viernes, 17 de diciembre de 2021

Ley de minería en Argentina

 





 ¿Cuál es la ley minera en Argentina?

Ley Nacional No 24498, Actualización del Código de Minería. Rige los derechos, obligaciones y procedimientos referentes a la adquisición, explotación y aprovechamiento de las sustancias minerales (julio de 1995). (noviembre de 1995).

La megaminería se dio por primera vez en EEUU en el año 1979, mientras que a nuestro país llegaron recién a fines de los noventa con las exploraciones de Bajo La Alumbrera, en Catamarca y Cerro Vanguardia, en Santa Cruz.

No solamente en estas provincias se sufre este desastre sino también en el norte con la explotación de litio en los Andes.

Se ven desde la ruta, camino al norte de Jujuy, los enormes camiones trabajando sobre las laderas de las preciosas montañas de colores, destruyendo a su paso tanta belleza. Recorriendo una de las pocas tierras coyas pude observar que ellos son uno de los pocos pueblos que protegen la Pachamama y los territorios originarios.

La actualidad de la minería metalífera en Argentina está caracterizada por operaciones y proyectos en los que los principales productos son oro, plata, cobre, plomo y zinc. ... Se están construyendo 3 minas de oro, de distinta escala que se sumarían a la producción en corto plazo.

Aunque se trata de un elemento relativamente abundante, en los últimos años el litio se ha convertido en uno de los recursos que más interés despierta en el mundo, tanto entre las empresas vinculadas con las industrias extractivas o la química –que ven allí una oportunidad atractiva de negocios–, como entre los países que poseen reservas y que aspiran a atraer inversiones y generar eslabonamientos productivos.

Por su parte, quienes utilizan el metal como insumo para sus procesos productivos necesitan garantizarse una provisión a la altura del crecimiento de sus actividades, de ahí que en muchos casos se asocien con empresas especializadas en las fases de extracción y procesamiento inicial.

Está claro que la demanda ha generado las condiciones para el actual ciclo ascendente del metal. Si bien el litio se utiliza desde hace décadas en distintas actividades industriales – como la fabricación de cerámicas, vidrios, caucho sintético y lubricantes; en la industria del aluminio o la elaboración de medicamentos–, su crecimiento explosivo se debe a que se convirtió en un insumo crucial para la fabricación de las baterías de “ion-litio”.

Si bien durante los años noventa eran los fabricantes de electrónica de consumo (como celulares y computadoras) los grandes usuarios de este elemento químico, en los últimos tiempos el crecimiento de su demanda proviene de los fabricantes de baterías para vehículos eléctricos (automóviles, autobuses, motos y bicicletas) y, más incipientemente, para el almacenamiento de energías renovables. Según los analistas, estos nuevos usos apuntalarán el crecimiento sostenido de la demanda en los próximos años.

Un recurso estratégico

En el norte del territorio argentino se asienta una de las mayores reservas de litíferas del planeta, lo que ubica a nuestro país en el cuarto lugar entre los principales productores de litio a escala global. Conforma, junto a Chile y Bolivia el denominado Triángulo del Litio, en cuya geografía sobresalen el Salar de Hombre Muerto de nuestro país, el de Atacama, en Chile y el de Uyuni, en Bolivia.

Como si se tratara de un territorio especialmente bendecido por la naturaleza, los salares de estos tres países concentran el 85% de las reservas de litio de fácil extracción del planeta. Sus cuencas salinas son también fuentes de potasio, boro, magnesio, además de sulfatos, carbonatos y cloruros de sodio, entre otras sales de interés económico.Con más de 870.000 hectáreas disponibles para explotación -según datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS)-, las reservas nacionales de litio se concentran en tres provincias: Catamarca (Salar de Hombre Muerto, Salar de Antofalla), Salta (Salar del Rincón) y Jujuy (Salar de Olaroz, Salar de Cauchari). Se estima que allí se esconde entre el 10 y 12 por ciento del total de las reservas del mundo. Un verdadero tesoro de oro blanco sumergido en las entrañas de la Puna Argentina, que puede transformarse en una millonaria fuente de ingresos.“El litio es un mineral que se encuentra en toda la tierra, es uno los metales menos escasos; de hecho, hay más litio que cobre encerrado en nuestra corteza terrestre”, afirma Guillermo Garaventta desde su laboratorio de la Facultad de Ingeniería. “La ventaja es que en nuestro país existe una enorme cantidad litio en los salares, lo que permite su fácil extracción. Eso explica que los ojos del mundo estén puestos en nuestras reservas”.

