viernes, 6 de noviembre de 2020

Historias de los Barrios del Fondo de la Legua



 La huella de una fachada


La antigua arquitectura nos muestra y nos enseña cómo se vivía en determinada época. Cuando se comienza a recorrer las calles de una ciudad, uno puede encontrar modernos departamentos que conviven con algunas casas ó edificios antiguos. En su arquitectura se pueden observar detalles que marcan una época pasada, en monumentos, vestigios de casonas antiguas que existieron, ventanales que han quedado detenidos en el tiempo, formando parte de una estampa digna de admirar.

En #VillaBallester, localidad perteneciente al partido de Gral. San Martín, existe una esquina que demuestra que existió parte de ese solemne pasado.
Fueron muchos los inmigrantes que junto a sus familias llegaron un día a vivir en esta zona.
Uno de ellos, el señor Eduardo Falugue, había nacido en el año 1900. Pertenecía a una familia sirio libanesa. Se casó aquí y formó una prolífera familia que continúa su apellido y descendencia hasta el día de hoy.
La familia Falugue eran comerciantes. Fueron destacados hombres y mujeres que, conformando además diferentes entidades junto a otras personas, han contribuido, a mejorar el progreso de Villa Ballester a lo largo del tiempo.
Uno de los hijos del señor Eduardo Falugue heredó la propiedad que se encontraba en las intersecciones de las calles Alvear y Libertad.
La casona era un gran lote que fue aprovechado, luego que se demoliera la casa años después y se levantaran varios locales.
Fue así que el hijo del matrimonio Falugue instaló una concesionaria de autos que permaneció allí, en esa esquina, durante cincuenta años.
Lo llamativo de este espacio, es descubrir y conocer el techo de la casona, que luce una pieza de arte dónde se conjuga la arquitectura del pasado en medio de la modernización del presente. Encontramos así, un techo antiguo, cuya construcción nos muestra la impronta que ha dejado la familia como sello. Posee perfecto estado de conservación y es de gran porte. Pintada sus paredes de material de color blanco, muestra en su faceta los años que permanece en el lugar. A pesar del tiempo transcurrido se conserva intacto. Su frente de material, de ladrillo, abarca grandes dimensiones.
El techo es abovedado. La parte superior de su fachada está grabada. Sobre su cara se ve la inmensa imagen de una gran figura tallada y algunos arabescos . Es un símbolo de toda una época, cuando las familias propietarias, les indicaban a los constructores lo que deseaban para la edificación y sobre todo para las fachadas . Se diferenciaban así, estatus sociales y la estela con la historia del apellido de sus propietarios. La edificación que queda de la familia Falugue permanece con sus detalles ornamentales cuidados, a pesar de los años transcurridos.
Llama la atención la presencia de semejante estructura añeja que invita a detener la mirada en ella.
Si nos detenemos a mirar desde la intersección de las calles Alvear y Libertad, y se mira hacia lo alto de la edificación, se observa, sobre el lateral de la calle Libertad, un tinglado de extensos diámetros que abarca todo el terreno. Un tinglado que no indica nada en particular. En cambio, si uno se para en la vereda de enfrente de la calle Alvear, podrá observar esa arista imponente que marca, en su estampa, lo que ha quedado de la añeja una casona: un techo que marca toda una época.
Durante la tarde sobre la fachada incide la luz del sol, que permite admirar, de manera más concreta, los rasgos de esta construcción. Un sencillo y delgado reborde protege las paredes de la fachada, continuando la misma con una larga estructura que forma parte de las paredes del local de adelante. Por momentos pasa inadvertida y no es fácil su acceso para descubrirla y captar así la convivencia entre el pasado y el presente, de manifiesto por los techos modernos que van colocando los nuevos inquilinos, con las marquesinas para mostrar el nombre de su marca sobre los locales.
Hoy ese techo y fachada son protegidos por mandato familiar, y no pueden ser alterados. Luego de que falleciera el Sr. Falugue, hijo, el lugar quedó un tiempo deshabitado. Su viuda y sus dos hijos continuaron conservando el sitio, que luego empezaron a rentar. Y así fueron pasando, a lo largo de décadas, diferentes comercios, pero siempre la familia Falugue siguió siendo la dueña de esos terrenos, hasta el día de hoy inclusive.
En la década de los 90 el terreno fue parte de un video club muy conocido, cuya marca ya no existe. En los años 2000 funcionó allí una confitería y, vecina a ella, compartía el sitio un lavadero de autos. Ambos locales eran independientes uno del otro.
Actualmente hallamos una heladería que abarca la esquina del lugar, teniendo los dos laterales de estas calles como entradas. Junto a este local, nuevamente, hay otro lavadero de autos, en el mismo terreno.
Lamentablemente por ausencia de algunos de sus antiguos dueños, los descendientes no tienen datos muy precisos y hay detalles que se les escapan a su memoria.
Los tiempos van cambiando. Se va transformando los espacios con la modernización que llega, muchas veces sin pedir permiso. Las costumbres mutan. Pero quedan en estos símbolos de lo que era la arquitectura antigua, las huellas de la historia de la ciudad, sobreviviendo entre las nuevas edificaciones. Queda plasmado y presente, de diferentes modos y formas, la existencia de una época en la que los propietarios, en general comerciantes de buena posición económica, podían hacer construir, a usanza de la época, casas con entradas y fachadas ornamentadas y fastuosas.
Si uno se detiene a observar encontrará entre las muchas edificaciones de Villa Ballester, muchos otros testimonios de una época preciosa que existió, y que vale la pena conservar y sobre todo respetar.
Mirta Serrano
Bibliografía:
- Angió, José (1999) “Villa Ballester historias y costumbres” San Andrés, Gráfica Laser.
-Revista “M y M”, año 2006: " Segundo libro De fotos antiguas de Villa Ballester. Mi Ballester."
-Entrevista. Y agradecimiento a Analía Falugue y a Fernanda Abdala.
Fotografías: de la autora.
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