sí, pero si su simbología en el aura estético-poética propia que irisó la selección y diseño de cada uno de los textos y obras visuales del libro. No es una simple coincidencia que ese momento en el que decidimos colocar la hhafar en el torno y girando se fueron organizando los estratos de la antología, como una Torre de Babel — igual al óleo que sirve de portada al libro, obra de Félix González Sánchez y no por hecho casual, un balsero cubano — ese minuto del calendario cósmico, coincide con el 167 aniversario del natalicio de José Martí, Apóstol de la libertad de Cuba. Me justifico de esa acción parafraseando uno de los poemas de Félix Luis Viera, incluido en esta suigéneris antología:“Pero quizás la patria sea el romerillo, la albahaca que sembraba mi abuelael cocimiento de corteza de naranja que ella preparaba,y también será mi amigo” ... José Martí, agrego yo.Pues la lección que he aprendido de la helénica luz es que la certeza que engendran ciertos hombres —hombres como nuestro “amigo” José Martí — es que se puede alcanzar el icárico vuelo hacia la libertad, con la honra y la sustancia de la virtud en una ciudad como esta… 

Esta Ciudad del sol, que es mi rincón querido.

Eduardo René Casanova Ealo
Editorial Primigenios-USA



















El retorno

Miré por la ventana. La nieve ya estaba desapareciendo de los campos polacos. La primavera estaba a pleno. Hacía apenas un año había nacido mi hermana Anna, en la misma casa que cinco años atrás habíamos estrenado mis padres y yo. El viento soplaba fuerte pero la tarde se sentía apacible. En la radio se escuchaban las últimas noticias. Hitler se había suicidado por la mañana. Sentí un alivio. Ya no se escucharían los estruendos de las bombas a toda hora. Ya no se verían pasar filas de soldados nazis por las calles de Blazowa, destruyendo todo a su paso. Aún así, mi pueblo no sería el mismo. 

Nuestro padre tomó la decisión de partir. Las valijas estaban preparadas al lado de la puerta del frente. El tren salía esa misma noche hacia Southampton, donde un barco cargado de gente con los mismos sufrimientos a cuestas nos esperaba. Buenos Aires estaba oscuro. No había nadie conocido esperando en el puerto. Los paisanos habían quedado allá lejos, esperando detrás de las rejas de sus casas unfuturo mejor. Papá no quería esperar. Cuando bajamos del barco, controlaron nuestros documentos y nos permitieron salir. 

Un amigo del tío Marek había preparado todo con mucho cuidado para que no tuviésemos inconvenientes. Así fue, cada uno de nosotros tenía una valija de cartón en la mano, menos 151 Anna que era muy pequeña. Caminamos hacia una oficina donde nos esperaba un médico, que estampó un sello en los papeles, y pasamos a una sala enorme donde controlaron toda nuestra vida metida en las valijas. Esa noche dormimos en el Hotel de Inmigrantes. Era enorme y cómodo. No escuchaba ruidos ensordecedores. Me despertaba para recordar que ya no estaba en casa y me volvía a dormir esperanzado. Todavía recuerdo esas imágenes cuando despierto en casa por las mañanas. La nieve y el miedo quedaron allí, enBlazowa. Afortunadamente la ciudad nos trató bien. Papá consiguió trabajo pronto y nos fuimos a vivir cerca del centro. Cada vez que podíamos, paseábamos por el puerto para ver los barcos cargados de gente y revivíamos aquella tarde, cuando pisamos este suelo por primera vez. Años más tarde nos mudamos a Miami. Habíamos aprendido el idioma, pero aun nos costaba integrarnos. La timidez era parte de nuestra vida. Trabajé como carpintero. Era de los buenos. El abuelo y papá me habían enseñado los primeros pasos cuando aún era un niño. Pasaron muchos años y aún siento en la piel ese frío de las mañanas heladas, el dolor en la planta de los pies, al caminar descalzo. El olor a leña, las hojas de los árboles moviéndose al compás del viento. A pesar de eso soñabacon volver a mi pueblo. Ahora camino despacito sobre los adoquines húmedos de las calles de Blazowa. Ya no están las mismas ventanas con rejas negras ni las niñas de trenzas rubias asomadas en ellas. Yo tampoco soy el mismo. 

Mis piernas están acompañadas de un bastón de madera dura y fuerte. Mis escasos cabellos blancos se asoman bajo una gorra gris abrigada que mi hija mayor me regaló antes de viajar. —Abrígate abuelo, me dijo Victoria, acordate que en Polonia hace mucho frío. 

Me tomó de la mano y caminamos unas cuadras hasta el centro. Allí sobre un banco de piedra, apoyé mi bastón, dejé a un lado la gorra gris y miré hacia el cielo. Estaba oscuro. Algunas estrellas se estaban asomando. Doblando la esquina estaba yo, jugando con los cordones de mis botas marrones, esperando que papá vuelva a casa con algo para comer.

Lejos, se oían las bombas caer sobre los campos sembrados. Me entregué a mis recuerdos, tranquilo, miré a mi nieta, apoyé mi cabeza sobre su hombro y me dormí, esperando que mamá me llamara para compartir entre los cuatro la cena recién servida.


©Silvia Vázquez


Ilustró el relato: José Chiu

JOSÉ CHIU Guanabacoa, Cuba, 1942. Por sus ideas políticas fue internado en la UMAP, (campos de trabajo forzados que crearon en Cuba entre 1965 y 1968). Graduado dela academia de Bellas ArtesSan Alejandro en 1975. El 6 de Enero de 1980 escapó en un bote y estuvo 4 días con sus noches en el mar siendo recatado junto a otros cinco amigos a 30 millas de Key West. Havivido en Chicago, Tampa y Miami donde ha participado en numerosas exposiciones, en galerías y museos. 

©Silvia Vàzquez


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