La Doctora Martina Gamba, investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas y coautora del libro “Litio en Sudamerica”, explica que “actualmente en Argentina hay dos proyectos extractivos, que se desarrollan en las provincias de Jujuy (Salar de Olaroz) y Catamarca (Hombre Muerto), y son explotados por Sales de Jujuy S.A, y FMC, respectivamente”.  Entre ambos emprendimientos se extraen alrededor de 40.000 toneladas al año. Jujuy produce unas 17.500 toneladas, y Catamarca llega a las 22.500. Esto representa más del 15% del litio a nivel mundial y ubica al país como el segundo exportador de carbonato de litio proveniente de salmueras.

 

Pero Gamba asegura que “la Argentina puede llegar hasta 130.000 toneladas al año si se avanza en los proyectos que están en desarrollo: Salar del Rincón (Energy), en Salta; Cauchari (Minera Exar), en Jujuy; Olaroz (Orocobre), en Jujuy. Además, hay unos siete proyectos que están en etapa de prefactibilidad: Pozuelos (Salta); Salar de Ratones (Salta), Mariana 1, 2 y 3 (Salta), Centenario (Salta) y Gallego Project (Salta), Antofalla (Catamarca), Sal de Vida (Catamarca) y Tres Quebradas (Catamarca)”.

 

Entre cálculos y proyectos, el futuro del oro blanco en nuestro país parece no encontrar su techo. Según estimaciones de distintos especialistas, se calcula que para el año 2022, la capacidad extractiva a nivel local podría alcanzar casi las 200 mil toneladas anuales, lo que equivale a quintuplicar la producción actual. La demanda es impulsada no sólo por el fuerte incremento en la fabricación de baterías de la mano de las grandes automotrices, sino por su utilidad en la industria cerámica, del vidrio, en la elaboración de grasas y aceites resistentes al calor, polímeros, elaboración de medicamentos, en aleaciones livianas junto aluminio y cobre -especialmente para la industria aeronáutica-. Además, es valorado como combustible nuclear en reactores de fusión nuclear (fusión de núcleos livianos), tecnología que aún está en desarrollo.

 

Se trata de datos alentadores, especialmente a la luz de la evolución del valor del litio en los mercados internacionales. Hace 15 años el precio por tonelada rondaba los US$ 1.500. Entre 2018 y 2019, el rango de precios osciló entre los US$ 10.000 y US$ 15.000 por tonelada.

Sin embargo, no todas son buenas noticias. Y así lo explica Gamba:

Bajo la legislación vigente, la exploración, extracción y comercialización está casi absolutamente en manos de privados transnacionales –con alguna mínima injerencia de alguna de las provincias como en el caso de Jujuy- sin tener el Estado Nacional ningún tipo de política o participación en la cadena de valor de algún derivado del litio.

“En Argentina no hay un marco legal que regule la extracción del litio”, coincide Garaventta. “En la actualidad se trata de un acuerdo entre privados donde las empresas internacionales extraen el litio y se lo llevan. Los salares en general son propiedad de particulares. El litio se extrae sin ninguna rentabilidad para el Estado; la única ganancia deriva de los impuestos que pagan las compañías por desarrollar sus actividades en nuestro país”.

En la misma línea, Isidoro Schalamuk, director del Instituto de Recursos Minerales (INREMI- UNLP- CIC) detalla que “el litio pertenece a la primera categoría en el Código de Minería, Ley 1919. Esto significa que los exploradores y explotadores de un salar pueden solicitar los derechos a explorar y explotar los recursos, pero no son dueños de los terrenos; tienen el derecho de explotar pagando una regalía o canon a la provincia en que se encuentra el depósito y una tasa a los dueños de los terrenos. Normalmente se acuerda con las poblaciones originarias”.

El Dr Arnaldo Visintin, investigador del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA), suma un nuevo componente al debate: “América latina es un proveedor de la materia prima, pero es preciso que modifiquemos esa ecuación.

Hoy tenemos una enorme posibilidad de vender el litio no sólo como materia prima, sino convertido en tecnología desarrollada en nuestro país”.Visintin hace cálculos y asegura que “el carbonato de litio va a mantenerse en los rangos actuales de precio por 20 o 30 años. Pero esto no es nada comparado a las enormes ventajas que supone transformarnos en productores de baterías.

Una batería de 60 kwt que necesita un auto cuesta entre 20 y 30 mil dólares –ejemplifica--. No sólo se trata de darle valor agregado al litio; es una oportunidad para generar trabajo a través del desarrollo de alta tecnología con sello nacional”.

Pero lo cierto, hasta el momento, es que el negocio del litio en Argentina se limita hoy a la exportación de dos productos primarios: el carbonato de litio (equivale al 93% de las exportaciones) y el cloruro de litio.

Más allá del proceso de obtención del carbonato de litio de la salmuera, no existe ningún producto industrializado luego de este proceso primario.

Y es aquí donde los especialistas coinciden en la necesidad de avanzar hacia modelos similares a los implementados Chile y Bolivia, los otros dos vértices del triángulo de litio. En ambos países, el mineral es considerado un recurso estratégico, y el Estado –con diferentes esquemas- participa de las ganancias, promueve empresas nacionales y hasta desarrolla sus propios productos industrializados.


En términos de aprovechamiento del recurso natural, la Argentina aún tiene un largo camino por recorrer. Y en este escenario, la Universidad Pública, como generadora de conocimiento, puede desempeñar un rol preponderante.

¿Qué pasa con el agua?

El agua en la minería tiene múltiples usos especialmente durante el proceso de separación de minerales. Se usa para la refrigeración, limpieza y lubricación de las perforaciones y herramientas de corte -por ejemplo, brocas, trépanos y coronas diamantadas-. La minería de superfi­cie requiere agua para evitar el polvo en los caminos de las canteras, sobre todo cuando hay intenso tráfi­co de maquinarias perforadoras, de carga y de transporte. La minería subterránea la necesita para enfriar ambientes y máquinas, limpiar herramientas de polvo de roca y evitar el exceso de polvo regando el suelo para proteger a los operarios y maquinarias. Cuando los trabajos subterráneos generan afloramientos de aguas naturales, hay que prever su captación, canalización y bombeo para evitar inundaciones. También se usa para el transporte de minerales, de colas, de procesos para la restauración de terrenos y revegetación de áreas, entre otros.

El agua cumple un rol fundamental en el proceso hidrometalúrgico -la extracción, separación y recuperación de metales usando soluciones líquidas, acuosas u orgánicas-, que puede realizarse con tres métodos diferentes: lixiviación, flotación y separación gravitacional. En el caso particular de la lixiviación, el agua junto a reactivos solubles, disuelven los metales de interés, en forma selectiva, extrayéndolos de las rocas.

En el caso de la flotación, la separación de minerales se realiza con reactivos que permiten generar un producto que es colectado, concentrado y luego fi­ltrado donde el agua es el medio de solución y transporte.

 

(fuentes:el  litio en Argentina, Ministerio de Educación de la Nación- https://investiga.unlp.edu.ar/especiales/litio-17104-)

 

¿Contaminan las mineras?

La minería es una de las actividades humanas más degradantes para la Tierra porque elimina ecosistemas contamina los ecosistemas terrestres adyacentes con las emisiones gaseosas y dispersión de material particulado, como también los acuáticos ubicados aguas abajo de las cuencas de los ríos y las aguas marinas. Esa actividad deteriora el ciclo del agua, especialmente por el movimiento de agua que se lleva a cabo en la corteza terrestre continental, ya que se alteran los flujos de agua en sentido, dirección, cantidad y calidad del escurrimiento superficial en la vegetación y en suelo, almacenamiento biótico temporal, los escurrimientos subsuperficial y subterráneo.

(Por José Luis Rodríguez, extractado de Aporrea)

Nosotros no estamos a favor de la delincuencia, ni de la agresión, ni de la manada de gente incendiando establecimientos gubernamentales, pero creemos que la única forma que ese pueblo sea escuchado es mostrándose. Ellos en Chubut, esta semana, encontraron esta manera, no es la correcta, pero tampoco es correcto que las autoridades hagan oídos sordos a las peticiones e los más perjudicados, que son los habitantes, y en un futuro no muy lejano sus descendientes.

Por favor escúchenlos y vean alguna manera de solucionar estas aberraciones.

©Silvia Vázquez

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